
Por Marcelo Torrez Si se piensa en positivo, hay que concluir que para llegar adonde sólo Pérez sabe, no debería cometer errores.
Marcelo Torrez
Son días de aprendizaje con estrella, con buena vibra para el novel gobierno de Francisco Paco Pérez. El flamante gobernador va construyendo a paso rápido lo que se
imaginó como metas para su gestión.
De la experiencia de Celso Jaque ha tomado nota de algunas cosas inestimables, como por ejemplo que no puede perder tiempo.
Cuatro años se pasan rápidamente y no alcanzan para desarrollar cuestiones ambiciosas. Y estamos ante un gobernador ambicioso, con sueños para nada intrascendentes.
Un gobernador que, en clave política, alcanzó el cielo en Mendoza y que usará la Gobernación como el trampolín para desarrollarse en la arena nacional.
Cuánto de todo lo que haga Pérez para conseguir ese objetivo personal puede afectar a los mendocinos y el interés general. Si se piensa en positivo, pues, hay que concluir que para llegar adonde sólo él sabe, no debería cometer errores y si lo piensa hacer desarrollando la provincia, persiguiendo su industrialización, liderando
un proceso de integración regional andino, sumando adhesiones, tiene que dar garantías de que se está ante un gobernador creíble y confiable.
Sólo el cumplimientode alguno de esos objetivos puede limpiarle el camino para trascender. Si hace lo contrario, o si falla, o si abre frentes de confrontación, su ideal se le irá esfumando. Las primeras medidas, los caminos que va eligiendo, las señales que va dando, abonan lo primero.
Todo dependerá de la política y de cómo se alineen las fuerzas que la mueven, que la motorizan, que la incentivan.
A TODOS DIGO QUE SÍ.
Pérez está dando señales conciliadoras para todos lados, lo que no deja de ser, a su vez, un juego peligroso.
Alguien cercano a su entorno dirá sobre ese particular, con sencillez y contundencia, que el jefe de Estado provincial “quiere quedar bien con Dios y con el Diablo”, porque se ve por arriba de los conflictos y con esto en Mendoza se marcan diferencias políticas con la Nación. Cómo es esto. Cristina Fernández ha decidido encarar la etapa de la “sintonía fina”, enfrentando al movimiento obrero de Hugo Moyano; aislando sutilmente al peronismo ortodoxo, al que le marca diferencias constantes; caminando en una alianza estratégica con los empresarios que le acerca el titular de la UIA, Ignacio de Mendiguren, y guareciéndose cada vez más detrás de la guardia de cruzadoscristinistas que la custodia, como los De Vido, los Zannini, los Boudou, los Bossio, los Abal Medina, sus hijos –en especial Máximo– y los camporistas.
En cambio, Pérez, salvando las distancias, las diferencias y las circunstancias, arregla con todos. Tiende puentes con la oposición y firma un acuerdo de palabra con
Alfredo Cornejo para no entorpecerse, ambos, de aquí a los próximos dos años, al menos hasta las elecciones del 2013. También acordó con Juan Carlos Mazzón la resolución del conflicto en Irrigación, a lo que el Chueco le respondió entregándole la cabeza, en mano, de Eduardo Frigerio y de sus colaboradores.
Ha permitido el nombramiento de un hombre que la CGT considera como propio, Ariel Pringles, en la Subsecretaría de Trabajo y se ha metido de lleno a solucionar –con recursos del Estado provincial–, junto con el opositor Cornejo, el problema de los barrios del Oeste de Godoy Cruz y el de los basurales que le han explotado al radical. “Paco está por arriba de todas las diferencias”, machacan a su alrededor. Es su método, por ahora, para sobrevivir, creciendo a la vez.
MALESTAR OCULTO
Por debajo de Paco, de todas maneras, hay ebullición a la que el gobernador deberá atender en algún momento, bajando al barro y, quizás, pagando alguna factura molesta.
Los intendentes Alejandro Abraham y Rubén Miranda están dispuestos a darle forma explícita dentro del peronismo a susociedad. Abraham, especialmente, el más movedizo de los dos, quiere catapultarse fuertemente al plano nacional, como Pérez. Abraham y Miranda quieren reeditar la mítica línea Naranja, que dominó los movimientos del peronismo entre mediados de los 80 y los 90, desde Bordón, pasando por Gabrielli y Lafalla.
La Naranja nucleó a los renovadores justicialistas, dirigentes que hicieron uso de su juventud, formación y capacitación para dominar e influenciar fuertemente los destinos del peronismo. Tanto éxito tuvieron que gobernaron durante tres períodos consecutivos, hasta que Lafalla dejó en manos de un político de extracción azul, como Francisco Chiqui García, la candidatura a gobernador en el 99, que fue derrotado por el radical Roberto Iglesias y el aluvión de votos de la Alianza.
La vuelta de la Naranja ahora contaría con un guiño de Pérez y, desde ese espacio, el gobernador buscaría hacerse fuerte políticamente. No para enfrentar a nadie, pero sí para buscar refugio si lo llegara a necesitar.
En cambio, Abraham usaría el espacio para sopesar la fuerza de los azules y de sus intendentes. El Pelado Abraham y su Banda de los pelados –una fuerza batifondera que acompaña en las canchas los triunfos de los italianos de Guaymallén– se preparan para alcanzar en dos años una banca legislativa nacional para luego dar el salto del 2015 tras la Gobernación.
Abraham ya le aportó a Pérez lo que tenía que aportar, hombres como Guillermo Elizalde, en Desarrollo Social yDerechos Humanos; como Ignacio Nacho Ortigala, en el Senado, y prepara a Luis Lobo, su hombre de confianza, en el Municipio, como su sucesor.
La nueva Naranja, se esperanzan, será el canal por donde discurrirán las ambiciones. Pérez, en tren de aparecer agradecido con todas y todos, el día de la asunción nombró a personas que lo habían ayudado en la gesta de la Gobernación. Entre ellas, mencionó a Mazzón.
Esa referencia no cayó bien en todos. En especial en algunos que dicen que lo ayudaron a que se subiera al avión de Cristina cuando fue a la Asamblea de las ONU, en Nueva York. Son los mismos que hoy mascullan, por lo bajo, que no fueron reconocidos por aquella maniobra de alquimia política que resultó ser la aparición de Luis Rosales como candidato del PD, sabiendo que lo beneficiaba al restarle votos al radical Iglesias.
El mar de fondo en el PJ está algo inquieto, y Paco ya debe tomar nota de estos asuntejos, no tan asuntejos.
EL ARRUGUE DE LOS INTENDENTES
Nuestra Mendoza es una ONG que se desprende de Valos y de otras iniciativas sociales con compromiso empresario, como el Banco de Alimentos.
Estos muchachos hace un par de años que están detrás de un movimiento “no partidario” buscando concientizar a los intendentes del Gran Mendoza de que encaren en
forma conjunta metas a cumplir sobre los indicadores sociales, ambientalistas, económicos y culturales.
La iniciativa surgió en Colombia y se extiende por buena parte del mundo, y ha logrado en San Pablo y otras ciudades de Brasil su desarrollo más impactante.
Capital, del Viti Fayad y Maipú, de Alejandro Bermejo, están a punto de dar a conocer sus metas, discutidas en los concejos y publicadas como un compromiso ciudadano para cumplirlas. El desafío no es menor e incluye muchos riesgos para los intendentes. Godoy Cruz, aseguran, está a punto de firmar sus metas.
El resto de los municipios está muy lejos. Luján está desordenado y urgido por las finanzas; Las Heras, sin información, y Guaymallén, como los dos anteriores, también lejos de abrir un espacio de participación transversal por no contar con capacidad operativa para responder sobre metas concretas.
Uno de estos intendentes contó, cuando lo fueron a ver de esta ONG: “No hay posibilidad por ahora de hacer esto. Miren, luego de las elecciones, un vecino me vino a ver por la falta de calles asfaltadas. Yo le dije: ‘Es cierto, yo dije que asfaltaría todas las calles, pero ¿usted creía que yo iba a ganar? ¿no es cierto que no?, bueno, yo tampoco’”. Huelgan las palabras.