
La discusión del presupuesto en el momento para que todos los sectores políticos se sinceren y asuman la responsabilidad para enfrentar las cuentas en rojo.
El Sol Diario
Es un día de definiciones. El proyecto de ley del presupuesto 2012 será tratado en la Legislatura y, a partir de ese debate, comenzará a definirse el futuro de la Provincia; ya no sólo desde el punto de vista financiero, sino que, además, se establecerán –o no– las bases que serán tomadas como punto de partida por el flamante gobierno de Francisco Pérez. En este punto, tanto oficialismo como oposición deben mostrar un nivel de madurez hasta el momento no visto en Mendoza.
El gasto público para este año propone un endeudamiento de la Provincia por más de dos mil millones de pesos, y aprobar ese cuadro de situación implica asumir una serie de responsabilidades y obligaciones que luego habrá que honrar para no poner en juego el prestigio de la Provincia.
El compromiso político reside en entender que las cuentas no pasan por el mejor momento, y que hay que trabajar en conjunto para salir adelante y convertir ese déficit en la oportunidad de crecimiento y despegue. La austeridad buscada debe manifestarse en pequeños y grandes actos. Será una manera de asumir las culpas compartidas por todos los colores políticos, que provocaron este caos financiero con años de malas administraciones, desmanejos y falta de planificación. Justo en el momento cuando se prevé una reducción en la tasa de crecimiento, los dirigentes mendocinos tienen que mostrar ese valor agregado tan ausente en los últimos años, y que llevó a la Provincia –de un lugar de privilegio en relación con el resto del país– a ser la relegada del Oeste argentino.
El tratamiento de las leyes de presupuesto, Impositiva y Avalúo debe ser la excusa perfecta para entablar un debate de alto vuelto político; hecho desconocido por estas tierras, al menos en los últimos años, donde todo pareció orientado a la búsqueda de beneficios personales, partidarios y con fines electoralistas. Mendoza necesita mostrar y recuperar su poderío y su capacidad política.
Y este parece ser el momento indicado. Quienes formarán parte de esta discusión tienen que ser los que mejor interpreten el espíritu democrático de la representatividad del pueblo. El desafío para ellos es comprender ese concepto y ponerlo en práctica.