17 de May | 06:03 | 13º
OPINIóN

Una luz roja sobre Almafuerte

De aquel proyecto de una cárcel modelo en Mendoza a este centro penitenciario que hay sido foco de serios conflictos durante el último año. Motín, fuga, homicidio. Un combo preocupante.

El Sol Diario

El complejo carcelario Almafuerte fue, desde antes de ser inaugurado, un foco de enfrentamientos políticos; especialmente, entre quienes veían su construcción como única salida para descomprimir la situación de hacinamiento en la vieja cárcel de Boulogne Sur Mer y quienes advertían que Cacheuta no era un lugar apto para montar una prisión de mediana y alta seguridad.

En el medio, hubo discusiones y denuncias cruzadas por supuestas irregularidades y negociados. Desde que comenzó a recibir a sus primeros huéspedes, a fines del 2006, Almafuerte pretendió convertirse en una cárcel modelo. Limpieza, lugar para que los presos tengan algo de esparcimiento y la oportunidad de llevar adelante tareas que apuntaran a la difícil misión constitucional de lograr la reinserción social.

El sistema carcelario de Mendoza es, desde hace más de una década, motivo de advertencias, condenas y recomendaciones por parte de los principales organismos internacionales vinculados con el respeto a los derechos humanos, desde la Corte Interamericana hasta la ONU.

El último episodio grave tuvo que ver con la aparición de videos en los que se veía a guardiacárceles torturando a algunos internos en el penal de Boulogne Sur Mer. Y en el último año, la cárcel de Cacheuta explotó.

Un motín con toma de rehenes, un homicidio, riñas entre reclusos, toma de pabellones y, por último, la fuga de tres internos fueron hechos que volvieron a poner en el centro de la atención el manejo del personal y de la política penitenciaria. Han fallado aspectos clave para una fuerza de seguridad, como es el control interno. De lo contrario, no habría nueve efectivos señalados por la Justicia y a punto de quedar imputados por haber favorecido la evasión de los presos, ya sea por negligentes o –lo que es peor– cómplices de quienes escaparon sin mostrar ningún tipo de sutileza a la hora de planificar la fuga.

El hecho del sábado por la madrugada es un llamado de atención. Una invitación a revisar todo lo hecho hasta el momento para luego analizar dónde estuvo la falla. Lo cierto es que Almafuerte ya no es una cárcel ejemplar. Es una prisión que se contagió de los peores vicios.

Y quienes están alojados allí y quienes tienen la obligación de cuidarlos, lo están demostrando.