17 de May | 06:42 | 13º
OPINIóN

Paco al Gobierno, el humor al poder

Por Marcelo Torrez Pérez dispuso archivar la discusión minera en Mendoza, harto de las sospechas que surgen a su alrededor.

Marcelo Torrez

A dos meses de haber asumido el control de la Provincia, Francisco Paco Pérez evaluó que  por nada del mundo tomaría alguna medida o decisión importante con algún costado antipático o antipopular como para poner en serio riesgo el crédito abierto que todavía mantiene con la gente.

Por eso, llevado por su carácter enérgico y visceral, dispuso archivar sin más la discusión minera en todo el territorio mendocino, harto de las sospechas que surgen a su alrededor y que todavía alimentan las dudas sobre cuál será, en verdad, su real comportamiento con ese costado maldito de la economía.

El lunes, cuando la activista Elena Ríos lo cruzó en la entrada de la Casa de Gobierno con el tema, a sabiendas de su  debilidad por mantener el temple sin salirse de madres, se prometió a sí mismo no volver a pasar por un momento como ese.

Seguramente, y con la rapidez de un rayo, se le debió haber cruzado la imagen desconcertada y pálida de su ex jefe, Celso Jaque, silbado y humillado en aquella noche monstruosa de marzo del 2008, cuando vio venírsele encima el Frank Romero Day al ingresar al Acto Central de la Fiesta por excelencia de todos los mendocinos.

Pérez no quiere ni por asomo someterse siquiera a la posible amenaza de un momento como aquel. Por eso, y sin mediar prolegómenos, ordenó, desde Estados Unidos, cerrarle la puerta a la megaminería, fuente de fastidio y malhumor social impulsado por una formidable y exitosa estrategia llevada adelante por las organizaciones ambientalistas, pues muchas de ellas consiguieron en la calle el objetivo que, sistemáticamente, les ha venido negando la Justicia a cada uno de sus planteos.

Pérez, en realidad, no hizo más que ratificar el compromiso público asumido en plena campaña electoral, cuando decidió esclavizarse para cumplir con el único fin de llegar a la Gobernación, cuando no era nada. Si no lo hacía –o si no lo hace, en verdad, lo que se verá más adelante– corría –y corre– el riesgo de que el fantasma –otra vez– de Jaque se le cruzara en el camino y le recordara el no cumplimiento de su promesa electoral, como aquella famosa de 30 por ciento menos de delitos en seis meses. La gobernación del malargüino le viene  significando a Pérez el más inestimable manual de consejos mientras recorre estos pocos días al frente del Ejecutivo. Y lo tiene muy claro y fresco. Sólo hace lo que no debió haber hecho nunca el ex gobernador.

Tan simple como eso. Comportamiento que, de todas maneras, igual se le torna peligroso y riesgoso, aunque no se admita, porque de tanto gobernar en función del humor social del momento, puede encontrarse un día con un balance tan magro y flaco en realizaciones por el que, de igual manera, le pedirán explicaciones.

Gobernar, dicho por muchos otros gobernantes arrepentidos o no, es tomar decisiones amargas, más de una vez, que sólo con el paso del tiempo son reconocidas y valoradas.

Pero, Pérez, como quienes lo antecedieron, parece no estar dispuesto a eso. Al menos, mientras le sigan cerrando la puerta a la posibilidad de especular con otro mandato para desplegar con cierta expectativa de éxito políticas o medidas que no dan sus frutos ni ningún tipo de resultado positivo en sólo cuatro años.

Sólo en ese contexto habría que entender el por qué de estos impulsos del jefe de Estado, a sabiendas de que si le dicen que no a la aventura reeleccionista con una obligada reforma de la Constitución, deberá enfrentar las demandas calientes y ponzoñosas de un sector de la sociedad ávido de respuestas urgentes y sin la paciencia suficiente como para esperar una buena cosecha a varios años vista.

Con el no definitivo a la minería a gran escala, el gobernador cree sacarse una espina demasiado urticante y manda mensajes de estar ocupado e inquieto por otros asuntos que, cuando se resuelvan –siempre y cuando le salgan bien– le significarán una garantía de gobernabilidad sin sobresaltos por algunos meses.

Allí, en ese menú de urgencias, aparecen las paritarias con los estatales y la política de control sobre las petroleras, en evidente "sintonía fina" con la presidenta Cristina Fernández.

 En el primero de los casos se enfrenta a una negociación dura y virulenta, porque de seguir la línea ordenada por Cristina, Pérez no debería ni tampoco podría ofrecer más de un 20 por ciento de aumentos salariales, en unas paritarias en las que lo único que se discute "a muerte",como siempre, es, precisamente, el porcentaje de incremento que tendrán los ingresos a lo largo del año.

Todos los demás asuntos que aparecen en la discusión son el relleno de una agenda que sólo se cierra cuando aparece el acuerdo sobre el aumento.

Los gremios irán por 25 o 30 por ciento de incremento, y ese es el número que aterra al Gobierno: cómo financiarlo cuando no hay ingresos previstos lo suficientemente holgados como para responder. Y atado con esto va el episodio del miércoles, cuando, en su  reaparición, Cristina lanzó una frase en su discurso contra los empresarios industriales por no cumplir con lo que en su momento se habían comprometido en las mesas de negociaciones salariales, con el Gobierno como garante de esos pactos. "En Trabajo dicen una cosa y en Industria luego dicen que no llegan a esos montos; entonces, para qué te comprometiste con algo que luego no cumplirías", dijo, con razón, la jefa del Estado en tono sarcástico hacia el sector privado. Esa sentencia es la que se les puede venir encima, también, a los propios gobernadores en caso de que arreglen un número demasiado elevado para lo que se tiene en el Tesoro.

Obsesionado con pasar una Vendimia, su primera Vendimia, sin sobresaltos y hasta, quizás, con Cristina en las gradas del anfiteatro, Pérez se moverá como un cirujano, auscultando los posibles focos de conflicto de aquí a marzo que puedan alterar el humor social. Y obrará en consecuencia: no a la minería metalífera, en principio, y una orden clara y directa para que los negociadores de las paritarias estatales eviten la ponzoña que moleste al león.

Luego se verá. La Vendimia te hunde o te santifica. Quizás, esto último no tanto, en verdad  y para ser honesto. Lo mejor que te puede pasar es que el anfiteatro te demuestre indiferencia.