
Muchísimo se ha escrito sobre los privilegios que tienen los magistrados en comparación con otros empleados del Estado. En su caso puntual, deben rendir cuentas al público, que sostiene el sistema vía impuestos. Pero hay muchos que esto no lo entienden y se creen no sabemos qué cosa. El domingo a las 17.16 llamamos al fiscal especial Santiago Garay para pedirle datos sobre una investigación que lleva adelante. De mala manera nos pidió que no lo llamáramos en “horario de siesta”. Bueno, qué agregar al pedido ridículo del magistrado, que es, aunque le pese, empleado del Estado.
El Sol diario