
Cuatro títulos que llegaron recientemente a las librerías.
Alejandro Frias <lecturas@elsoldiario.com.ar>
Burocracia, de Santiago Ambao
El Premio Joven de Narrativa 2009, convocado por la Universidad Complutense de Madrid, fue ganado por Santiago Ambao por su novela Burocracia, título publicado por Gadir para su Pequeña Biblioteca.
Como ya desde su nombre se anticipa, Burocracia plantea una crítica a los sistemas gubernamentales, pero va mucho más allá, recreando un mundo en el que el manejo de la información es la base en la que se sustenta el poder.
En la línea de 1984, de George Orwell, por la presencia permanente del Estado sobre la intimidad, y de Mares del sur, de Noé Jitrik, por esos personajes sórdidos y hastiados de la función pública, Ambao relata los sucesos en los que se ve envuelto Isidro Rawson, un inspector a cargo de la catalogación y el registro de los "portales sonoros" (sistemas que aparecen en cualquier lugar y que reproducen conversaciones que son archivadas por el gobierno, que va en busca de su uso para evitar atentados y combatir enemigos).
La reaparición de Witold, hermano de Isidro, llevará a que este salga del letargo de años de monotonía y su forma de ver la vida y a los demás cambie.
También hay en la novela una suerte de teoría literaria que se va armando a lo largo de los capítulos, en la que se propone, a partir de este archivo de conversaciones que se captan a través de los portales sonoros, crear una nueva forma fragmentaria de contar historias. La vida es una novela escrita en los fragmentos de una comunidad que va construyendo su propia narración, la cual puede ser interpretada de manera distinta por cada lector.
En esa mixtura de policial negro, ensayo social y juego literario, Ambao elabora en Burocracia una sólida narración en la que, a través de los vestigios de Kafka, Vázquez Montalbán y algunos más, propone una metáfora completa: en un mundo invadido por las palabras, la mejor forma de comunicarse es a través del silencio.
Jacques Sternberg y sus 270 upercups de impacto directo
Escribir una novela de 250 páginas es una tarea que cualquiera puede realizar con disciplina, pero escribir 270 cuentos, ya no es tan simple. "No se trata de un asunto de ritmo, sino de inspiración: hacen falta 270 ideas", se ufana, y con toda razón, Jacques Sternberg en la introducción de Cuentos glaciales (editorial La Compañía), la primera edición en español de esta obra que el belga publicó en 1974 y que, ahora, por primera vez, aparece en el idioma de Cervantes, en una muy buena traducción de Eduardo Berti.
Estos casi tres centenares de cuentos breves reunidos en un mismo volumen se agrupan temáticamente (en subtítulos como Los objetos, Los otros, Los animales y Los seres humanos, entre otros), constituyendo una demostración de la incansable capacidad de Sternberg para recrear la realidad y para darles un giro fantástico a los hechos cotidianos y a los espacios comunes.
Lejos de la novela que nos vence por puntos y del cuento que nos gana por nocaut, según la conocida sentencia cortazariana, cada uno de estos relatos de Sternberg es un upercut demoledor en el primer round. Porque, salvo un par de excepciones, la mayoría de los cuentos no requieren más de un minuto para ser leídos, tiempo suficiente como para que, con un estilo impecable, el autor nos tire a la lona.
Echando mano a todos los recursos del cuento breve y hasta del hiperbreve, Sternberg nos sorprende con su estilo, que aglutina aspectos de las literaturas fantástica, policial, de terror, y con el que elabora, a partir de la ficción extrema (si se nos permite el uso de este adjetivo), una clara crítica a los principios de la sociedad del siglo XX.
Cuentos glaciales es una gran obra compuesta de microscópicas bellezas.
Historia de una familia que no acepta la decadencia
Lágrimas por Afrodita (editorial Dunken) es la novela de Ricardo Rodríguez Pereyra que narra la historia de una familia porteña en decadencia desde hace varios años y que no asume su nueva posición.
Un joven homosexual lleva la narración en primera persona. Él y su hermana, con problemas de nutrición, son quienes de alguna manera mantienen la cordura de un grupo familiar que se ve en caída libre y que no puede resolver la situación.
La locura de la madre de estos jóvenes (que toma el té con imaginarias amigas de la alta sociedad), la desaparición voluntaria del padre de los adolescentes (quien, queda claro, huye al no poder resolver la situación, aunque luego, en la peor de las crisis, regresará), la hermana de este (conocedora de la derrota que se les avecina pero impotente) y la melliza de la madre loca (perteneciente a una alta sociedad ligada a los crímenes de la dictadura militar) son los protagonistas de esta historia que se desarrolla en una casa en la que una fuente con una estatua de Afrodita se yergue como única memoria en pie de los buenos tiempos.
Con agilidad narrativa, aunque con diálogos que a veces se apartan de la escenografía general haciendo cierto ruido, Ricardo Rodríguez Pereyra va construyendo una historia que lleva a los protagonistas a los extremos de una crisis familiar económica que puede, tal vez, ser reflejo de muchas familias venidas a menos con el paso de los años, las malas decisiones y el despilfarro.
La marginalidad que los adultos no quieren asumir es enfrentada por los adolescentes, quienes tienen la capacidad de mezclarse con los chinos que han poblado la zona y la fortaleza para decidir buscar alternativas, además de la solidaridad no simulada con los demás.
Una buena novela que es retrato de una parte de la sociedad.
El pensamiento europeo en el siglo XIX, una visión amplia
El pensamiento europeo en el siglo XIX (editorial Prometeo) es el título de la primera parte de una colección cuyo compilador es Ricardo Álvarez y que promete detenerse en cada aspecto de la ciencia, la economía y la sociedad de ese siglo, abarcando también su influencia en el XX.
Con dos capítulos iniciales a cargo de Norma Mileo, en los que se contextualiza la política del siglo XIX ("La industrialización y la Revolución Francesa fueron la gran puerta de entrada al siglo XIX", sintetiza la investigadora desde el comienzo), El pensamiento europeo... inicia un recorrido que busca abarcar la mayor cantidad de ámbitos posible, conformando un corpus que, desde esta multiplicidad, da cuenta de las varias áreas en las que las ideas se fueron consolidando.
En el capítulo Las ideas y las costumbres, María Cecilia Colombani analiza la forma en que el disciplinamiento se extendió en busca del "cuerpo como geografía a educar", en relación a la nuevas situaciones y formas de producción, mientras que en los siguientes (escritos por Liliana Stengele, Marcelo Pagliaro, María Cecilia Fariña o Leonardo Abramovich, por nombrar sólo a algunos autores) se profundiza en temas como la literatura, la música, la psicología, la filosofía, la biología, la medicina y hasta las matemáticas, la física y la química.
El pensamiento europeo... se constituye en un paisaje amplio, que ayuda a comprender las ideas emanadas de esa centuria y cómo estas, por generarse desde la centralización y por ser proyectadas por sus admiradores en el resto del planeta, influyeron en la conformación política y económica del mundo.
Se trata de un libro elaborado desde la premisa de la difusión, por lo que no hace falta ser un iniciado en cualquiera de las ciencias tratadas para acercarse a su lectura y conocer más de ese pasado que, aunque americanos, marcó nuestra historia.