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Luces y sombras de los programas sociales para la lucha contra la pobreza de Brasil

Casi 50 millones de brasileños necesitados figuran directa o indirectamente en la lista de receptores de ayudas sociales. El ambicioso plan "Basil sem Miséria" tiene un objetivo claro: todo brasileño debe dispone al menos de 70 reales al mes para vivir.

22 de Abril de 2013 21:09

Dilma Rousseff. Ampliar foto

Dilma Rousseff.

Por: DPA

No faltan halagos a la política social de Brasil. El Banco Mundial, Naciones Unidas y muchos países ponen como ejemplo al "gigante verde", pues desde hace una década en la agenda del gobierno la lucha contra la pobreza es una de las prioridades. "La extrema pobreza pronto pertenecerá al pasado", asegura la presidenta Dilma Rousseff.

Al igual que su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, Rouseff se apoya en crecimiento económico del país para inyectar miles de millones en programas sociales. El concepto es el siguiente: reducir la pobreza, fomentar el consumo y, por supuesto, movilizar a los votantes.

"Brasil pertenece a la vanguardia en cuanto a su capacidad para combinar una política económica eficiente con oportunidades para los más débiles de la sociedad. Y eso beneficia a millones de personas", afirmó el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, durante una reciente visita a la sexta mayor economía mundial.

Hace tiempo que Brasil dejó de esperar a que los más pobres pidieran ayuda a las autoridades. El proceso es justo al revés: "El Estado tiene que buscarlos e integrarlos antes de que llamen a nuestra puerta", reza la filosofía de Rousseff. Y eso es mucho trabajo, porque en Brasil aún hay unas 700.000 familias que viven en la pobreza extrema sin recibir ayuda estatal alguna.

El buque insignia de la política social sigue siendo la "Bolsa Família", cuyas prestaciones van destinadas a la escolarización y vacunación de niños. En 2013 el volumen de este programa social subirá hasta los 24.000 millones de reales (unos 9.300 millones de euros/12.200 millones de dólares), o un 0,46 por ciento del PIB.

Casi 50 millones de brasileños necesitados figuran directa o indirectamente en la lista de receptores de ayudas sociales. El ambicioso plan \"Basil sem Miséria\" (Brasil sin miseria) tiene un objetivo claro: todo brasileño debe dispone al menos de 70 reales (27 euros/35 dólares) al mes para vivir.

Difícil misión en un país de superficie gigantesca y una enorme diferencia de ingresos. Tanto en el empobrecido norte como en la zona de Bahía, la pobreza forma parte de la vida diaria. El sacerdote católico Georg Pettinger, que reside desde hace casi cuatro años en Conde (unos 160 kilómetros al norte de Salvador de Bahía), tenía a su cargo hasta el año pasado 42 parroquias en una superficie de 1.000 kilómetros cuadrados.

El religioso alemán, de 36 años, realiza el \"trabajo de campo\" desde primera línea del frente. Conoce sus parroquias, donde a veces no hay agua ni electricidad, Internet es un lujo y una conexión telefónica estable es a menudo cuestión de suerte. \"Sí, la Bolsa Família tiene por supuesto buenas intenciones, pero con frecuencia falta el control necesario. Y no sólo eso: desde hace meses aquí no hay clases en los colegios.\"

Al menos en sus parroquias este año el colegio no ha empezado. Primero las ferias, luego carnaval, después una huelga por los salarios de los profesores... Con suerte, las clases comenzarán este mes de abril.

\"Siendo muy benévolos, en 2012 tuvimos quizá cuatro meses de clases en total\", dice el párroco de Nosso Senhor do Bomfim. En esta región, el sueldo diario, si hay trabajo, oscila entre los 20 y los 30 reales (7,70 y 11,50 euros). Aquí el salario mínimo mensual, que en 2013 es de 678 reales, es pura teoría.

Por Helmut Reuter (dpa)

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