El final ya está a la vista
Marcelo Torrez (El Sol) A seis meses de la finalización del año, el gobierno de Celso Jaque comienza a caminar sus últimos días al frente de la Provincia.
Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
A seis meses de la finalización del año, el gobierno de Celso Jaque comienza a caminar sus últimos días al frente de la Provincia.
Tiene por delante, ya, en cuestión de horas, la Copa América, con Mendoza entre las sedes que más expectativa generará durante la competencia, con Chile y Uruguay entre las visitas estelares y más atractivas del torneo; también se advertirá un aumento exponencial de los turistas atraídos, desde luego, por el fútbol, pero que dejará un escenario fértil y propicio para seguir explotando y apostando a ese costado del desarrollo económico global que tiene que ver con los ingresos que provienen del turismo de alta gama; y tiene, a su vez, como si fuera poco, un contexto nacional muy favorable desde lo político, en donde las administraciones de gobiernos provinciales y municipales, en especial las de extracción peronista alineadas con el kirchnerismo como la suya y aquellas kirchneristas, por supuesto, que les permitirá transitar sin sobresaltos sus últimos días de gestión, garantizando la continuidad de los proyectos, que no es poco.
Pero Jaque y su gente, los más fieles, los que tomaron el cumplimiento de las pautas a seguir por el malargüino como un evangelio de todo lo que se trazó al comienzo de la gestión, allá por el lejano 2007, no se pueden relajar. No tienen paz, en otras palabras, y todo indica que así será hasta el fin con quienes queden en el elenco del Ejecutivo, en medio de un cierto desbande.
Se podrá decir que hay razones suficientes, objetivas, como para que el gobierno esté mal considerado en términos generales por la ciudadanía. Que la promesa incumplida de la baja del delito en los primeros seis meses de administración, que los cabildeos al momento de armar el equipo de gestión, que la unión con los demócratas y el divorcio posterior, que las rencillas internas entre grupos pro defensores de los derechos humanos y aquellos que lo enfrentaron como concepción ideológica y que dejaron una mácula en el Gobierno mendocino que lo elevó a la categoría de poco confiable para el universo kirchnerista nacional, y hasta se podrá argumentar que este ha sido un gobierno que nunca pudo encontrarle la vuelta a un sistema de comunicación de los acontecimientos oficiales, claro y confiable.
Sin embargo, el constante y progresivo alejamiento de la gestión Jaque con el pueblo que lo eligió hay que encontrarlo en la disociación que tuvo con la realidad la inmensa mayoría de funcionarios que le dieron volumen al equipo oficial que ha conducido la Provincia. Ese ir y venir en dimensiones distintas a las de la mayoría de la ciudadanía no le permitió advertir cuáles eran las soluciones concretas a temas puntuales. Y, si bien hubo atisbos de sintonía, de avances en algún sentido, quienes encontraron la clave para acertar con algunas de las demandas generales, fueron sofocados rápidamente para volver a discurrir por la incertidumbre.
Políticamente, Jaque fue acusado, literalmente, de boicotear el proyecto nacional de Néstor, primero, y el de Cristina, luego, producto de una ofensiva de sectores que se creyeron más K que el Gobierno provincial, pero que estaban fuera del Gobierno y que reclamaron su participación por la sola pertenencia al sector de la militancia dura de los pingüinos. Esa constante lucha por sectores de poder político que muchas veces fue invisible y otras tantas se mantuvo en la oscuridad fue minando los caminos de esta gestión con la sede del poder central del país.
Jaque y los suyos, a lo largo de los años, perdieron esa lucha a tal punto que, al final del camino, hecho que ha comenzado a vivirse en este momento, cedió su autonomía, su margen de movimientos independientes y hasta la posibilidad de hacer valer y cumplir su visión y criterio propio para gobernar una provincia con su idiosincrasia y sus particularidades. También es cierto que Jaque no sólo fue víctima y objeto de maniobras y campañas para desprestigiarlo; sino que hizo mucho como para que eso sucediera.
Porque, mientras batallaba contra las fuerzas ultra-K que socavaron su base de sustentación en la Rosada, no hubo aquí, en Mendoza, una política de acercamiento eficiente y clara con el pueblo. En verdad, hasta hubo subestimación. Porque cuando se insinuó aquel ataque sostenido contra las corporaciones, a tono con la política de Kirchner a escala nacional que se cumple hasta hoy aunque con la impronta de Cristina, rápidamente se lo dejó de lado y hasta se abandonó esa dirección. Fue una amague.
Se creyó erróneamente, quizás, que alcanzaba con mostrar cartas que iban en contra de grandes intereses económicos que durante tantos años habían atentado contra los intereses de todos los mendocinos y hasta que, con su influencia, lograban decretos y leyes a su medida, lo que fue y ha sido absolutamente cierto. Aquella aparición, sobre fines del 2009, del hombre fuerte de la gestión Jaque en la Legislatura contra los empresarios que extorsionaban al Gobierno, con el tiempo derivó en abstracta.
Las políticas contra la evasión de los grandes contribuyentes que tendrían una deuda con el Estado cercana a los 1.000 millones de pesos no llegaron a nada, y la campaña que se inició en Salud para revertir años de un sistema perverso que les ha permitido a los profesionales médicos hacer negocios particulares o grupales, teniendo al Estado como soporte de los mismos, se quedó a mitad de camino, por citar sólo tres hitos en la gestión del actual gobierno.
No hubo fuerza suficiente para alimentar y sostener estos embates que lograron en su momento recuperar parte de los vínculos rotos entre la gestión y la ciudadanía. La falta de constancia, de convencimiento o, peor aún, del renunciamiento a seguir por haber sido vencidos por los intereses que se pretendían doblegar derivaron en el desprecio del final.
El actual panorama adverso es el que heredan Paco Pérez y Carlos Ciurca como los abanderados del oficialismo para octubre. De ahí que ambos, en diferentes circunstancias, han hecho quedar fuera de juego al Gobierno del que forman parte y se han expuesto, a su vez, a escenarios que no pueden explicar cuando buscan diferenciarse. Por eso, quizás, por las indefiniciones, por esas dudas, a la fórmula le cuesta seducir, y frente al radical Roberto Iglesias pierden por dos o tres puntos sostenidos a lo largo del último tiempo.
Y no sólo es por desconocimiento del tándem oficialista. Claro, Pérez y Ciurca descansan en un hecho que, por ahora, no tiene solución para la oposición en Mendoza y es el arrastre de Cristina en todo el país. En el mano a mano, según las encuestas, Iglesias le gana a Pérez, pero cuando se mide con la boleta nacional, Pérez remonta la cuesta y le saca al radical cerca de diez puntos.
Pero, no está dicha la última palabra y, aquí, muchos se esperanzan en que Mendoza pueda mostrar algo diferente de lo que ocurre a nivel nacional cuando llegue la elección. Indicios, aunque no sea más que la muestra de otros horizontes, más democráticos, con más diversificación, con más calidad por sobre todo. Como una forma de marcar que hay, debajo de todo, una llama encendida distinta. Sólo eso, porque el surtido siempre mostrará alternativas que enriquecen lo bueno que hay y que se vende como único bueno a seguir.
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