CRÍTICA DE LA SEMANA

Combo anti-K Iglesias, Alfonsín, Binner y Rodríguez Saá ¿es posible?

Marcelo Torrez. No es una novedad que Néstor Kirchner cuando irrumpió en el gran escenario de la política argentina lo hizo replicando el modelo que tanto éxito le había dado en su Santa Cruz, en donde, desde ser intendente de Río Gallegos llegó a ser gobernador.

08 de Julio de 2011 09:17

Combo anti-K Iglesias, Alfonsín, Binner y Rodríguez Saá ¿es posible? Ampliar foto

Foto:Ilustración. Andrés Casciani

Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar

    No es una novedad que Néstor Kirchner cuando irrumpió en el gran escenario de la política argentina lo hizo replicando el modelo que tanto éxito le había dado en su Santa Cruz, en donde, desde ser intendente de Río Gallegos llegó a ser gobernador, modificando todas las formas que se conocían hasta ese momento sobre las maneras de hacer y entender la política.

    A tal punto concentró poder, que manejaba a su antojo la Legislatura provincial y se transformaba en el modelo a seguir por muchos de sus pares que llegaron a envidiar ese estatus que le permitía, si así lo hubiese querido, perpetuarse en el poder al lograr modificar la Constitución provincial y abrir la posibilidad de reelección infinita. Hasta que lo llamó Eduardo Duhalde y lo transformó en el candidato para enfrentar al menemismo residual, en baja, deslucido, criticado, pero que por esos extraños comportamientos electorales de nuestro país lo mantenían con vida y latiendo.

    La historia es conocida: al llegar Kirchner al pináculo de la política argentina, con sólo dos argentinos de diez que creían en lo que podía llegar a construir, diseñó un espectacular tablero de concentración de poder, inédito para las nuevas generaciones, basado en pilares fundamentales: la reivindicación de la figura presidencial por sobre todas las cosas y porque conocía como nadie, quizás, las urgencias de los gobernadores por su dependencia financiera de la Nación, tomó bajo su estricto control la billetera del país para, con ella, ir seduciendo a los caudillos del interior, a quienes les prometió amparo, recursos para sueldos y obras públicas y, principalmente, apoyo para mantener sin sorpresas extrañas el control de sus territorios.

    Dirigentes radicales, peronistas críticos, menemistas, socialistas, de derecha, de izquierdas, se fueron sumando a un tren que llamaban transversalidad bajo la forma de una gran concertación que, para fuera, se presentaba como seguidora de la experiencia exitosa de los partidos políticos de Chile que lograron acabar con Pinochet y su dictadura, pero que hacia dentro no era más que un hato extraordinario de fuerzas bajo el imponente liderazgo de un Kirchner que soñaba con imponerse por encima del peronismo para que, sobre la base de esa estructura, corporizar una corriente superadora de todo lo conocido con él como abanderado.

    Su desaparición no hizo más que agudizar el cumplimiento de ese sueño-objetivo, ahora bajo la conducción de Cristina, su esposa, heredera de toda aquella construcción de poder fenomenal pero potenciada. El paso de Kirchner por el poder en Argentina vino a cambiar lo conocido. Entre todo lo que está en juego, como el proyecto de país, por ejemplo, que no es menor, hay que analizar los métodos que utiliza la dirigencia para mantener el poder aquellos que lo tienen, o para alcanzarlo aquellos que están fuera y persiguen el objetivo en las próximas elecciones de destronar la estructura K.

    Todo vale para lograrlo. Y ese todo vale es una consecuencia de cómo se ha hecho política en los últimos años. El caso de Omar Parisi en Luján, que dejó el PD para abrigarse en el oficialismo es una muestra reciente del aquel nuevo orden establecido; Guillermo Amstutz, el histórico peronista lasherino que al quedarse fuera de la cancha oficial buscó cobijo en el radicalismo, también es una manifestación que va en ese sentido; y los intentos de la oposición en Mendoza para hacerse un lugar en el menú electoral, con un plato seductor, develan la impotencia que embarga a sus dirigentes para poder elaborar un discurso creíble, superador a todo lo que baja el imperio kirchnerista.

    Con obligaciones de mostrarse en un escenario muy adverso, un rumor fuerte corrió en la semana alrededor de las posibles alquimias que ensaya el frente liderado por el radicalismo para encontrar el camino que lo lleve a la victoria: que la UCR local, con Roberto Iglesias como candidato a gobernador, sume como oferta a presidente en Mendoza al socialista Hermes Binner y poder ampliar la base progresista que necesita para crecer.

    De ser así, la UCR propondría dos variantes: una, puramente radical, con Alfonsín como candidato a presidente; y otra, con el socialista rosarino, siempre y cuando se logre un acuerdo con esa fuerza en el armado provincial, lo que llevaría al socialismo a aceptar como propia la fórmula de Iglesias-Jaliff, asunto que todavía no está cerrado. Pero hay más todavía, una tercera variante: el martes, la Justicia electoral que conduce el juez federal Walter Bento notificó a los frentes electorales el número con que se identificarán en las primarias de agosto y en la elección general de octubre.

    Para sorpresa caprichosa de muchos, al frente peronista rebelde que se reúne bajo el Compromiso Federal de Alberto Rodríguez Saá, que en Mendoza alcanzó un acuerdo con el Partido Demócrata, le tocó en el azar el número 503, una cifra identificada con el antikirchnerismo en Mendoza, pero más con el radicalismo y con el cobismo que en las últimas elecciones hizo campaña con él, instando a la ciudadanía a votar por esa lista y martillando con el número como lo más significativo del spot que se diseñó para esa campaña.

    Los radicales no pueden creer su mala suerte porque llegaron tarde al reparto, literalmente, a tal punto que varios de sus dirigentes han tomado contacto soterrado con sus colegas del Compromiso Federal, buscando la manera de llegar a un acuerdo para que renuncien al número y se lo puedan transferir.

    "Ni locos", respondieron desde las filas del puntano, que se frotan las manos frente al escenario inesperado que se les presentó, incluso potenciado por algunas encuestas que muestran un crecimiento a favor de Rodríguez Saá en la provincia, como la de Santiago Alé, quien le atribuye 12 por ciento de las adhesiones, marchando segundo detrás de Cristina, quien supera el 50 por ciento, y lejos de Alfonsín, quien orilla el 9 por ciento.

    A partir de este incidente, inesperado, desde luego, los rumores han sido acompañados por especulaciones varias alimentadas por los encuentros informalísimos entre la gente del puntano y los personeros enviados por Iglesias y César Biffi, con el fin de llegar a un acuerdo. Para terminar de completar el cuadro, al frente radical le fue asignado el número 502 y la paronoia se incrementó aún más porque el 02 ha sido el histórico utilizado por el peronismo en Mendoza cuando acudió solo a las urnas.

    Uno de los aspectos que ha comenzado a ser analizado es el de una alianza entre el frente radical con el de estos peronistas rebeldes, todo a partir del número asignado. Los contactos son reservados y nadie quiere hacer olas antes de las primarias de agosto. Pero se analiza que el frente radical, además de llevar a Ricardo Alfonsín para candidato a presidente como opción puramente radical, además de sumar, posiblemente a Binner en una variante del frente más progresista, además de todo esto, también podría ofrecer la alternativa de la pata peronista no kirchnerista que hoy tiene a Alberto Rodríguez Saá como candidato a la Presidencia entre sus más claros exponentes.

    De ser así, el radicalismo con Iglesias y Jaliff aspirando a la Gobernación, podría transformarse en la única expresión política que reúna a toda la oposición, a todo el antikirchnerismo detrás de un frente fuerte con algunas posibilidades de ganar la provincia y derrotar el temido arrastre de Cristina, que se le atribuye, tendrá a favor la fórmula oficialista de Paco Pérez y Carlos Ciurca.

    En charlas formales, Iglesias le baja el tono a todo este tipo de especulaciones, pero admite que hay contactos, que hay ofertas y conversaciones en ese sentido. "Pero es muy difícil, puede ser, pero es complicado explicarlo. De todas maneras, hasta que pase agosto no vamos a hacer absolutamente nada porque se verá qué queda, cuál es el nuevo mapa luego de esas elecciones", le dijo a este periodista cuando lo consultó. 

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