Alarma en el PJ: Paco puede perder
Por Marcelo Torrez. El oficialismo K en Mendoza está en problemas. El arrastre que, se asegura, tiene Cristina Fernández a su favor en todo el país no está garantizado en esta provincia, conservadora, particular y, en algún aspecto, marrullera también. Paco Pérez y Carlos Ciurca no encantan.
Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
El oficialismo K en Mendoza está en problemas. El arrastre que, se asegura, tiene Cristina Fernández a su favor en todo el país no está garantizado en esta provincia, conservadora, particular y, en algún aspecto, marrullera también. Paco Pérez y Carlos Ciurca no encantan. El público no los conoce y, para colmo de males, aquellos que saben quiénes son, en un gran número, no los relacionan con el tornado Cristina y los emparentan con ciertos fantasmas piantavotos, como la megaminería contaminante.
Es cierto, a su vez, que el oficialismo K mendocino no es el oficialismo cristinista instalado en el resto del país; ese que ha mostrado su peor cara de intolerancia y soberbia a partir del sorprendente aluvión de votos a favor de Macri en Buenos Aires y la resistencia al discurso kirchnerista que prende en Santa Fe en favor del progresismo de Binner, y el clima adverso que cosecha el mismo oficialismo en Córdoba, provincia en donde Cristina no logró inocular sus soldados y "soldadas" en las listas del peronismo mediterráneo, por lo que no tendrá candidato ni representantes directos y, si bien no se le podrá achacar responsabilidades en la derrota, tampoco tendrá espacio para festejar una victoria que, desde luego, no será K.
El peronismo mendocino no es K, no lo fue nunca cuando quiso serlo y tampoco lo es ahora, cuando intenta pegarse a las bondades electorales que crecen alrededor de la presidenta. Esta particularidad, vaya paradoja, puede transformarse en una salvación para sus objetivos, pese a que los propios dirigentes del peronismo hoy no lo vean así.
Porque, si bien la nacionalización del clima electoral jugaría a favor de Pérez y Ciurca, esa nacionalización también puede traer consigo todo lo que se rechaza del cristinismo, esa permanente desacreditación a su rival, sea de derechas o de izquierdas, lo mismo da. Sólo tiene que marcar diferencias con el proyecto nacional para desatar andanadas de agravios e insultos, tanto, que ha obligado a los intelectuales K nucleados en Carta Abierta, a marcar diferencias y a decir que no son aquello que se ve y que reflejan los Fernández, los Kunkel, los Timerman, cuando v e n amenazado el proyecto nacional.
El kirchnerismo, o mejor dicho el cristinismo, parece no comprender ni tampoco controlar esa veta tan particular que es la que produce el mayoritario rechazo. Se enfrenta a una amenaza cierta, que no es otra que aquella que tiene que ver con un posible cambio de actitud general de la ciudadanía que puede coincidir con la idea de que todo lo bien que se ha hecho hasta ahora se puede mantener con un cambio de gobierno.
Esto quiere decir que el pueblo bien puede decidir que no es el kirchnerismo el garante de las actuales condiciones que enarbola de que durante su gobierno se consiguieron consolidar. Esta es otra amenaza que se cierne sobre la supuesta hegemonía K, todavía no evaluada por los gurúes de los candidatos del oficialismo.
En cambio, lo que analiza el partido gobernante, en Mendoza, por ahora, va por el lado de la debilidad de la fórmula oficialista para referenciarse directamente con las bondades que tiene el proyecto nacional. En otros términos, siendo oficialistas, Pérez y Ciurca no son considerados hombres de Cristina, todavía.
El tema fue discutido a comienzos de semana, cuando desembarcó en la provincia el consultor cordobés Mario Riorda, el técnico en el que confía Pérez, quien llegó para encender luces de alarmas por todos lados. El diagnóstico que Riorda presentó parece no ser el mejor, aunque tienen tiempo de revertirlo.
En Mendoza ocurren particularidades, quizás por aquello que decimos más arriba. Por ejemplo, con la juventud. El 38 por ciento del padrón general estaría compuesto por jóvenes de entre 18 y 35 años, decididos a votar en su gran mayoría por Cristina Fernández, pero estos votantes no han sido seducidos por la fórmula del kirchnerismo mendocino, es decir, por Paco y Ciurca, según Riorda. El analista les aseguró:
√ Que Cristina tiene un nivel de adhesiones enorme en la provincia, y que en algunos sectores supera 60 por ciento. La juventud está con Cristina y con el proyecto nacional, al menos hasta los 35 años de edad. A partir de los 35/40 años la adhesión política se dispersa un poco más y es más difícil atraerla.
√ Otro dato: aquel 38 por ciento del padrón que está compuesto por jóvenes se informa por las redes sociales, no por los medios tradicionales. Por lo que la batalla electoral se jugará en ese ámbito, en Facebook y en Twitter, básicamente.
√ Así como los menores de 35 años votan mayoritariamente por Cristina a nivel nacional, a nivel provincial no saben bien qué hacer. No es que estén indecisos tampoco: no vinculan al candidato de Cristina en Mendoza y no conocen a Pérez, como tampoco al resto de los candidatos del oficialismo.
√ No está garantizado el triunfo en Mendoza.
√ Una característica de esta franja de jóvenes que se inclina por Cristina es mayoritariamente no minera y emparenta a Pérez con la minería contaminante.
√ Esta situación obliga a tomar medidas: fuerte campaña en las redes sociales, absoluta nacionalización de la campaña y alineamiento nacional. Y, en cuanto a la gestión, analizar medidas que tienen que ver con la política minera, quizás un cambio de reglas para los próximos emprendimientos, como audiencias públicas, referéndum, algo que frene la tendencia en contra.
√ Y el último dato que surgió de las charlas de Riorda: a prepararse, porque la campaña será sucia. Eso se espera.
La oposición en la provincia percibe lo mismo que el gurú cordobés. Las visitas de Ricardo Alfonsín y de Francisco de Narváez de ayer, más las que se avecinan, como las de Binner, Duhalde, Giustiniani y otros, tienen un denominador: transformar a Mendoza en el cuarto centro de poder nacional detrás de la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, en donde pueda crecer un clima adverso a la hegemonía del poder K.
Esa es la máxima aspiración. Detrás de esa especulación, las fuerzas opositoras todavía no definen candidatos a gobernador, con excepción del radicalismo, por lo que cobra fuerza el frente opositor en Mendoza que terminaría por definirse luego de las elecciones primarias del 14 de agosto y que se encolumnaría con la fórmula no oficialista más votada.
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