Lo que dejó Santa Fe

El peligroso discurso de la no política

Por Marcelo Torrez. Los tres puntos que separaron a un cómico de todo un sistema político instalado desde hace más de veinte años en las principales ciudades de Santa Fe han puesto al socialismo en remojo.

25 de Julio de 2011 21:00

Por: Marcelo Torrez marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar

Miguel del Sel, un cómico conocido con nula actividad y participación política estuvo a punto de dar un batacazo en una de las provincias argentinas con más tradición política y alternancia ideológica.

 

Era de esperar que Santa Fe, junto con el ballottage que se avecina en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, más la elección de pocos días más en Córdoba, pondrían al oficialismo nacional en un lugar en donde no es habitual verlo: en una vereda en la que sobresalen sus debilidades, su costado más oscuro, sus miserias y sus yerros puestos en relevancia por la misma voluntad popular.

 

Esas elecciones marcarán, justo antes de las primarias del 14 de agosto, un clima adverso al kirchnerismo, un humor crítico que con su accionar refleja que se necesitan cambios en la forma de conducir el país por Cristina y sus gobiernos provinciales.

 

¿Pero qué pasa con Del Sel? A la distancia tampoco se puede ahondar con absoluta responsabilidad sobre el escaso margen que separó al cómico –segundo en la elección– de Bonfatti, el socialista que seguirá la posta de Hermes Binner en Santa Fe.

 

Sin embargo, a simple luz, sale a las claras que si el kirchnerismo tuvo una derrota dolorosa, de la misma manera tampoco fue una victoria para grandes festejos la de Bonfatti o la del socialismo en esa provincia. Los tres puntos que separaron a un cómico de todo un sistema político instalado desde hace más de veinte años en las principales ciudades de Santa Fe han puesto al socialismo en remojo y también ha recibido una dura advertencia.

 

En términos puramente políticos es una mala noticia que un hombre como Del Sel haya arañado la Gobernación de una provincia. Y no porque Del Sel no tenga derecho, sino porque la política decae, se está destruyendo, se sigue viniendo a pique, porque, por más bienestar que pueda verse en el país, no les llega a todos por igual y, para entrar en los beneficios, muchas veces hay que transar. Y quien no transa, o no sabe transar, se queda fuera. De eso se trata.

 

En los noventa, Carlos Menem fue el gran impulsor de nuevas figuras que se metieron en la política con ansias de renovación, y el kirchnerismo lo siguió luego con otras de sus figuras, hombres y mujeres del espectáculo que dieron volumen a las candidaturas testimoniales. Otro fiasco para la gente.

 

Y el otro costado a analizar es el estilo K para gobernar, que no se ha corrido un ápice de aquel que ideó Kirchner desde el 2003 a la fecha, sino que parece agudizarse: el del sometimiento al poder central bajo la más burda indiferencia y la falta de respeto a las autonomías provinciales y al federalismo.

 

Ese estilo, alimentado por la permanente confrontación tanto a derechas como izquierdas, comienza a hartar a mucha gente y enciende luces de alarma. Eso, sumado a la falta de independencia de las gobernaciones, puede hacer variar el rumbo de lo que parece que está establecido: un triunfo claro y rotundo de Cristina y de sus candidatos en las provincias. Si bien eran previsibles las duras derrotas del oficialismo en manos de la derecha en la Ciudad de Buenos Aires y de la derecha y la izquierda en Santa Fe, hacen presente otro escenario, distinto, no contemplado por ahora. 

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