Cristina too much; operación De Marchi y el sálvese quien pueda radical
Por Marcelo Torrez. A pesar de hacer una buena elección en las Primarias, el PD sigue navegando en sus disputas internas y hay quienes se quieren acercar a la Casa Rosada. En la UCR, todos buscan despegarse del estrepitoso fracaso del 14 de agosto.
Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
La versión fue relativizada como quien intenta desviar la atención y no darle importancia cuando se lo descubre con las manos en la masa y dice lo contrario. Lo cierto es que la pieza echada a correr cuenta que el eterno candidato del Partido Demócrata y líder indiscutido de las marchas y contramarchas del movimiento político ganso durante el último decenio, Omar De Marchi, llegó a la Casa Rosada para reunirse con uno de los funcionarios cercanos a la presidenta Cristina Fernández y José Luis Manzano, hoy empresario de medios, bodeguero y hombre poderoso de los negocios y de los entuertos políticos mendocinos.
El objetivo fue comenzar a delinear juntos una estrategia de cara a las próximas elecciones que incluyese intereses políticos, desde ya, pero también económicos. Allí se le habría ofrecido a De Marchi hacerse cargo de la candidatura a gobernador por los demócratas, con un cierto guiño de la Rosada, y evitar el posible crecimiento del radicalismo en un mano a mano con el peronismo, dividiendo, dispersando el voto opositor.
De Marchi negó rotundamente la especie y ratificó que será el candidato a intendente de Luján de Cuyo, mostrándose desconcertado y sorprendido y preguntándose de dónde pudo haber surgido la operación. Pero no ha sido del todo convincente.
El Partido Demócrata se ve como la cenicienta de la fiesta luego del resultado de las Primarias, que junto con la influencia del puntano Alberto Rodríguez Saá, lo ubicó como segunda fuerza de cara a las Generales. Por eso, rápidamente desactivaron un acuerdo con los radicales de Roberto Iglesias, subiendo su precio y reclamando el segundo lugar de la fórmula, como lo hicieron meses atrás cuando se especuló con el pacto ganso-radical que quedó en nada antes de las Primarias.
Hay varias lecturas del crecimiento ganso en las encuestas. Una de ellas alienta la aparición de un escenario favorable a los demócratas después del fiasco electoral de los radicales y apunta a que existe una masa importante de mendocinos anti-K que no quieren perder su voto en octubre, y que, como creen que los radicales no subirán por el efecto Cristina, pero más por llevar en la boleta a Ricardo Alfonsín, ven con buenos ojos desviar su voto a una propuesta que le haga mella al oficialismo, que la dañe un poco más, que le haga sentir en algo el rigor de quienes no están de acuerdo con el cristinismo.
Esa fuerza es la que consiguieron los gansos con Rodríguez Saá y la derecha del Pro en la provincia. Los demócratas se aferran a esta alternativa, se entusiasman, reviven, resucitan luego de haber estado a un paso de la extinción. Pero no tienen candidato fuerte todavía, y lo buscan casi con desesperación.
Para el peronismo, en cambio, la reaparición de los demócratas en la escena política local es una oportunidad para debilitar aún más a la oposición, y tientan a De Marchi a asumir el rol de conductor. Ahora bien, por qué De Marchi aceptaría dejar Luján para inmolarse una vez más en una elección por l a Gobernación si no fuera porque también en la negociación se han puesto en juego otros factores, como supuestos acuerdos legislativos para frenar molestas investigaciones sobre la gestión y la posibilidad de avanzar juntos desde un frente en Diputados y en la Cámara de Senadores, de cara a una nueva gestión oficialista, con Paco Pérez al frente.
Todo esto pasa a consecuencia lógica después del veredicto de las urnas del domingo. Los radicales discuten la mejor estrategia para frenar el vendaval de votos que se cree recibirá Cristina y la fórmula del peronismo, beneficiada con el arrastre. Por eso, Alfredo Cornejo, el intendente de Godoy Cruz, y Mario Abed, de Junín, quieren despegarse, desdoblar la elección y preservar su poder en el territorio.
Iglesias entiende la movida como un desplante, una agachada de sus correligionarios, una traición. Cornejo dice todo lo contrario e intenta convencer al candidato de que si ellos ganan en sus comunas un mes antes de la elección del 23 de octubre, pueden llegar a beneficiar la fórmula del partido con una suerte de contagio y un clima psicológico que le dé un envión positivo. Iglesias se niega y entiende que pierden fuerza y que necesita la militancia territorial movilizada, estimulada, peleando por algo cercano, como la Intendencia y la Gobernación, que relajada ante un comicio en donde, si bien se pone en juego la Provincia, vería como imposible escaparle al arrastre nacional, por el sólo hecho de que el corte de boleta no ha sido en Mendoza –a lo largo de la historia– lo suficientemente fuerte y desequilibrante.
El lunes puede ser el día crucial para los radicales y la resolución de estos entuertos. También están atentos a lo que pueda suceder a nivel nacional con un realineamiento de la oposición, inclinándose por la alternativa de que Ricardo Alfonsín se baje a favor de una conformación nueva, con otros aires, más fuerte, como puede ser la aparición del socialista Hermes Binner conduciendo un frente opositor. Cualquier candidato es visto mejor que Alfonsín para los mendocinos, que no quieren saber nada con el hijo del ex presidente. Nada de nada.
El peronismo, en cambio, navega sobre aguas apacibles. Nada hace prever en el horizonte que pueda llegar a alterar la calma y tranquilidad que consiguieron luego del domingo y se aferran a una estrategia que les viene dando, como presumían, altos beneficios. Pegarse a Cristina es la clave del triunfo. Por eso han puesto todas las fuerzas para lograr que la presidenta llegue a Mendoza antes del 23, y se juegan a que sea en dos oportunidades. Están en eso y creen que lo van a lograr.
Hacia adentro festejan el llamado de Cristina, el domingo, a Celso Jaque, cuando lo felicitó por el resultado electoral que estaba consiguiendo el oficialismo en la provincia, luego de la catarata de rumores y versiones instaladas ante una posible actuación electoral vergonzante, producto de la mala imagen de Jaque y de la gestión. No fue así y el llamado de la presidenta puso las cosas en su lugar. Y dio aire.
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