Cuando el miedo inmoviliza o enloquece
Por Marcelo Torrez. En el juego electoral, San Jorge, aquella movida minera para extraer cobre y oro de Uspallata con una inversión de 300 millones de dólares, pasó a ser historia.
Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
Al tema querían sacarle el máximo provecho sin que nadie se diera cuenta de que no tienen resuelto, más por falta de decisión política que por otra cosa, el camino a seguir en el caso de que lleguen a gobernar. Jugaron tanto y especularon de la misma forma, que se les fue de las manos.
Mientras uno tiraba amenazas al aire con instalar el asunto en el medio de la campaña electoral como una suerte de movida sucia y contundente para embarrar al candidato a quien se liga al grupo de abogados que le dio vida al sensible proyecto minero, el candidato aludido, para salir de la encrucijada, avanzó con aquella idea de la consulta popular vinculante, como diciendo: "¿Vieron que no tengo ningún problema con esto? ¡Acá está! Tomen esta, a ver con qué la sacan; a ver si pueden superar mi proyecto y que sea la misma gente la que decida qué hacer con él".
Y los otros respondieron, incendiando la casa, como un mecanismo de defensa: "En todo caso nos inmolamos y prendemos fuego todos. A ver si superás esta que te mandamos: no vamos a aprobar la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), esa que ustedes no quieren tratar. Claro que nosotros tampoco, pero la diferencia con ustedes es que nosotros tenemos menos que perder", fue la reacción opositora.
Y el candidato oficialista, en medio de la tormenta, el varias veces mencionado como socio del emprendimiento –cuestión negada hasta el hartazgo–, el mismo que hace una semana había actuado, dicen, sin dar una señal sobre la presentación de la consulta popular vinculante, cortándose solo, decidió avanzar con el juego para escapar, para no acorralarse y darle el golpe de gracia cuando les pidió a los legisladores peronistas y del Frente para la Victoria que lo rechazaran.
Y así, San Jorge, aquella movida minera para extraer cobre y oro de Uspallata con una inversión de 300 millones de dólares, pasó a ser historia, al menos por un buen tiempo por delante. La campaña electoral sentenció el emprendimiento económico que impulsaba la canadiense Coro Mining, tentada pocos días atrás por el gobierno sanjuanino de José Luis Gioja a invertir en aquella provincia sin complejos mineros. Pero el problema de fondo no es San Jorge.
Focalizarlo allí es un error y una simplificación del gran debate, aquel que necesita imperiosamente una respuesta para terminar de definir, en beneficio de la provincia, el camino a seguir en cuanto al perfil productivo y económico de Mendoza. Los candidatos, tanto el oficialista Paco Pérez como el radical Roberto Iglesias, no pretendían tomar a San Jorge como caballito de batalla del debate electoral, pero sí capitalizar el perfil que podría llegar a dejarles alguna ventaja, y moverse en el campo de la chicana, nada más.
Pero fueron demasiado lejos y sobrevino la sobreactuación del miércoles, la teatralización a más no poder como para que quedara bien en claro, por las dudas, el lugar que están ocupando en un debate más psicológico que real. Lo que consiguieron fue un empate en cero que no les permite sacar alguna ventaja, sino peor todavía, instalando una mayor confusión, demasiada inseguridad y falta de previsión en aquella porción de la ciudadanía que quiere darse una discusión a fondo para ver si se puede convivir con la minería y la agricultura bien entendida, con controles fuertes.
El punto es la falta de convicción. Que no crean, tanto Pérez como Iglesias, que con esto se han redimido ante la ciudadanía, porque la señal que han dado o que han permitido que se diera luego del rechazo del proyecto es contradictoria, espasmódica y, por sobre todo, oportunista. Tampoco se trata de pragmatismo, entendiendo esto último como una virtud.
Porque luego de que se disipe la polvareda que ha dejado este debate, quedará en el inconsciente que actuaron en función de presiones, no por convicciones. Entonces, dónde están el temple y la firmeza del dirigente que, pese al viento en contra, no sigue avanzando detrás del objetivo hasta agotar todas las instancias. Dicho de otra manera: es demasiada la duda que dejaron estos candidatos a futuro, que ante el menor ruido adverso se les caen las visiones y políticas estratégicas que supuestamente tienen.
Gobernar, no siempre es hacer lo que el momento pareciera mandar por un humor particular, posiblemente pasajero. Ni mucho menos hacer siempre lo que la gente quiere que se haga. Gobernar es conducir, y para conducir hay que ir adelante, un paso al frente. En la campaña todo se sensibiliza y el temor se apodera de los candidatos.
Temor al error, al ridículo, a una foto publicada que pueda perjudicar sus chances, sensibles a todo y a todos. Cada candidato se levanta pensando en cómo pudieron haber reaccionado los diarios del día con lo que él hizo el día anterior. Por eso, las encuestas pasan a ser vitales, les marcan el pulso social del momento, del instante. El punto es que se confunde la fotografía con el rodar de la película.
En el caso del oficialismo, esto se ha puesto de manifiesto y ha influido notablemente en la campaña. Aseguran que fue el publicista y consultor cordobés Mario Riorda el que convenció a Pérez de salir y dar una señal clara, aparentemente sólo motivado en un punto que para la Casa Rosada es vital: la opinión de los más jóvenes, en sintonía con la importancia estratégica que Cristina le ha dado al movimiento que lidera su hijo, Máximo, La Cámpora.
Si bien las encuestas no colocan a la minería en la principal preocupación de los mendocinos, dominada por la crisis de la vivienda y la permanente inseguridad, esos sondeos le indican a Riorda que 70 por ciento de la sociedad no quiere el desarrollo minero, pero el dato que más los conmovió fue el rechazo de 93 por ciento de los jóvenes. Las señales de Mendoza, en conclusión, siguen siendo confusas y contradictorias, no sólo con la minería, sino, mal que le pese a la Provincia, esa característica se da en todos los asuntos sensibles. Allí esperan tratamiento alguno la reforma de la Constitución, la reforma electoral, y el surgimiento de alguna idea para comenzar a reducir el déficit habitacional, el gran asunto pendiente por años en Mendoza y que ha demostrado una ineficiencia total de parte de sus gobiernos, perdiéndose años dorados en los que el país ha crecido sostenidamente, al menos desde el 2003 a esta parte. La luz de alarma se prende cada vez que se pierden oportunidades, y, en Mendoza, hace rato que nos ilumina.
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