Objetivo Mendoza
Por Marcelo Torrez (El Sol) Así andan los candidatos de octubre, de aquí a allá y seguidos por un ejército de tuiteadores.
Por: MARCELO TORREZ marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
El tema es simple: necesitan hacerse ver, sentir, demostrar que están presentes y atentos a los problemas de cada uno; se ven obligados a sobresalir, a no pasar desapercibidos, a ser simpáticos, agradables, pero, a la vez, demostrar seguridad, firmeza consternación cuando se dan con la miseria, con los reclamos por la inseguridad, por los pedidos de más inclusión y oportunidades. Necesitan ser casi actores de teatro y, encima, no improvisados, sino de buen nivel, dúctiles y encantadores.
Así andan los candidatos de octubre, de aquí a allá y seguidos, algunos más, otros menos, por un ejército de tuiteadores que loan sus características y de lo que pueden hacer por la provincia. Pero quién, de los tres con más chances –Paco Pérez, Roberto Iglesias y Luis Rosales–, ha alcanzado la meta de imponerse en medio de la jungla, de lograr sacar una luz de ventaja sobre el resto, porque mucho de eso se tendrá en cuenta cuando los mendocinos entremos a votar en poco más de quince días.
Serán flashes, imágenes, la ideafuerza final que se haya logrado hacer prender en la campaña, los que tendrán en ese momento, en el cuarto oscuro, un protagonismo especial. En los comandos de campaña están atentos a ese fenómeno, el del último minuto, y por eso todavía no terminan de delinear cómo serán los cierres de campaña en un contexto dominado por las redes sociales, en donde el universo que las habita es esencialmente de jóvenes que se están incorporando al mundo de las elecciones y la gran mayoría de ellos no tiene idea todavía de quiénes son los que les piden el voto y para qué.
A comienzo de semana, cuando Pérez y Ciurca visitaron a la presidenta en Olivos y obtuvieron la soñada y preciada foto con Cristina en su despacho y lograron las imágenes del nuevo spot que mostrará a la dupla del oficialismo en pose de trabajo junto a la jefa de Estado, aquí en Mendoza, los asesores cercanos puestos a nutrir de contenido la estrategia electoral, advirtieron que Paco y Ciurca están siendo derrotados en el plano de las ideas, de los proyectos, pero, especialmente, en el de los temas con los que se alimenta la campaña, más allá de los spot televisivos, los jingles, las canciones pegadizas, las miradas atentas y circunspectas de los candidatos en los carteles y en la televisión.
Iglesias, a quien el oficialismo subestimó al comienzo de la campaña por los graves problemas internos que atentan contra el radicalismo y su necesidad de sacarse de encima al candidato nacional Ricardito Alfonsín y cómo toda esa historia repercutiría en la sociedad, ha impuesto el corte de boleta de tal forma que ya todas las encuestadoras que trabajan con el humor social de los mendocinos de cara al 23, están advirtiendo sobre un fenómeno que podría llegar a un nivel histórico, superando el 15 por ciento famoso de 1999, que acercó al demócrata Carlos Balter a la Gobernación en la lucha que ganó, precisamente, Iglesias, con el arrastre del fenómeno, por entonces de la Alianza de Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez.
No se sabe bien qué ocurrirá finalmente, nadie puede tener la certeza ni nadie puede asegurarle a Pérez y Ciurca cuál será el resultado. Y eso es lo trascendente y rico del proceso electoral de Mendoza, que ha concitado la atención de todo el país, porque de todos los distritos provinciales en los que se elegirá gobernador, nueve en total, el 23, en todos descartan triunfos del Frente para la Victoria, a excepción de San Luis, un feudo irreductible de los Rodríguez Saá, y Mendoza, territorio que pelearán duro con los radicales y los demócratas.
La fortaleza que la fórmula oficialista cree tener –la de ir pegada a Cristina y que cotiza al más alto nivel en la tómbola electoral– no es suficiente para asegurar el triunfo. Y, salvo esa carta, un as de espadas en verdad, no parece haber otra fuerte como para apuntalarla. Es que el ánimo triunfalista que ha invadido a buena parte del entorno de la dupla Pérez-Ciurca –a excepción de ese grupo que advierte luces de alarma encendidas– le impide al oficialismo ver que no son invencibles, que, en Mendoza, la historia puede ser otra y que, cuando se den cuenta, quizás sea tarde.
En la Nación, sin embargo, ven algunas señales de esas que aquí se subestiman. Y allí, en el corazón del cristinismo, no hay margen para perder un distrito como Mendoza, simbólicamente muy fuerte y emblemático. De ahí, el hueco en la agenda de Cristina para las fotos con Pérez y Ciurca y la maratón de visitas de personajes fuertes como Amado Boudou y otros no tanto, pero que suman, desde ya.
A un costado de toda esta discusión aparecen los desafíos de la próxima gestión, la que será acechada por todos lados en un contexto de intereses políticos y económicos que harán fuerza por imponerse e influir decididamente en el gobierno que suceda al de Celso Jaque.
En un contexto internacional complicado para Mendoza en el plano de las inversiones por venir, luego de lo ocurrido con la minera San Jorge, que, más allá de que toda la clase política lo haya capitalizado en el clima electoral, la provincia puede pagarlo caro en su afán de atraer inversiones no sólo mineras, sino de todo tipo, porque afuera no se analiza si los políticos mendocinos tuvieron más o menos resistencia, sino que se fijan en la habilidad de la política para desactivar esos conflictos de manera inteligente y favorable para todos.
El uso y control de los recursos estratégicos tendrá una presencia fuerte en la agenda del próximo gobierno y se impondrá aunque el asunto no sea prioritario para quien resulte electo, sino por la presión que ejercerán, sin dudas, los privados que ya están instalados en Mendoza y que tienen bajo su mando la explotación y la distribución de tales recursos.
Allí hay un temor implícito que será visible para el sucesor de Jaque, porque se cree que Cristina buscará profundizar el modelo que tantos réditos le ha deparado a su administración, decisiones acompañadas por la inmensa mayoría del pueblo, por supuesto, pero que a los privados los llena de incertidumbres, como las posibles estatizaciones y repatriaciones de concesiones hoy en sus manos.
La energía, el petróleo y la minería serán los temas a resolver en poco tiempo más, y el Estado mendocino deberá ocupar el rol que la Nación de alguna u otra manera está señalando de forma fáctica y discursiva. La próxima administración deberá tener en cuenta el movimiento de los privados, en especial con algunos de ellos, que ya merodean a los candidatos –mucho más a los del oficialismo– para dejar sentada la presencia de su calor, muchas veces abrasante y peligroso, en el armado del gabinete.
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