El último cartucho
Por Marcelo Torrez La campaña, con sus errores, sus chaturas, ha desnudado debilidades del elenco gobernante en la provincia.
Por: Marcelo Torrez marcelo.torrez@elsoldiario.com.ar
Los tiempos se acortan y el margen de error se hace cada vez más estrecho. El día de la verdad está más cerca y la ansiedad se apodera de los comandos de campaña de los candidatos con más chances. El peronismo, o Frente para la Victoria kirchnerista, es el que más responsabilidad tiene frente a la elección y el que pone más en juego.
La campaña, con sus errores, sus chaturas, su vuelo corto y bajo, ha desnudado, sin embargo, ciertas debilidades del elenco gobernante en la provincia que le hacen temer, de tanto en tanto, como apariciones fantasmagóricas, como meros raptos y escenas que se le presentan fugaces y lacerantes, que puede llegar a perder en manos de la oposición.
Este fenómeno, visto hacia dentro por los ideólogos y custodios de la estrategia de campaña y que apuntalan a los candidatos del oficialismo, provoca un esfuerzo por intentar tranquilizar a la tropa y se explica que en verdad el FPV no tiene nada que temer; que lo que se cuenta, lo que se dice, lo que se difunde a través de algunos sondeos no son más que maniobras interesadas de los medios, a los que les conviene llegar al tramo final de la campaña con la sensación fuerte de que nada está dicho.
La visión se difunde bien en el seno de quienes custodian los intereses del Gobierno y del movimiento, a lo que agregan una lectura más que les resulta funcional para mantener activa y en movimiento a la militancia, a la fuerza que actúa en los departamentos, en los barrios y en el sector de la sociedad en donde es necesaria la contención de los votos que, se creen, serán afines: mientras más se diga que la elección será reñida y peleada, la fuerza de punteros seguirá activa; por otro lado, si se instala la idea de que ya se ganó, el relajo de las fuerzas podría ser fatal para lograr el objetivo.
Si algo bueno tiene Mendoza para rescatar es esa costumbre de su sociedad de decidir, cada tanto, alternar su conducción y disponer un cambio de manos del poder. Es un rasgo que la distingue por sobre el resto, claramente. Y es un fenómeno que tiene explicación y que no se da de manera azarosa y arbitraria.
Hay razones directamente relacionadas con la efectividad de la gestión, con el nivel de aciertos y el bueno o mal resultado de las políticas encaradas, que se suman a otras explicaciones, vinculadas con el contexto nacional, por un lado, y también con las alquimias que la dirigencia ensaya pensando más en el interés particular, de unos pocos, que en el de la mayoría.
Y así, entonces, como sucedió en el 2007 en parte, se conjugó un contexto particular que derivó en aquel sorprendente resultado electoral que lo depositó a Celso Jaque en la Gobernación: una administración radical, la de Julio Cobos, que había hecho agua en áreas muy sensibles, como la salud y la seguridad, por caso, lo que se sumó al acontecimiento que lo tuvo al hoy vicepresidente como protagonista absoluto: la división de la UCR con la sangría de dirigentes que fueron cooptados por el kirchnerismo, derivando en una propuesta electoral que no fue del gusto del paladar mendocino ni del radical tradicional ni tampoco de aquel independiente que no regala el voto y que vende siempre a muy alto precio.
Hoy, en Mendoza, aparecen indicios y algunos destellos que alimentan la posibilidad de un cambio de mando a nivel político, lo que se explica en parte por el machaqueo de la campaña de los dos opositores más importantes: Roberto Iglesias y Luis Rosales, que instan al corte de boleta y que, en el caso del radical, podría haber incrementado sus posibilidades si no se hubiera divorciado absolutamente de su candidato a presidente, Ricardo Alfonsín, hecho que le costó la apertura de un frente por donde le entró, inteligentemente, el oficialismo, remarcándole esa debilidad .
De esa manera, tampoco se sabe muy bien si le resultará favorable a los candidatos del oficialismo esa decidida actitud de ignorar la gestión de gobierno de Jaque que, pese a la mala imagen del gobernador, ha tenido puntos altos en varios aspectos y que son reconocidos en los sondeos que se están realizando de forma permanente. Esa línea de acción que no garantizó un buen resultado, y que fue ordenada desde la Nación e impuesta por los gurúes de la campaña de Paco Pérez y Carlos Ciurca, es la que tomó Iglesias para denostar a su adversario.
Así como Iglesias no tiene candidato a presidente por su errónea elección, de la misma manera, Pérez optó por negar una gestión en la que pudo apoyarse y que, sin embargo, le sirvió en bandeja el plato a la oposición para que se hiciera un festival con la pertenencia de los candidatos a una administración que ha sido asumida en la intimidad, por los propios candidatos del oficialismo, con mala imagen.
Estos fenómenos, el de Iglesias despojado voluntariamente de candidato a presidente, confundiendo en parte al electorado y renunciando al 6 o 7 por ciento que le podría aportar Ricardito –o quizás un poco más, si lo hubiese tomado como propio–, y el de Pérez, haciendo un esfuerzo fenomenal para alejarse cada vez más de Jaque y de una realidad que, bien usada, podría haberla capitalizado en gran medida, han sido el condimento curioso, exótico, que reinó en esta campaña electoral que ingresa en su última semana y que, por eso mismo, no le da garantías a nadie del triunfo que buscan desesperadamente.
Y ya, en la recta final, Luis Rosales, el candidato de los demócratas, es quien con más osadía enfrentó el momento. Claro está que lo hizo obligado, porque es el que más esfuerzo debió hacer para mostrarse, para sobresalir, para aparecer como una alternativa a las tradicionales. Y la carta que jugó en el tema de la seguridad ha sido fuerte y peligrosa pero muy efectiva.
Es peligrosa, porque al aparecer en televisión sacándoles las esposas de las manos de los policías, inmovilizadas supuestamente por decisión política a favor de la delincuencia, genera una expectativa temeraria, tanto para el garantista como para aquel que pide mano dura. Otra vez el mensaje que colisiona con quien teme los excesos de una policía que supo ser de las más bravas en los tiempos negros, y el que cree que, en realidad, la fuerza está sometida a un poder político que no quiere que actúe para que no salgan a la luz sus negociados y acuerdos con el mundo del hampa.
Para el final, un dato interesante que surge de un trabajo de opinión pública que realizó Carballo y Asociados Consultores SA en todo el país. A una semana casi de los comicios, hay una mayoría de ciudadanos a la que le gustaría ver a una oposición articulando un discurso creíble y alternativo, todo lo contrario de lo que sucede hoy. ¿Y cómo se refleja eso? En el hecho de que quiere ver a los candidatos opositores en un frente común.
La consultora preguntó a los encuestados si quiere a los candidatos juntos, en una alianza, o solos. Y la tendencia indicó que, pese a la experiencia del 99 con Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez, se permitiría un acuerdo opositor alternativo pero entre los que tienen más chances de hacer una buena elección, descartando el triunfo de Cristina, desde ya. El 36 por ciento opinó que Alfonsín se debería bajar y 34 por ciento que Eduardo Duhalde también debería renunciar.
En cambio, 41 por ciento, en el caso de Hermes Binner, y 40 por ciento, en el de Alberto Rodríguez Saá, opinaron que deberían buscar una alianza para hacer un frente alternativo. Claro, no se sabe si juntos, entre ellos o con otros candidatos, pero es una señal del escenario que se levantará con vistas al 2015. Pero eso será otra historia.
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