La devaluación del federalismo
La advertencia hecha por funcionarios del Gobierno central para evitar que en las provincias se suban las tarifas es una muestra cabal de la falta de independencia que tienen los gobernadores a la hora de la toma de decisiones.
Por: EL SOL
Más allá de los discursos, más allá de las promesas y más allá de la mayor o menor simpatía que pueda existir entre un grupo de gobernantes, la realidad pasa y se construye en la Casa Rosada. Y es exclusivamente ahí. Ya no se trata de la provincia de Buenos Aires o de la Ciudad de Buenos Aires. No. Toda la política nacional se decide en el círculo de confianza presidencial, y allá, lejos y relegado queda el concepto de federalismo celebrado en la Constitución nacional.
La advertencia hecha por funcionarios del Gobierno central para evitar que en las provincias se suban las tarifas es una muestra cabal de la falta de independencia que tienen los gobernadores a la hora de la toma de decisiones. No es un problema exclusivo de Mendoza, de Celso Jaque o de Paco Pérez. Pasa en todas partes: la relación de poderes es desequilibrada y no hay forma de negociar. Ni a favor ni en contra.
Es premio o castigo. La postura tomada por el Gobierno nacional para evitar la suba de tarifas agarró de contramano al gobernador electo de Mendoza. Aún estaba contando votos cuando explicó que era necesario reformular algunas cuestiones vinculadas con el precio del boleto de colectivos y el costo del servicio de luz eléctrica.
En medio de ese envión y de la negociación para ver si era él o el gobernador saliente el responsable de tomar una decisión tan antipopular, llegó la advertencia surgida del seno del Ministerio de Planificación Federal: aquel que se anime a dar un paso sin el visto bueno de la Casa Rosada podrá ser sancionado con la quita de subsidios para otros servicios básicos en la provincia.
Y ahí, sí, las consecuencias iban a ir mucho más lejos que el malhumor pasajero de la gente. El viaje a Buenos Aires de Paco Pérez para interiorizarse y conocer el tema a fondo pone de manifiesto qué ocurre y cómo se cambian los planes de una gestión provincial cuando desde la jefatura política se decide actuar de manera inversa.
La solvencia política y financiera de las provincias, cualquiera sea, se debilitó históricamente con este tipo de episodios. Es cierto que aquellos que simpatizan ideológicamente con el modelo del Gobierno nacional deberían ejercer el poder en consecuencia. Aun así, eso no debería ser impedimento para tener la capacidad de decidir por sí mismo.
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