El camino a seguir en busca de justicia
Hay que dejar en claro cuál debe ser el camino a seguir para la búsqueda de justicia y escapar de los falsos justicieros o de quienes prometen fórmulas que resultan tan o más violentas que los mismo hechos.
Por: EL SOL
Los casos de niños asesinados en las últimas semanas en Argentina han provocado una alarmante reacción de quienes profesan, aún en el siglo XXI, la idea de la Ley de Talión y su trillado "ojo por ojo, diente por diente". Es una reacción cargada de agresividad que surge luego de hechos de extremada violencia, sin dejar lugar a la reflexión, al debate y a averiguar cuáles son los problemas sociales que pueden estar detrás de estos crímenes.
Sin dudas, los responsables de estos homicidios deben ser condenados –luego de un juicio en el que se respete su derecho a defensa– a las máximas penas contempladas por las leyes nacionales. Sólo de ese modo se hará justicia bajo el formato de un Estado de Derecho, y se dejará de lado el concepto primitivo de revancha. El Código Penal de la Nación, en cada uno de sus artículos, guarda una serie de pensamientos que van más allá de una crónica policial. Intenta contemplar sensaciones, sentimientos y filosofías que motivan los actos criminales y sus respuestas inmediatas.
Por eso, por ejemplo, existe la figura de la "legítima defensa", que hasta incluye la posibilidad de que, bajo esa idea, se cometa un exceso cuyo daño sea superior al peligro que la supuesta víctima enfrentaba. También existen las emociones violentas. Son momentos en que una persona puede dejarse llevar por sus impulsos; estimulados de tal manera, que la agresividad llega al paroxismo.
Pero son situaciones límite, que son tomadas como atenuantes frente a cualquier tribunal porque, se entiende, existe una pérdida total de conciencia sobre la conducta aplicada, y el comportamiento humano se vincula directamente con sus valores primitivos de supervivencia. A partir de estos datos, hay que dejar en claro cuál debe ser el camino a seguir para la búsqueda de justicia y escapar de los falsos justicieros o de quienes prometen fórmulas que resultan tan o más violentas que los hechos descriptos.
No se puede legislar ni tomar decisiones inmediatas como resultado de esas emociones violentas, que son comprensibles únicamente en quienes se ven afectados de manera directa. El resto es demagogia. Porque, de lo contrario, nos alejaremos cada vez más de la razón. Y eso sí es peligroso.
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