Gobernar con respeto y seriedad

Con el derrumbe del gobierno de la Alianza, caerían además los magros créditos de confianza que había logrado retener, todavía, la clase política, la que había sido desprovista de cualquier respeto y credibilidad.

01 de Diciembre de 2011 09:34

Por: El SOL

Este diario recuerda hoy, en un informe especial (ver páginas 6 y 7), el inicio de aquella debacle que llevaría al país al abismo, conducido por un Fernando de la Rúa desprovisto de sentido común y mucho más de aquel instinto y visión especial con los que deben contar los mandatarios al frente de un Estado soberano.

Con el derrumbe del gobierno de la Alianza, caerían además los magros créditos de confianza que había logrado retener, todavía, la clase política, la que había sido desprovista de cualquier respeto y credibilidad luego de los resultados nefastos que había dejado en el país el régimen de Carlos Menem –quien, dicho sea de paso, asumió ayer como senador de la Nación–, durante los diez años de aquel recordado gobierno de los 90.

Sin embargo, el pueblo argentino pudo ponerse de pie con sus contradicciones, sus necesades, su buena dosis de cinismo, es verdad, pero con el objetivo puesto en salvar una sociedad de entre las cenizas. Lo que vino después, con aquellos dos años de transición comandados por el bonaerense Eduardo Duhalde, resultó la base de la recuperación.

Hoy puede decirse que el país se enderezó gracias a la apuesta que se hizo en un político que construyó poder de la nada y restableció la autoridad presidencial con una voluntad de hierro, acompañado por la voluntad popular. Sin ese apoyo explícito y claro, ni Néstor Kirchner ni otro podría haber comandado la resurrección de Argentina. Lo que tuvo Kirchner, en verdad, fue la decisión de avanzar en una dirección que sus antecesores o no quisieron o no se animaron a transitar.

Argentina logró un presidente que la interpretara, y este, a su vez, el más preciado aval que un pueblo pueda darle a su dirigente, ser acompañado con el voto de confianza. Argentina ha ganado mucho en los últimos diez años, luego de haberlo perdido casi todo. Cualquier dirigente y partido político que la gobierne deberá comprender que hay mucho por hacer, corregir y refrendar.

Pero, lo más importante es que nunca se podrá ir en contra de la voluntad mayoritaria de un pueblo que ganó en confianza en sí mismo y que le reclama al actual gobierno de CFK, y al que la suceda dentro de cuatro años, más calidad, firmeza y respeto. 

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