EDITORIAL

Llamar las cosas por su nombre

La decisión de Chile de convertir la palabra "dictadura" en un tabú pone en relieve el valor de los juicios contra los represores en Argentina.

05 de Enero de 2012 06:28

Por: El Sol Diario

Las comparaciones no siempre son odiosas. A veces sirven para apreciar las virtudes propias y ponerlas en relieve frente a realidades con características similares. Argentina se ha caracterizado a nivel mundial –ya no sólo regional– por ser uno de los pocos países que se animó a enfrentar su pasado.

Las investigaciones, los juicios abiertos y las condenas contra los responsables de violar sistemáticamente los derechos humanos durante la última dictadura militar nos posicionaron como una nación amante de la libertad. Con falencias y deudas sociales por solucionar y con focos de corrupción instalados en la vida democrática, aun así, Argentina marca la diferencia. Es un país que, con avances y retrocesos, decidió pelear contra la impunidad desde aquel histórico juicio a las Juntas durante el gobierno de Raúl Alfonsín –cuando la democracia era todavía débil y quedaban resabios del proceso militar– hasta el récord de imputaciones y de condenas contra represores en el 2011.

Luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Argentina comenzó a atravesar su última y más violenta dictadura. De eso se trató. Y si bien siempre existieron sectores que intentaron ocultar el pasado, la memoria y la justicia se terminaron imponiendo. Vale ir al diccionario de la Real Academia Española para repasar la definición de "dictadura": 'gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente'. Lo mismo que ocurrió aquí sucedió en los países vecinos.

Chile, por ejemplo, sufrió una dictadura más extensa que la de Argentina. Pero, la gran diferencia, es que la justicia nunca llegó para los máximos responsables de cometer delitos de lesa humanidad del otro lado de la cordillera. Y hoy, "dictadura" es una palabra tabú, borrada de los libros escolares y remplazada por "régimen" para describir los años de plomo de Augusto Pinochet. Todo un síntoma de una sociedad que sigue dividida y con sus heridas abiertas.

El día que fueron condenados los represores que actuaron en Mendoza, este diario llevó como principal título de tapa la siguiente frase: "En paz con la memoria". Una síntesis del valor que tiene reconocer y asumir el pasado para poder construir el presente y pensar en el futuro. 

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