El rol de una oposición madura
Las peleas públicas durante el debate presupuestario poner a la oposición en una situación compleja frente al papel que debe tener para controlar las actividades del oficialismo.
Por: El Sol Diario
Inmediatamente después de las elecciones Primarias, y a raíz de la cantidad de votos obtenidos por Cristina Fernández en esa suerte de primera rueda electoral, desde la oposición salieron a militar una idea para contrarrestar la derrota y advertir cuáles eran los riesgos de que el oficialismo recibiera tan fuerte aval.
La consigna fue simple: si el Ejecutivo obtiene, además, mayoría en la Cámara Baja y en la Cámara Alta, corre peligro la institucionalidad democrática. El discurso se trasladó desde el contexto nacional hacia las provincias. Y algo de razón había. En el juego de la democracia es tan importante tener un oficialismo fuerte como una oposición consolidada y con vocación para cumplir el rol de contralor.
En definitiva, es el equilibrio de fuerzas ideal. El problema se presenta cuando la oposición tiene varios frentes díscolos en su seno. Es allí cuando deja librado a la voluntad del partido gobernante el destino de la Provincia o del país. Eso ocurrió en Mendoza con el debate sobre el Presupuesto 2012. Luego de arengar a través de los medios que no permitirían que el gobierno de Francisco Pérez se saliera con la suya e incluyera en la pauta de gasto público un número llamativo de empleados estatales nombrados por Celso Jaque, esa consigna quedó sólo en un hecho discursivo. A la hora de votar, la UCR, que representa a la oposición fuerte en Mendoza, votó de manera unánime pero dejó traslucir los problemas y las peleas que el partido tiene puertas adentro. Sus legisladores –lejos de presentar una postura firme– terminaron discutiendo entre ellos en público, para después maquillar el voto a favor del proyecto oficial de Presupuesto como una decisión adoptada para "no poner palos en la rueda".
En este punto debe producirse un sinceramiento político. No se trata de trabar por trabar. De lo contrario, se desvirtúa el espíritu legislativo. Pero si existen argumentos válidos para cuestionar un proyecto, discutirlo y resistirse porque en ello se pone en juego el futuro de la Provincia, la historia es diferente.
Es allí donde debe primar el debate maduro y franco para defender ideas y proyectos. Si eso no ocurre, se convierte en una mera puesta en escena.
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