Las incógnitas de Pérez
Por Marcelo Torrez. Paco ha gozado de la luna de miel de todo gobernador nuevo. Sin embargo, aún no se sabe cómo le irá con los frentes de conflicto que aparecen en un horizonte cercano.
Por: Marcelo Torrez
Una referencia pública de la presidenta, cualquiera sea y sin importar el tema, mueve el piso. Cuando el miércoles en la tarde, en su reaparición luego de la operación de tiroides, la jefa del Estado lo alentó con un "¡Vamos, Paco; vamos, Paco!", el gobernador mendocino debió haber tocado el cielo con la manos, literalmente.
Fue una ráfaga, apenas un instante en el registro de televisión para todo el país, pero lo suficiente para que Pérez haya ratificado en la intimidad su convencimiento personal de que está llamado para grandes cosas en el Olimpo cristinista.
Al gobernador, las cosas le salen como las había soñado y, a su alrededor muchos, se inclinan y ya hacen reverencia a su estrella personal.
Sucumben ante la realidad que se le va presentando a un Pérez que todavía no cumple dos meses en el Gobierno. Logró que le aprobaran las leyes más importantes del año, con ajustes impositivos y todo, que han causado un profundo malestar en varios sectores de la economía que venían de vivir una fiesta de varios años y que, de pronto, se encuentran ante un escenario en donde las ganancias se achican por las nuevas grabaciones fiscales; sus apariciones públicas suelen estar montadas de cierto aire festivo, como la presentación de la temporada de fútbol en el estadio o como el anuncio nacional de la Fiesta de la Vendimia, acompañado por Amado Boudou, Diego Bossio y otros referentes cristinistas. El camino que se ha trazado, en síntesis, de "espíritu grande" con trascendencia nacional, se mueve tal como estaba previsto para el gobernador.
Sin embargo, a Pérez se le abren, incipientes, frentes de conflicto que deberá atender y es allí en donde aparecen las primeras dudas sobre su temple, su fibra y su actitud para tomar decisiones políticas que le traerán indubitablemente turbulencias mayores.
Los intendentes, en principio, esperan señales claras de su gobierno para darle batalla a un escenario de recursos escasos. Y, con plata, cualquiera gobierna. Sin ella, obliga a un esfuerzo adicional para enfrentar reclamos y fuertes presiones para dar giros al rumbo.
Hay dos debates que el gobierno de Pérez debería encarar con convicción y aprovechando el momento de "sintonía fina" que se tiene con la Nación. Son asuntos que Mendoza no ha podido destrabar, por cuestiones culturales, por falta de información, por idiosincrasia, por miedo o porque su conducción política ha evitado para ocuparse de temas más inmediatos y ordinarios –también por mezquindades–, movida por las urgencias que aparecen y que impiden avocarse a lo estructural, a los temas de fondos. Pérez parece estar dispuesto a dar esa batalla. Pero, por ahora, sólo parece, lo que no significa que garantice que irá por ahí. La reforma constitucional y la discusión frontal y sincera sobre la matriz productiva y económica de la Provincia son esas deudas.
La duda existencial es si el Gobierno permitirá avanzar en la discusión de ambos temas o, si bien, los usará para fijar una posición que le permita cumplir con sólo un mandato histórico, políticamente correcto, sin ir por la transformación real que, posiblemente, no le permita ver los frutos ahora.
Pérez ha planteado avanzar con la reforma integral de la Constitución, instalando el debate. Y, por otro lado, ha activado el debate interno para hallar alternativas al perfil agrícola de la provincia, lo que obligará a poner sobre la mesa sus resultados frente a los costos y los beneficios que genera. Abrir o no la provincia a otro modelo económico, complementario de lo que hay, debería ser la meta. El punto es que para llegar a esto hay que afrontar costos políticos serios y es allí, en ese campo, donde afloran las dudas sobre Pérez. Más que nada porque se desconoce cómo actuará frente al mínimo cimbronazo que reciba en contra.
Las idas y vueltas en torno al controvertido tema minero avizoran un panorama complicado en ese sentido. Y sobre este punto es una incógnita qué decidirá Pérez una vez que llegue a Mendoza la presidenta, dispuesta a darle un aval
fuerte al desarrollo minero, en febrero, cuando recorra la mina de sales de potasio en Malargüe que explota la brasileña Vale. No se nota, en principio, por parte del gobernador, el impulso de una política de "sintonía fina" que hoy avala sólidamente Cristina Fernández pese a los reclamos ambientalistas, hoy concentrados en Famatina, La Rioja. Pero se verá, porque hay quienes aseguran que el gobernador mendocino pactó en la Rosada un accionar como el que muestra, algo contradictorio y confuso a propósito, para evitar un enfrentamiento con las organizaciones verdes.
Un dato: si Pérez no logra abrir caminos tanto en el exterior como en la Nación que le aseguren cierta tranquilidad financiera para sostener los reclamos, deberá inclinarse, tarde o temprano, a las alternativas económicas que tanto rechazo causan a nivel social. Y es ahí en donde tendrá que mostrar toda su capacidad de persuasión para hacer cambiar esa visión o para imponerse administrando el poder que hoy busca ampliar.
Con la reforma constitucional le sucede algo parecido que con lo anterior: ha planteado la necesidad de avanzar, pero la duda surge sobre su límite cuando la oposición lo comience a condicionar con la reelección y el reclamo para que se excluya y que lo haga públicamente, cuando Pérez pretende no quedarse fuera porque está convencido de que la Nación lo ayudará y alentará para que su gobernación no tenga sobresaltos, siempre y cuando vaya creciendo en lealtad y servicio al proyecto nacional.
Y aquí es, en este punto, donde se asienta su máxima aspiración, y que está en un estadio superior al de su hipotética reelección, más cerca de la ciencia ficción de la política que de la realidad.
Paco sueña con trascender a la arena nacional. Su ambición y la de quienes tiene alrededor lo lleva a pensar que su nombre podría estar en la discusión de aquellos dirigentes kirchneristas jóvenes guardianes del proyecto cristinista, para sostenerlo más allá del 2015. Toda una meta.
Ahora bien, cómo hará Pérez para avanzar en el objetivo de instalarse con chances a nivel nacional sin descuidar a Mendoza, como sí hicieron quienes soñaron con eso antes que él.
A medida que pasan los días con Paco en la Gobernación van apareciendo también las especulaciones sobre los objetivos que tiene enfrente. También muchos enigmas, porque lo poco que va mostrando deja una estela de dudas sobre la fortaleza que mostrará para avanzar, a sabiendas de que pisará cayos y que deberá romper viejas estructuras que casi forman partede una lamentable condición estructural de una Mendoza que, en algún momento, tiene que dejar de tener más de una cara.
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