Mendoza no es la Nación ni Paco es Cristina
Por Marcelo TorrezLa minería persigue a Francisco Pérez en sus primeros pasos por el Gobierno provincial.
Por: Marcelo Torrez
"¿Usted tiene un karma con la minería? Me demonizaron porque formé parte de un estudio jurídico y a lo único que me dediqué fue a Derecho de Familia y Derecho de Trabajo.
Tampoco creo en el efecto derrame de la minería. No creo que la actividad económica pase por ahí. Voy muy seguido a San Juan y el efecto derrame no se ve.
Los comercios siguen con toldos verdes y a manivela. Y la segunda ciudad sanjuanina en importancia, sin ofender a nadie, es Caucete. No podemos comparar Caucete con San Rafael". (Francisco Paco Pérez, gobernador de Mendoza, a El Sol, tres días antes de su asunción, el 9 de diciembre del 2011).
La minería persigue a Francisco Pérez en sus primeros pasos por el Gobierno provincial. Ha sido el distintivo de esta primera parte, en la que todavía goza del crédito amplio del pueblo que lo votó, y también del que no. Y como viene de vivir de cerca la experiencia del desprecio total hacia un gobernador de un gobierno del que formó parte y que –así y todo le permitió alcanzar la Gobernación– el jefe del Ejecutivo se horroriza de sólo pensar que pueda llegar a pasar por algo así, aunque sea una mínima parte de lo que le tocó en desgracia al ex jefe en el Ejecutivo. Pérez ha hecho y hará lo imposible por imponer una agenda en donde el asunto minero no esté en discusión.
Lo ha desterrado de su vocabulario. Hasta ha prohibido a sus funcionarios hacer alguna mención seria al tema si no están autorizados por él. Hay que hablar de petróleo y de "sintonía fina" sin importar que los radicales luego de una reunión salgan y digan –sin que eso haya sucedido– que les ha dicho que hasta es probable que se revisen los contratos con las firmas petroleras, porque lo importante es que se hable de otra cosa y no del karma.
No importa lo que sea o lo que se diga. Hablaremos de viviendas y del déficit y de la deuda social con los comprovincianos hartos de esperar un guiño para poder levantar sus casas; hablaremos hasta de paritarias si es necesario, con lo peligroso que se torna incursionar por los territorios en donde los dirigentes estatales se hacen tan fuertes como molestos para el Ejecutivo al momento de ponerle un número al porcentaje de aumento de salarios cuando no hay de dónde garantizar el pago.
Cualquier otro asunto es más tolerable y soportable que el establecimiento de un debate a fondo sobre el asunto minero. Nadie puede explicar en verdad el porqué de la pavura que se apodera del mandatario provincial cada vez que se le menciona el tema. Algunos intérpretes de tal comportamiento sostienen –ensayando una respuesta– que les teme a las tapas de los diarios, al efecto multiplicador de las organizaciones ambientalistas, a las que ve duchas en ese arte de hacer estallar, cuando les place, un efecto cascada de indignación popular o a los intendentes de aquellos departamentos que han abrazado la causa antiminera como una filosofía de vida. En concreto, nadie sabe bien por qué Pérez clausuró el posible desarrollo provincial hacia rumbos hoy inexplorados para Mendoza.
Hay que decir que el gobernador está logrando el objetivo. Cuando todo parecía que la situación se saldría de madres a su regreso del viaje por Estados Unidos, ante la velada amenaza de los caciques oficialistas de hacerle torcer el brazo del renunciamiento al desarrollo minero, Pérez los paró en seco. Pero pagando un costo. Impuso su condición de conductor del peronismo y hasta hizo alarde de tener un guiño de Cristina para manejarse con cierto grado de independencia de la política minera nacional si el objetivo que busca es mantener bajo control el humor social de Mendoza.
Claro que no todo le ha salido gratis al gobernador porque, si bien Cristina puede darse el gusto de humillar las estructuras y corporaciones políticas cuando le da la gana –maltratando al peronismo tradicional y a sus dirigentes– en Mendoza, Pérez, quien sigue a pie juntillas el modelo K, no tiene las espaldas suficientes como para semejante osadía replicando el modelo.
A qué va esto. A que en toda negociación siempre se pierde algo. Y, si bien todo parece indicar que el gobernador logró alistar y alinear detrás de él a intendentes quejosos y con peso específico propio como Abraham y Miranda, que lo cuestionan por renunciar al ingreso de nuevos recursos por la minería, ha debido aceptar también que aquí, en Mendoza, la estructura del peronismo todavía existe, que los intendentes no están pintados y que debe honrar a la militancia que sostiene en las bases su proyecto. Lo medular de la semana es que a Pérez le dejaron bien en claro que cualquier aventura en solitario para poder trascender a las ligas mayores, de acuerdo con sus ambiciones, por ahora y en Mendoza debe emprenderla con estructura; con la estructura de los intendentes, de la fuerza territorial, de algunos sindicatos amigos y varios otros sectores más, tal como manda el manual de la vieja usanza. La estructura, el aparato, ha visto a un Pérez arrancar con un ritmo acelerado.
Demasiado para el comienzo. Lo que se ha visto en los últimos días en verdad, ha sido una serie de sosegates como para que el gobernador dimensione el lugar exacto en el que se encuentra. El poder –le intentan decir con estas señales– se va construyendo. Al menos por ahora, pese a que el modelo de La Cámpora, el del cristinismo puro, el que le permite a la primera línea del gobierno de Cristina hacer y deshacer, no ha fraguado en la provincia. Por ahora, Pérez tiene que consensuar, acordar, buscar coincidencias y sopesar intereses. Precisamente, lo que se planteó en su momento antes de asumir: colocar el arte de la política por sobre cualquier otra cosa. Adormecida la cuestión minera por varios meses más, según parece (Pérez hablaría de dos años mínimo), el gobernador deberá administrar asuntos que, aunque complejos, pueden traerle algo de satisfacción según sus resultados.
La política petrolera, la creación de la empresa provincial de energía, la discusión con los estatales por los sueldos, la misma pretendida reforma de la Constitución que encarará su vice, Ciurca, con viajes al interior de la provincia y el plan de viviendas que hoy da a conocer, pueden sacarlo del fango minero y darle algo de estabilidad al humor.
Eso sí. Depende del éxito que tenga todo este plan y de cómo se explique.
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