La patria “redistributiva”

El autor plantea diferentes cuestionamientos en cuanto a las políticas implementadas por el Gobierno nacional.

28 de Diciembre de 2009 15:03

Por: H. Javier Tkaczek

Durante las últimas décadas, la Patria argentina ha ido adoptando distintos “motes”, que de alguna manera han intentado resumir el sentimiento de su pueblo, respecto de lo que consideraba la orientación, intenciones o ideología de los gobiernos de turno. Algunos ejemplos de ello lo son “La Patria Financiera”, “La Patria Peronista”, “La Patria sindical”, “La Patria Contratista”, “La Patria Privatista”, entre otras.

Hoy no nos equivocamos si afirmamos que nos encontramos ante la presencia de la “Patria Redistributiva”. Esto es, la permanente declamación y accionar en consecuencia del Gobierno nacional, sobre la necesidad de la “redistribución de la riqueza”, “redistribución de los recursos”, o “redistribución de los ingresos”. Numerosas medidas económicas llevadas a cabo desde el Ejecutivo indican claramente la tendencia en este sentido: los planes trabajar, las jubilaciones de amas de casas, la presión fiscal vigente, los subsidios de distintas naturaleza que se han implementado y el más reciente beneficio dispuesto para el pago de la asignación Universal por hijo a las personas que no poseen un ingreso en relación de dependencia, son sobrados ejemplos de lo que intentamos explicar.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Está mal que exista una política de redistribución del ingreso o de la riqueza? Indudablemente la primer respuesta que nos aflora es no. Por el contrario, resulta ético y justo que cualquier Gobierno republicano, democrático y con un amplio sentido social, tienda a atenuar las significativas injusticias que una brecha exagerada entre ricos y pobres genera en cualquier sociedad organizada.

Sin embargo, cuando estas políticas “redistribucionistas” se quieren aplicar en una economía debilitada, que no ostenta riquezas para redistribuir, las buenas intenciones terminan convirtiéndose en verdaderas falacias, que lo único que logran es aumentar las desigualdades, generar más pobreza e hipotecar el futuro.

¿La Argentina es un país rico?

Los argentinos siempre nos hemos ufanado de tener una Nación rica, con una geografía generosa; se nos consideró “el granero del mundo”, donde la carne, el trigo, el maíz, ahora la soja, generaban buenas divisas al país. En su momento contamos con la red de ferrocarriles más extensa de América latina, autoabastecimiento de petróleo, energía, etc., lo que nos permitió liderar el “ranking” de ingreso per cápita en la región.

Durante casi una década, en base a endeudamiento externo, logramos mantener un dólar artificialmente bajo, aumentar en consecuencia nuestros ingresos en la divisa norteamericana, y viajar por el mundo en actitud consumista, implantando la célebre frase del “deme dos”.

Sin embargo, debemos reconocer que no es Sudamérica, precisamente, la región del mundo más rica, siendo superados en el promedio mundial por América del Norte, Europa, Asia y Oceanía. Nuestro papel de “rey tuerto en el país de los ciegos”, y nuestras “mágicas recetas económicas” para sentirnos más ricos, nos hizo crecer nuestra autoestima en demasía, y cometer una serie de errores tan groseros que sumieron al país en una de las crisis más dolorosas a comienzos del nuevo milenio.

Lo cierto es que hoy, con tristeza, debemos reconocer que la Argentina dista mucho de ser un país rico. El cuadro comparativo del ingreso per cápita (ver cuadro 1) nos muestra con claridad que si bien en la región seguimos teniendo lugares de preponderancia, en comparación con los países desarrollados nos encontramos muy lejos. Hoy, países como Chile, con menores “riquezas naturales” que las nuestras, nos ha superado en base a una economía seria y ordenada, y otros “con riquezas naturales” quizás superiores a las nuestras, aumentan cada vez más la brecha que nos separa con la Argentina (como Brasil).

En el cuadro referido, vemos cómo la Argentina se encuentra lejos de los países desarrollados de Europa Occidental, Canadá, Japón, EEUU o Australia, e incluso muy lejos de la media de lo que se estima como ingreso para un país desarrollado (20.000 dólares anuales per cápita), ostentando un lejano puesto 59º en el concierto de las Naciones del Mundo.

La clave: generar riqueza para redistribuir.

La clave está entonces en generar riquezas, pues pretender aplicar políticas “redistributivas”, cuando no hay qué repartir, lo más probable es que se termine “redistribuyendo pobreza”. Pero claro, generar riquezas o recursos no es algo que se logre por una ley del Congreso ni un decreto del Poder Ejecutivo. Requiere de establecer bases sólidas de política económica, bajar impuestos, eliminar gastos y subsidios, terminar con privilegios, generar seguridad jurídica, incumplir compromisos políticos, apostar a la producción, el ahorro y la inversión, y sobre todo saber esperar.

Un País como la Argentina, con orden, estabilidad, seguridad, justicia, en el tiempo va a generar seguramente esas riquezas.

Lamentablemente, en los últimos tiempos, ningún Gobierno ha dado muestras claras de querer invertir para el futuro. Las respuestas deben ser ya, ahora, para la próxima elección, y las consecuencias de estos despropósitos han sido claras y evidentes: nos debatimos en una lenta agonía, un empobrecimiento paulatino, y lo que es aún peor, un renunciamiento tácito y sumiso a un futuro mejor.

H. Javier Tkaczek

Docente de Actuación Profesional de la UNCuyo, titular de Técnica Impositiva de la UDA y consultor impositivo CPN (UNCuyo), MBA (Universidad de Valparaíso).

Comentar noticia

IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.