En lo más alto, con sello propio
Cuando muchos ya pronosticaban el fin de su carrera, a los 30 años y con dos hijas, el suizo Roger Federer ganó su séptimo Wimbledon y recuperó el primer lugar del ranking, y relegó a Novak Djokovic y a Rafael Nadal.
Por: Efe
El suizo Roger Federer demostró, con casi 31 años, que el tenis es un deporte en el que el estilo puede más que el poderío físico y recuperó el número uno del mundo al tiempo que conquistaba su séptimo Wimbledon. Por detrás se quedaron los dos tenistas que habían dominado el circuito en los últimos dos años, el serbio Novak Djokovic, relegado ahora al segundo puesto del ranking de la ATP, y el español Rafael Nadal, que desciende también un peldaño, hasta la tercera plaza.
Nadal había demostrado que el serbio es humano en el último Roland Garros, cuando le impidió apuntarse cuatro grandes torneos consecutivos, y Federer se encargó en este Wimbledon de recordarle que hasta los más grandes pueden tener días grises. A sus 30 años, el suizo acumula ya 17 Grand Slam en un currículum que se ha convertido en uno de los más brillantes de la historia del tenis, pero hacía más de dos años, desde principios del 2010, que no lograba sumar otro gran torneo a su palmarés y algunos ya pronosticaban el declive de su carrera.
El nuevo número uno del mundo fue padre de dos niñas en el 2009, poco antes de ganar en Australia, y muchos habían augurado que su estabilidad familiar, sumada a una carrera en la que ya era difícil acumular más récords, acabaron con la magia de Federer sobre las pistas. Y es que para superar a Djokovic y Nadal, ambos en estado de gracia en los últimos dos años, era necesario estar en plena forma y la más mínima duda suponía quedar relegado a la tercera posición.
Esta vez, el suizo se mostró más que confiado y, tras un inicio de campeonato dubitativo, arrolló al ruso Mijail Youzhny en cuartos, dio una lección de juego ante Djokovic en semifinales y aguó la fiesta al héroe local, Andy Murray, en su octava final de Wimbledon. Las esperanzas del público del Reino Unido, que ve en Murray al único candidato posible para hacerse con un torneo que no gana un británico desde hace 76 años (el último fue el inglés Fred Perry en 1936), quedaron de nuevo frustradas.
Murray ya había levantado expectativas las últimas tres temporadas, cuando había alcanzado las semifinales, pero esta vez estuvo más cerca que nunca, en la final y un set por delante de su rival. Al final, Federer fue demasiado para él y terminó desmoronándose ante el tenis de precisión del suizo. El británico ha logrado meterse en el grupo de los cuatro mejores tenistas del mundo en los últimos tiempos.
Sin embargo, aún no ha dejado de ser la perpetua promesa del circuito, el jugador del que todo el mundo dice que acabará ganando no uno, sino varios Grand Slam, aunque todavía no tiene ninguno en su palmarés. A los 25 años, esta vez estuvo más cerca que nunca de lograrlo ante su público, que lo espera a final de mes para arroparle en los Juegos Olímpicos. A tres sets y sobre césped, cualquier medallero es posible en esta ocasión, según señaló gran parte de los tenistas a pocos días para que comiencen los terceros Juegos Olímpicos de Londres.
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