Intentaron tomar un terreno en El Algarrobal para edificar viviendas
Unas 80 personas, entre adultos y niños, llegaron a un lote ubicado entre calles Moisés Tubert y Las Rosas, para ocuparlo porque no tienen dónde vivir. Después de varias horas de diálogo y promesas de reuniones, se retiraron.
Por: Florencia Rodriguez florencia.rodriguez@elsol.com.ar
"Cuando me enteré de que estaban tomando terrenos, vine para ver si podía conseguirle uno a mi hija". Estas palabras pertenecen a Catalina Lima, de 56 años, y reflejan una realidad desesperante: el déficit habitacional. Ayer, un grupo de 80 personas, entre adultos y niños, usurpó un terreno ubicado entre calles Moisés Tubert y Las Rosas, de El Algarrobal, Las Heras.
Si bien la toma no fue prolongada, la convocatoria puso al desnudo un problema histórico que padecen miles de familias en todo el país y que aún no encuentra solución definitiva. La usurpación comenzó alrededor de las 13, cuando corrió la versión de que esas tierras, deshabitadas desde hace años, no tenían dueño.
En ese momento, un grupo de familias se acercó e inició la distribución de espacios en el extenso predio. Pasados unos minutos, el propietario se presentó en el lugar con efectivos policiales y funcionarios de Relaciones con la Comunidad, pertenecientes al Ministerio de Seguridad.
"Estas personas sólo querían un terreno para edificar sus viviendas, nada más", explicó Daniel Funes, uno de los oficiales presentes en el lugar ayer por la tarde. El uniformado relató, además, que, cuando ellos llegaron al solar, las familias ya habían comenzado a dividirse las tierras con estacas.
"Estaban organizados, pero, por suerte, todo fue muy pacífico y terminó bien", agregó. Diálogo mediante, la situación comenzó a descomprimirse sin mayores altercados. Los convocados aseguraron que estaban convencidos de que el terreno no tenía dueño. Esta afirmación se basa en que las tierras, pertenecientes a Alejandro Aníbal Arturo, de 51 años, están deshabitadas desde hace muchos años.
"Todo esto pertenece a mi familia hace más de 100 años", confirmó a El Sol el propietario, quien en el momento de la medida adoptada por los vecinos de la zona, estaba descansando en Uspallata junto con su familia. Pero, aunque no se registraron actos violentos, la iniciativa vuelve a poner en el centro del debate el déficit de viviendas reinante en todo el territorio provincial. Según los que tomaron la determinación de quedarse con unos metros de tierra, la desesperación los condujo a sumarse a esta propuesta.
La actitud también responde a la impotencia que aumenta cuando las bajas temperaturas azotan a los que no tienen casa. Afirmaron también estar cansados de las promesas que no se cumplen y pidieron ser escuchados. "Era para darle la posibilidad a una de mis hijas, que tiene 23 años y dos hijos. Ella estaba viviendo en una casa de mi hermano pero ya se la están pidiendo y no tiene adónde ir", explicó Catalina Lima.
Y continuó: "Encima, su marido se ha quedado sin trabajo hace muy poco. El terreno no era para mí, sino para ella. Yo tengo casa y ahora vivo con mis siete hijos, mi hermana y mis dos nietos". Esta realidad se repite entre los vecinos del lugar. Paola Villafañe, una joven de 23 años, explicó que su situación es similar a la de varios que adoptaron esta medida.
"Con mi marido tenemos cinco hijos chicos y vivimos con mi mamá. En la misma casa, también vive otra familia que tiene seis niños", describió. Villafañe señaló que con una pieza para cada familia les alcanza pero, dado que son más de 15 personas las que residen bajo el mismo techo, decidió "probar suerte".
"Me enteré de lo que estaba pasando gracias a una vecina y decidí venir a ver si se podía conseguir algo", declaró. Alrededor de las 17, el lugar había quedado completamente desierto. Los vecinos se retiraron con la promesa de un encuentro en el que confían que obtendrán una solución.
"Vamos a tener una reunión mañana en la Comisaría 16ª. Allí, van a tratar de conseguirle una vivienda a la gente que la necesita", explicó Catalina, con resignación pero esperanzada. A su lado, Dora Ibáñez, una mujer de 56 años, quien también estuvo en el lugar, manifestó su desazón: "Ya no sabemos qué hacer, vamos a los municipios, a todas partes y no nos dan ninguna respuesta".
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