Sociedad

El otro Le Parc: la mirada de las familias que viven en el asentamiento vecino

La inauguración del centro cultural más importante de la región despertó elogios en su apertura. Sin embargo, los vecinos del asentamiento ubicado en la ex estación del ferrocarril Belgrano viven en la inseguridad y la pobreza.

25 de Octubre de 2012 17:52

Los vecinos del asentamiento dicen que siempre son olvidados por las autoridades. Ampliar foto

Los vecinos del asentamiento dicen que siempre son olvidados por las autoridades. Foto:Noelia Guzmán

Por: Mauro Sturman mauro.sturman@elsoldiario.com.ar

La inauguración del Centro Cultural Julio Le Parc fue recibido con elogios y orgullo por los mendocinos. Sin embargo, unos metros más allá de la imponente estructura inaugurada el 15 de octubre por el Gobernador, Quino y el artista cuyo nombre lleva uno de los edificios más importantes de la región, se esconde una realidad que está mucho más cerca de la pobreza y de la inseguridad que del arte. Se trata del asentamiento ubicado en la ex estación del ferrocarril Belgrano, donde hace más de seis años habitan varias familias.

Se especuló mucho sobre el impacto que podría generar el arribo de un proyecto tan ambicioso como el Le Parc al distrito de San José, donde los vecinos manifestaron en reiteradas ocasiones la necesidad de buscarle una solución a la ola de robos que sufren desde hace tiempo.

Sin embargo, más allá de los aspectos positivos que los propios habitantes de la zona destacan, existen problemas de fondo que, al parecer, no fueron resueltos. Mientras que algunas voces exigen mayor presencia policial -sobre todo los comerciantes-, las familias del asentamiento afirman que son perseguidos por los uniformados, estigmatizados por la sociedad y olvidados por el Gobierno.

La cultura de la pobreza

Paula Corvalán vive en la ex estación del ferrocarril Belgrano y es la presidenta de la Asociación Alicia Kirchner, organismo que trabaja a diario para mejorar las condiciones de vida de los habitantes del lugar. Para ella, la construcción del Centro Cultural Julio Le Parc, no es motivo de celebración ya que, antes que el arte, tiene otras preocupaciones más urgentes como garantizarle un techo a su hijo. "Construyen tantas cosas y nosotros siempre quedamos afuera", afirma la mujer, que vive en el lugar hace seis años.

La falta de oportunidades es una constante para los habitantes del lugar, quienes afirman que la estigmatización a la que son sometidos no les permite acceder al mercado laboral. "Mi marido fue con la libreta del fondo de desempleo y le dijeron que no le podían dar trabajo porque vive acá", cuenta Corvalán, en relación a la expericiencia que le tocó vivir a su pareja cuando se comenzó a construir el Le Parc y fue a buscar trabajo.

No obstante, la presidenta de la Asociación Alicia Kirchner es consciente sobre el temor que los habitantes del asentamiento provocan en el lugar. "Es cierto que los chicos se drogan con poxirrán y le roban al que pasa por la esquina; pero es porque no hay trabajo ni inclusión", explica la mujer. Y enseguida agrega: "La policía pasa y nos tirotea; por ahí estamos adentro y nos disparan porque si".

El Gobierno y la promesa de entregar casas

Ante la crítica situación de los habitantes que habitan en el asentamiento, desde la municipalidad de Guaymallén afirmaron que están trabajando en el asunto. En diálogo con El Sol Online, el secretario de Desarrollo Humano de la comuna comandada por Alejandro Abraham, Pablo Gareca, afirmó que "los vecinos del lugar están incorporados a un programa de viviviendas que se va a desarrollar en la finca Badano". El predio, que está ubicado en el distrito de Bermejo, alojará a las familias que viven actualmente en San José. "Estamos en un proceso que llevará aproximádamente un año", afirmó el funcionario, en relación al tiempo que tardará en solucionarse la situación.

La apertura del Le Parc parece mostrar dos posturas bien distintas en torno a los vecinos que habitan en la zona. Mientras que para aquellas que tienen su vivienda frente al Centro Cultural la seguridad ha aumentado bastante, para quienes viven unas cuadras más allá del imponente edificio la situación cambia.

"Vivo en la zona hace más de 50 años y la verdad es que cambiado todo. Este era un lugar donde no se podía anda, ahora hay más policía", dice Cruz Salazar, una mujer que tiene su casa frente a la gigante estructura. Por su parte, la sensación de los comerciantes es que la seguridad no ha mejorado como se esperaba. "La inseguridad no ha cambiado mucho; hay más policía pero el problema son las villas", afirma Santiago Azcurra, empleado del comercio Emil-Mair.

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