EDUCACIÓN

La paliza pedagógica: pegarles a los niños por su bien

Mientras que sólo 20% de los docentes aceptan esta práctica, a partir del deterioro de la conducta en la clase y con el apoyo de 51% de los padres, el ministro de Escuelas, Infancia y Familias británico autorizó su retorno como "paliza razonable".

14 de Abril de 2010 08:03

Por: Alejandro Castro Santander

La tarea de ser padres o docentes obliga también a buscar las medidas más efectivas frente al comportamiento de nuestros hijos o alumnos. Algunos adultos deciden que lo más apropiado frente a la desobediencia o las conductas inadecuadas es poner normas claras y establecer un sistema de sanciones y correcciones, esto es, quitarles algo que les guste, no dejarlos salir el fin de semana o realizar actividades reparadoras. Para otros, estos recursos son insuficientes, y utilizan el castigo físico como medida disciplinaria, cuando la mayoría de los estudios subraya el efecto negativo que provoca esta práctica en el futuro desarrollo personal y social, convirtiendo lo que se considera correctivo en un enorme fracaso educativo.
En los primeros días de abril, cuando recibimos la noticia, algunos pensamos que se estaba transparentando lo que mayoritariamente padres y docentes en Reino Unido consideraban como formativo: el castigo físico corrige lo que hay de malo en los niños.
Prohibida esta forma de corregir en 1986 en las escuelas estatales y en las privadas durante 1999 en Inglaterra y Gales, en el 2000 en Escocia y en Irlanda del Norte en el 2003, la mayoría de las instituciones anticipándose, sin muchas convicciones, a la legislación ya habían abandonado voluntariamente esta práctica, aunque algunas escuelas cristianas privadas lucharon contra la abolición en los tribunales, sin éxito.
Mientras que sólo 20% de los docentes aceptan esta práctica, a partir del deterioro de la conducta en la clase y con el apoyo de 51% de los padres, el ministro de Escuelas, Infancia y Familias británico autorizó su retorno como "paliza razonable". El sindicato de docentes elogió la medida y el ministro para las Escuelas de la oposición recordó que la indisciplina y la violencia en las aulas se habían incrementado a causa de las desacertadas políticas de "no tocar" a los alumnos.una paliza y un beso lo arreglan todo. El castigo corporal a los niños en el hogar es ilegal en sólo ocho países de Europa, pero las autoridades británicas manifiestan que no seguirán ese camino, ya que la mayoría de las encuestas defienden el derecho de los padres a golpear a sus hijos y que el Gobierno no intervenga en la disciplina parental. Es así como las palizas deberán darse en un paradójico "contexto de cariño" y una ambigua "medida razonable", por lo que quedan prohibidos los golpes con elementos contundentes.
Lo que para la mayoría de los educadores es un retroceso en las formas de corregir a niños y adolescentes, para algunas culturas, privar a los niños de la "vara", como dice la Biblia, sería una grave renuncia a las obligaciones formativas de padres y docentes.
Según un estudio del 2005 realizado por Save the Children, pellizcar, gritar, insultar y humillar son formas de violencia contra los niños habituales y casi idénticas en todo el mundo. En la presentación del informe Amor, Poder y Violencia, esta organización ha realizado un análisis comparativo en 14 países (Perú, Bolivia, Argentina, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, India, Tailandia, Vietnam, Camboya, Hong Kong, Laos y España), y concluyó que de las 35 formas de castigo físico y psíquico encontradas, 21 son universales: se pega igual en Argentina que en Vietnam.
Entre estos castigos figuran las bofetadas, la nalgada, sacudir, dar patadas, golpear con una regla o cinturón, el tirón de pelos y de orejas, el insulto, el grito, la humillación pública, culpabilizar, encerrar a oscuras, los apodos, la comparación con los hermanos u otras personas, la mirada, el rechazo o la ignorancia y el silencio. Tal vez lo más preocupante del estudio es considerar como normales estas prácticas y no entender por qué se las debe erradicar.
En el 2004, Save the Children
desarrolló una consulta en España que concluyó que 46% de los niños considera innecesario pegar para educar, pero 47% opinaba que sus padres tenían derecho a pegarles.nuestra historia. Si bien a principios del siglo XIX ya podemos encontrar escritos sobre la prohibición del castigo físico en las escuelas (España y el Virreinato del Río de la Plata en 1813), lo cierto es que aún hoy algunos recuerdan el rebenque, el puntero, el tirón de pelos o el cachetazo, por citar algunos medios de "disciplinamiento". Estos castigos eran tolerados por las familias, ya que en los hogares se acostumbraba un "tratamiento" similar para el niño o adolescente desobediente.
Urquiza Almandoz (1972) cita del periódico porteño La Gaceta una referencia sobre los castigos físicos en las escuelas, al reproducir el decreto del Poder Ejecutivo del 9 de octubre de 1813 (ver aparte).
Cuando a mediados de 1813 Manuel Belgrano redactó el reglamento para las cuatro escuelas del norte (Santiago del Estero, Salta, Jujuy y Tarija), no hizo desaparecer por completo la pena de azotes, sino que reglamentó el número de golpes que el maestro podía aplicar a sus alumnos. Así, en el artículo 16 disponía que a ninguno se le podía dar arriba de seis azotes por defectos graves, y sólo por un hecho que pruebe mucha malicia se podía dar hasta doce, haciéndolo esto siempre separado de la vista de los demás. En el artículo 15 especificaba que el maestro podía imponer que los jóvenes "se hinquen de rodillas, pero por ningún motivo se le expondrá a la vergüenza pública, haciendo que se pongan en cuatro pies ni de otro cualquier modo impropio".
En la práctica, los castigos corporales continuaron aplicándose en todas las escuelas, pero en 1819, el director supremo Pueyrredón, dispuso que se pasaran "órdenes ejecutivas a todos los maestros de escuela, así en los conventos como fuera de ellos, bajo las más serias conminaciones, para que jamás vuelvan a hacer uso de un castigo tan ignominioso como bárbaro y degradante"."una cachetada a tiempo vale más que mil palabras". Hace ya mucho tiempo que se han decretado normas que protegen a los ciudadanos de los asaltos, a los soldados de ser azotados, a los prisioneros de guerra de ser torturados y a los ancianos y enfermos mentales de toda clase de golpes, pero en el nuevo siglo aún podemos encontrar sociedades que consideran legal, en defensa propia y como disciplina, pegar a los niños. ¿Cuántos adultos aceptan hoy que pegar a un animal es crueldad y golpear a un niño es disciplina?
La ciencia sigue insistiendo en que las palizas en la cola, los tirones de oreja y los sopapos no mejoran la conducta de los hijos a largo plazo, sino que incrementan las posibilidades de que se vuelvan personas agresivas, desafiantes, con predisposición a
desarrollar un carácter antisocial y a establecer luego relaciones violentas.
Sheldon y Eleanor Glueck empezaron en 1940 el estudio acerca de los niños delincuentes y no delincuentes. Ellos descubrieron que el golpearlos en los años tempranos de la niñez influencia a los niños para desarrollar comportamientos antisociales, agresivos y violentos.
Encontraron que entre más temprano y severo sea el castigo, será peor la agresión más adelante. Estos investigadores también descubrieron que los comportamientos menos antisociales están siempre asociados con niños que son criados desde la infancia dentro de familias no violentas, atentas, que apoyan emocionalmente y que no golpean.
El doctor H. MacMillan y su equipo entrevistaron a 4.888 adultos en Canadá y encontraron que "aquellos que fueron golpeados o cacheteados padecían con más frecuencia trastornos de ansiedad, comportamiento antisocial y depresión". Un 28%
desarrolló ansiedad o una depresión mayor, 13% tuvo problemas de alcoholismo y 17% abusó de las drogas o sufría ansiedad clínica.
Los Archivos de Pediatría y Medicina de Adolescentes reportan en el número de agosto del 98 que el golpear está asociado a la agresión y hace que los niños se comporten peor que antes del castigo.
En el 2002 se realizó una investigación para la Universidad de Columbia que estableció una lista de 11 conductas y experiencias asociadas al castigo físico, a partir de un análisis de más de 90 estudios realizados en los últimos cien años sobre el tema. Diez de esas conductas asociadas fueron negativas y sólo una positiva: la obediencia inmediata. En cambio, los expertos comprobaron que los niños se tornaban antisociales, les costaba internalizar qué está bien y qué está mal, eran más desafiantes y cuestionaban la autoridad. En los casos más extremos, se asociaba a conductas delictivas, alteraciones en la salud mental y a una mayor predisposición a convertirse en víctima de abuso físico.
Un estudio del 2007 entre padres que llevaron a sus hijos al Hospital Gutiérrez de Buenos Aires indicó que 68% todavía usa la cachetada, la "nalgada", el tirón de pelos o el "coscorrón" como método de disciplina. Las 475 encuestas realizadas a padres de niños de entre uno y cinco años encontraron que la mayoría consideraba al castigo físico como sinónimo de disciplina y que muchos repetían su historia. Así, 41% de estos padres también había sido "educado" a los golpes.
En la actualidad, la Asociación Americana de Pediatría aconseja a los padres que si dan una nalgada a su hijo luego le expliquen con calma por qué lo hicieron. Advierten que "un bebé de menos de 18 meses no entiende la conexión entre el chirlo y el mal comportamiento".voces no escuchadas. En los últimos años, las crisis han afectado de manera directa las condiciones de vida de los niños y adolescentes en América latina, convirtiéndolos en una población particularmente vulnerable. Por ese motivo, el secretario general de las Naciones Unidas designó al especialista Paulo Sérgio Pinheiro para que, a través de un estudio exhaustivo, presentara un cuadro general de la violencia contra los niños. En su informe (2006) revela que dicha violencia existe en todos los países del mundo, independientemente de las culturas, clases sociales, niveles educativos, ingresos y origen étnico, confirmando que la violencia contra los niños se encuentra "socialmente consentida en todas las regiones, y frecuentemente es legal y está autorizada por el Estado".
La consulta del estudio mundial correspondiente a América latina se llamó Las voces de niños, niñas y adolescentes sobre la violencia y participaron 1.800 chicos de estos países: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina y República Dominicana.
En América latina no se cuenta con datos exactos sobre el uso de castigos corporales en las escuelas que permitan afirmar la gravedad y frecuencia de tales acciones o si se trata de una conducta marginal u ocasional. El castigo físico, el maltrato psicológico y el abuso sexual se manifiestan en prácticas culturales de abuso hacia niñas, niños y adolescentes al interior de las instituciones educativas. Sérgio Pinheiro indica que sólo 42% de las niñas y niños en América latina y el Caribe están protegidos contra los castigos físicos en la escuela.
El estudio Acabar con la violencia legalizada contra los niños y niñas, iniciativa global para finalizar con todo castigo corporal hacia niños y niñas, realizado por Save the Children Suecia, establece un diagnóstico sobre la situación de la legislación de los países de la región sobre la prohibición "explícita" del castigo físico en la escuela y otros ámbitos, y denuncia: "Sólo cinco países latinoamericanos tienen leyes que prohíben expresamente el castigo corporal o físico en la escuela: República Dominicana, Ecuador, Honduras, Venezuela y Haití".disciplinar en la escuela. La utilización del castigo físico como recurso cuando se producen infracciones a las normas, es una de las prácticas que debemos erradicar si pretendemos mejorar el clima social en las escuelas. Si bien generalmente en los casos donde las faltas son leves se prioriza el diálogo, es a partir de que las faltas se agravan cuando las posibilidades de elegir formas de corrección positivas quedan reducidas.
No debemos olvidar que el castigo físico sólo consigue la obediencia en el corto plazo, y en aquellos niños que son sancionados de manera reiterada, la modificación de su conducta es mínima. Es necesario que la institución educativa gane credibilidad, y esto se consigue mediante fórmulas coherentes que permitan buscar implicar y responsabilizar al alumno en su propia formación.
Los adultos hemos perdido autoridad y efectividad en la función de formar en valores, moralidad, actitudes y habilidades para la convivencia. Padres, madres y docentes de la nueva modernidad nos hemos quedado cortos e insuficientes en las habilidades necesarias para desarrollar disciplina, fijar límites, desarrollar autonomía, responsabilidad y demás. Para muchos, la forma rápida de disciplinar es el castigo físico, y esta forma de violencia recibida en la niñez llevará a muchos futuros ciudadanos a utilizar la violencia para resolver sus problemas personales y sociales.
A pesar de que las relaciones de poder basadas en el autoritarismo han sido cuestionadas y en muchos casos modificadas en lo fundamental, aún predomina esta tradición punitiva, dominante, basada en el ejercicio del poder autoritario.
La nueva realidad de las familias, de las escuelas y de la comunidad exige hoy un replanteamiento de lo que significa autoridad, roles de autoridad y ejercicio del poder.

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