Miret: “No soy juez del Proceso, soy juez de carrera que actuó durante el Proceso”
El magistrado se defendió de las denuncias y desafió a que lo investigaran. Está acusado de haber sido partícipe necesario en delitos de lesa humanidad.
Por: Daniel Calivares daniel.calivares@elsoldiario.com.ar
Es, por el momento, el juez más discutido. En el Consejo de la Magistratura está siendo investigado por dos denuncias presentadas por el Gobierno provincial y los organismos de derechos humanos, a las que se agregó una denuncia penal.
Al mismo tiempo, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Cuyo comenzará a analizar la posibilidad de suspenderlo de sus funciones de docente de la Facultad de Derecho. En ambos lugares, las denuncias se apoyan en su rol durante la dictadura.
Se trata del camarista federal Luis Miret, que en el abrigo de su despacho se mostró ante El Sol seguro de lo que hizo antes, durante y después de la dictadura, e invitó a que lo investigaran. Acusó al Gobierno nacional de querer quedarse con su cargo y aseguró no recordar haber visto detenidos con marcas de torturas ni haberse enterado de la existencia de desaparecidos, salvo por comentarios.
Miret accedió a la entrevista con la condición de decir algo antes de que comenzaran las preguntas.
Entonces, Miret explicó: “Comprendo la indignación de las víctimas del terrorismo de Estado, porque si encuentran a alguien vivito y coleando a quien culpar, sienten una digna satisfacción de decir ‘este es el culpable’, pero unos y otros no estudiaron para juzgar, sino que lo hacen con sus sentimientos y son dueños de juzgarme. En su lugar, yo pensaría lo mismo, pero en esto hay mucha subjetividad”, aseguró Miret, quien señaló que hasta 1975 fue defensor oficial de “jóvenes izquierdistas” y en junio de 1976, a través de un decreto, fue designado juez, aunque desde algunos meses antes subrogaba el cargo ante la renuncia de Oscar Agüero. A pesar de haber sido nombrado camarista por los militares, Miret aseveró: “Tanto Agüero como Otilio Romano y yo teníamos afinidad con cualquier cosa, menos con la derecha o los milicos”.
Prudencio Mochi es un ex detenido que denunció torturas ante usted y, según lo presentado ante el Consejo de la Magistratura, usted las ignoró. ¿Recuerda el caso?
Mochi dijo haber sido apremiado, todos los detenidos decían eso para desvirtuar la indagatoria policial, en la actualidad los códigos prohíben a la policía tomar indagatoria, porque si a la policía le dan esa facultad, ellos están tentados en hacer cualquier apremio, como mínimo, un submarino, que no deja marcas, o colgarlos de las piernas por una noche y, entonces, al día siguiente, algunos cantan. Esto, inclusive, está escrito por Miguel Bonasso, y provocó que Montoneros adoptara la famosa píldora de cianuro. Esto yo lo conocía como defensor, por lo tanto, siempre el detenido, cuando quería rectificar lo dicho ante la policía, tenía que justificar apremios, que podían ser o no ciertos.
¿Nunca sospechó de nada entonces?
Yo me enteré de los decretos secretos en 1985 con el Juicio a las Juntas, me refiero a los firmados por Estela de Perón e Ítalo Luder, que decían aniquilar la subversión, ¿cómo creerme que este era un secreto para mí? Porque, para la lucha antisubversiva, se recurrió a las Fuerzas Armadas y se dejó de lado a los jueces, porque éramos garantistas, éramos una garantía y un obstáculo en la denominada guerra sucia o terrorismo de Estado, que comenzó con la ley 2.840, que era un proyecto de Perón, aprobado por el Congreso, y que no alcanzó a promulgarla porque se murió en 1974, y esto no era terrorismo de Estado, porque era gobierno popular, pero pareciera que López Rega lo mal aconsejó a Perón y vino la ruptura con Montoneros. Luego vino la señora y los decretos secretos, pero el plan de aniquilamiento se efectiviza el 24 de marzo, cuando tienen todo el poder los militares. Estas detenciones (como la de Mochi) no son delitos de lesa humanidad, por más que sean del mismo calibre, horribles, que los que ocurrieron durante el proceso.
Pero usted, también por el caso de Mochi, fue denunciado como cómplice, sobre la base de que, sin su participación, hay delitos que no podrían haberse cometido.
Ser cómplice requiere que yo tuviera conocimiento, y, expresamente, los que hacían las cosas mal se cuidaban de que yo no tuviera conocimiento. Me enteré de que Mochi tenía un tiro porque tenía un agujero en la pierna, pero lo mandé a curar. No me enteré antes.
¿Y de las torturas no se enteró?
Tampoco. ¿Cómo la policía le iba a pedir autorización al juez para torturar? La policía se cuidaba de que nadie tomara conocimiento. Yo me enteré de la denuncia ante el Consejo de la Magistratura el 28 de diciembre y contesté que ya estoy acostumbrado a que me escrachen, aunque sigue sin gustarme. El que me denuncia está en su derecho, y la denuncia que hace el ministro de Gobierno (Mario Adaro) es repetir lo de los organismos con otras palabras, pero una cosa es el derecho a denunciar y otra es publicitar la denuncia, porque eso hace pensar al lector que lo que está en letras de molde es cierto, sobre todo, porque no se subraya si fui denunciado con acierto o con error. El periodista mete que he sido denunciado con aportes de pruebas y poco menos que ya me condena. Así, los estudiantes compran ese pescado en estado de descomposición, porque una denuncia publicitada es una manera de desacreditarme, y si nos hacemos eco de esa denuncia para pedirle al rector que me eche, eso es poco jurídico y es pura liviandad, porque una denuncia no prueba nada. Y la reiteración de la denuncia, el pedido de la facultad y todo el resto ya es escrache, que es la madera moderna de linchar, ya que no te dan derecho de defensa. Yo no soy juez del Proceso, soy juez de carrera, que me tocó actuar durante el Proceso.
¿Le molesta que lo haya denunciado el Gobierno provincial?
Eso no me perjudica en absoluto, lo sustancial de mi defensa ante el Consejo de la Magistratura es decir ‘investíguenme, ya me han investigado muchas veces, pero háganlo de nuevo’. Es más, pedí que se hiciera una auditoría y vieran los expedientes por los que se me denuncian, que son cuatro, y que observaran los más de treinta que ofrezco de prueba, donde acredito que de ninguna manera era cómplice de los militares ni de la represión. Yo emplazaba al general Santiago, en 1975, a que me contestara, bajo apercibimiento, sobre los detenidos en dos horas, entonces, no puedo ser cómplice de la represión, por el contrario, yo creo que fui el campeón del garantismo y muy pocos tuvieron la valentía de actuar así.
¿Cuándo se entera de que hubo
desaparecidos en Mendoza?
Yo me entero durante el Proceso, porque un primo de mi mujer dice que ha desaparecido un vecino de mi cuadra y parece que se lo ha chupado la policía. ‘¿Y de dónde sacás eso?’, le pregunté, y me contestó que era lo que se comentaba. Después hubo casos similares y, luego, desaparece el profesor Mauricio López. Yo había estado en su casa, porque era amigo de amigos míos que querían presentarnos. Cuando me enteré de que había
desaparecido, no lo pude creer, entonces se me planteaba la duda de si había desaparecido o si se había escondido, y me dicen que había estado un camión del Ejército con gente encapuchada. Si te dicen eso, uno piensa que lo habrán detenido. Esto lo he sabido a partir de 1985, con el juicio a los generales, a los detenidos los ponían a disposición del juzgado o del Ejecutivo, o la persona encargada debía consultar sobre el destino, que podía ser el aniquilamiento. Yo me enteré de esto entre 1985 y 1986, antes tuve noticias vagas, como la mitad de los argentinos.
También está acusado de haber archivado la causa de Celina Manrique, a pesar de que estaba su apropiación de por medio.
Entre las causas que me tocan a mí, me toca la desaparición de Alfredo Manrique, Laura Terrera y su hija, Celina. Había cuatro abuelos y yo elegí a uno de ellos para tomarle la declaración. Él ratificó que su hija Laura había desaparecido. Yo le pregunté por una carta que recibió de la chica que fue posterior a su desaparición, pero me dijo que la había destruido y que su hija decía en el escrito que estaba en Buenos Aires y que ya se reencontrarían. Cuando le pregunto si cree que ha sido detenida por el Ejército o por la policía o si tiene alguna idea, me dice que no. Cuando le pregunto sobre la relación entre la desaparición y la carta, él me contesta que sólo tenía esperanza de encontrarla. Es decir que no la relacionó con las Fuerzas Armadas, por lo que había que archivar el expediente. La chica, Celina, apareció años después, porque una tía le contó que era adoptada. A ella se le prende la lamparita, porque esto de los nietos recuperados está siendo muy publicitado, y concurre al MEDH para que le tomen el ADN, y así recupera la identidad, y el juez Bento creo que le dicta a la madre falta de mérito tras haberla procesado, posiblemente porque le parece cruel hacerlo. Lo que ocurre es que este delito de suprimir la identidad ha cobrado hoy una importancia de violación a los derechos humanos, pero en 1976 o 1977, si nos decían que los hijos de los aprehendidos eran dados en adopción, no nos causaba el sentimiento que hoy causa, porque todos somos influidos por las circunstancias que se viven.
¿Por qué se excusa en la década del 80 ante un caso que involucraba al general Juan Pablo Saá y en los Juicios por la Verdad no lo hace, a pesar de ser amigo de este?
Yo voy de fiscal a San Luis en los 70, allí, el secretario penal era Hipólito Saá, nos hicimos muy amigos, carne y uña, y luego soy ascendido a defensor, por lo que nos seguimos tratando. Hipólito me presenta a su familia, entre ellos, el general, que en ese momento era coronel. Saá sucede al general Maradona en Mendoza y allí viene Hipólito a la toma de sucesión y se aloja en mi casa. Al día siguiente, nos invita el general a comer. Indirectamente soy amigo del general, pero a través de Hipólito. En 1986, juzgo a los militares, dicto varias prisiones preventivas y, cuando me toca un caso del general Saá, digo que no puedo juzgarlo por ser íntimo amigo del hermano, pero en los Juicios de la Verdad no me aparto, porque Saá era testigo, no estaba procesado. El doctor Pablo Salinas fue el que pidió que lo trajera de testigo y yo le cuento que antes me había excusado y le expliqué todo, pero a él no le gustó la explicación y me recusó a los dos días. Esta es la historia real, el texto lo dice expresamente, yo nunca he dicho que haya sido íntimo amigo del general Saá.
¿Nunca fue a declarar alguien con golpes o marcas de torturas ante usted?
A 35 años no lo podría asegurar, pero sí aseguro que siempre los hacíamos examinar. Más aún, cuando inauguramos la unidad de detención, pedimos un médico, que tiene orden nuestra de revisar a los detenidos.
También hay abogados, Julio Quevedo y Petra Recabarren, que, según el expediente, no podían ver a sus defendidos.
Yo he pedido ver los expedientes que se citan, porque no los tengo, pero algunos, por fechas, no corresponden con mi subrogancia. Me cuesta creer lo de Quevedo, porque yo lo hice ingresar a mi cátedra.
¿Si dice que es inocente, por qué piensa que lo denuncian cuando no es el único magistrado que cumplió funciones en la dictadura?
Después de conseguir que Carlos Pereyra González se fuera por la denuncia que le hicieron frente a los derechos humanos, ahora dicen “vamos por el cargo de Miret y de Romano, porque son cargos apetecidos y sería mejor nombrar a uno de los nuestros en su cargo”.
¿Qué sería “uno de los nuestros”?
El actual gobierno puede preferir que en la Cámara Federal esté un magistrado afín al Gobierno y no “el juez del Proceso”, entonces tratan de ahuecar, como hicieron con Pereyra. Yo pude trasladarme a ser juez de la provincia, porque me lo ofreció el gobernador (Felipe) Llaver, pero decidí revalidar mi título de facto, preferí que me investigaran, y de 13 jueces federales, quedamos tres. No tengo nada que ocultar y no lo tuve antes, no es grato que me investiguen, pero si me denuncian, que lo hagan. En el expediente voy a acreditar no sólo que fui un juez garantista, sino que, además, lo fui antes, durante y después del Proceso, y de esto tengo pruebas. Soy inocente de lo que me dicen, pero si venden que soy íntimo amigo del general Saá y que se aloja en mi casa y, además, lo dice (Horario) Verbitsky, hace mella, porque él es importante y yo qué puedo hacer para que él no se coma lo que escribió Salinas, que miente cochinamente y dice que yo soy íntimo amigo del general, cuando lo era del hermano.
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Juicio propio
Miret aseguró que quiere que la Facultad de Derecho promueva la posibilidad de hacer una especie de juicio en el que los estudiantes puedan preguntarle lo que quieran e, incluso, exista un fiscal, invitando al periodista autor de esta nota para ello. El juez se mostró orgulloso de que las autoridades de la facultad consideraran como “óptimo” el cumplimiento de su rol como profesor.
Conferencia de Verbitsky
La Universidad Nacional de Cuyo, junto a los organismos de derechos humanos, organizó para hoy a las 19 una conferencia en la que estarán el periodista y presidente del CELS, Horacio Verbitsky, la ex presa política Mariú Carreras y el coordinador del Observatorio de Derechos Humanos de Mendoza, Marcelo Stern.
El motivo de la charla es la demora de los juicios por crímenes de lesa humanidad en Mendoza.Verbitsky es uno de los más críticos hacia la tardanza de los juicios y también a que Miret siga permaneciendo en su cargo de juez federal.
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