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Valores educativos y prensa

Nadie duda sobre el importante papel de la prensa periódica como vehículo de difusión de conocimientos y opiniones. Este “poder” ha contribuido a lo largo de los dos últimos siglos a la conformación de la opinión pública, y hoy le atribuimos la responsabilidad de ser, concretamente, un importante agente educativo.

28 de Abril de 2010 00:49

Por: Alejandro Castro Santander - Psicopedagogo Institucional, docente, investigador y escritor.

El estilo de informar, aquellos contenidos difundidos o silenciados, las opiniones expresadas a través de las editoriales, las investigaciones sobre determinados semblantes de la vida de nuestra sociedad o aspectos puntuales de la economía y la política, generan aprendizajes en los lectores y climas que no pueden disociarse de los valores, no sólo propios de la época, sino también de quienes los escriben y difunden. Prensa y educación están íntimamente relacionadas con la idea de ciudadano.

La prensa, no siempre claramente persuadida de esta responsabilidad, ha servido como un potente instrumento educativo por su función divulgadora, más ágil y directa que los mismos libros. Para los que finalizan la educación formal, la gran fuente de información es la que proporcionan los medios de comunicación, y las cuatro quintas partes de lo que cualquier ciudadano aprende del mundo luego de finalizar sus estudios procede de la información que recibimos de los periodistas.

El trabajo, estudio o investigación con los periódicos confiere amplitud de miras, variedad y actualidad a la formación de los alumnos de cualquier edad. Con él se crean valiosos hábitos de consulta y análisis de informaciones, se aprende a localizar las fuentes de información y a utilizarlas de forma inteligente, superando la vieja rutina de estudio y memorización mecánica de textos.



La sola información memorizada no es motivo de desarrollo intelectual, pero sí lo son el hallazgo personal y la experimentación propia que se alcanzan cuando el alumno se siente impulsado y motivado de forma activa. Así, el desafío didáctico y formativo será, no sólo el que origina la cantidad y calidad del material, sino la capacidad y entusiasmo del docente o el mismo alumno para seleccionarlo adecuadamente.

En relación a los medios de comunicación, en general, los investigadores que buscan clarificar aquellas funciones relacionadas con la educación hacen una extensa enumeración de las que podemos nombrar algunas: información, formación, expresión, presión, motivación a la participación, entretención, transmisión de contenidos culturales, diversión, integración en la comunidad social, transmisión de la herencia social y análisis e interpretación de los hechos que interesan a la convivencia, porque los medios también tienen el poder de contribuir a difundir la paz o a fomentar la violencia. Así, numerosos autores coinciden en manifestar que la no utilización e, incluso, la insuficiente utilización educativa de los medios de comunicación traiciona la esencia del contexto social del cual la escuela es una parte. Las instituciones educativas están hoy obligadas a utilizarlos si realmente quieren que exista una conexión real entre la escuela y la sociedad (o la vida, como reclaman los jóvenes).

INFORMACIÓN, PRENSA Y VALORES. Distintos trabajos se han dedicado a explicar el término información y su importancia como recurso indispensable para la sociedad. La literatura especializada remarca la diversidad de definiciones que presenta el término información, ya que algunos autores han llegado a considerar más de 1.500, lo que demuestra la falta de consenso para conceptualizarla. Lo cierto es que la investigación sobre el concepto de información se remite a la Edad

Media, cuando se decía que la información y, más específicamente la palabra, daba forma e impregnaba de carácter a la materia y a la mente, por este motivo también utilizamos como sinónimo de educación la palabra “formación”.

El sistema educativo, que busca proporcionar a los niños y jóvenes una formación que favorezca todos los aspectos de su desarrollo, no puede considerarse completa y de calidad si no incluye la conformación de un conjunto de valores que no siempre se adquieren de manera espontánea.

En la escuela, la educación en valores ha contado con un espacio reducido para su tratamiento, puntualmente, en algunas conmemoraciones (Día de la Paz, del Árbol, etcétera), como clase ocasional, o en el propio currículum oculto, en el que cada docente realiza tratamientos no explícitos en la planificación pero sí concretos en el aula. La consecuencia inmediata es la escasa atención a los valores en educación o la inadecuada transmisión cultural de los valores hegemónicos de una sociedad caracterizada por la prepotencia de disvalores.

Valores y contravalores han coexistido en la educación, provocando un desequilibrio entre los fines pedagógicos que se persiguen y la adaptación personal y social. En el ámbito educativo, se defiende el trabajo cooperativo y solidario, el encuentro social en base a un tratamiento tolerante, plural, crítico y creativo, el desarrollo de actitudes vinculadas con la defensa del medio ambiente, la educación para un consumidor y usuario responsable de bienes y servicios, y el rechazo a las discriminaciones. En el ámbito social, en cambio, se continúa valorando el consumismo, el exitismo, la producción sobre el cuidado del medio ambiente, las actitudes racistas e intolerantes.

Frente a esta contradicción evidente entre los valores educativos y los contravalores sociales, los medios de comunicación, como instrumentos sociales de difusión y control de la información y opinión, y por lo tanto, de la transmisión cultural de los valores dominantes, son también instrumentos educativos para conocer la realidad social y analizarla críticamente. Una adecuada educación en materia de comunicación puede ser fundamento pedagógico para una intervención educativa integral sobre los valores.

La importancia y la abundancia de la información que el ciudadano recibe, principalmente a través de los medios de comunicación social, así como la influencia positiva y negativa que de ello se deriva, ha determinado en los últimos años una mayor conciencia social del problema y la búsqueda de una respuesta eficaz de parte de los sistemas educativos. Por esto, si analizamos el desarrollo que se ha producido en este campo, la necesidad de ofrecer a los ciudadanos una formación básica en materia de comunicación es impostergable.

Lamentablemente, la propia génesis del tratamiento educativo de la comunicación social parte de una actitud de desconfianza que se aplica contra los medios de comunicación por ser las “ovejas negras” de lo educativo, en cuanto que transmisores de productos de baja calidad, oportunistas, morbosos, sensacionalistas, frente a algunos pocos productos culturalmente buenos y formativamente valiosos.

Los valores que se contemplan en el ámbito educativo deben partir del alejamiento de actitudes supuestamente “neutras”, que posibilitan indirectamente la transmisión de la cultura hegemónica, e implicarse en el análisis y debate del contenido que aparece en los medios de comunicación, estudiándolos desde una perspectiva crítica, creativa y plural, y construyendo, de forma compartida, un sistema de valores alternativo. La estrategia de estudio crítico sobre la eutanasia o la educación sexual en las escuelas, por ejemplo, posibilita asumir y desarrollar valores muy distintos. Lo fundamental se encuentra en los principios, fines y valores en los que se ubiquen los docentes, los padres y los alumnos a la hora de realizar el análisis.

Es preciso que los agentes educativos –seamos docentes, padres o medios de comunicación– reflexionemos sobre nuestros propios sistemas de valores a la hora de afrontar cualquier tipo de análisis crítico de la realidad. La transmisión cultural de valores alejados de nuestra historia, identidad y realidad social, pone en riesgo la correcta construcción de los proyectos personales de vida de nuestros niños y jóvenes y el progreso de nuestras comunidades.

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