Ese cristal llamado deseo
¿Qué pasa cuando se apaga el deseo? ¿Estaremos haciendo algo mal? ¿Es algo momentáneo o patológico? ¿De quién es la culpa? Estas preguntas, y muchas otras más, solemos hacernos cuando vivimos una situación de ausencia de deseo sexual en la pareja. Pero las razones que socialmente se nos muestran como causantes no suelen ser siempre las reales. Una mirada profunda, sobre una temática frecuente en las parejas de hoy.
Por: MDZ Magazine
Las tres fases de la sexualidad humana son el deseo, la excitación y el orgasmo. Dentro de ellas, la del deseo es la más susceptible a ser modificada, ya sea aumentando o disminuyendo, por circunstancias simples y diarias de nuestras vidas.
A nivel orgánico el deseo está mediado por hormonas, fundamentalmente por una hormona masculina llamada testosterona; que también está presente, aunque en menor cantidad, en la mujer. Esto conduce a pensar que el deseo masculino es lineal, constante y permanente y que cualquier alteración de ese deseo tiene que ver con alguna problemática a nivel físico o enfermedad. Lo cierto es que esto es otro de los tantos mitos que existen para justificar la poca información sexual que se tiene de estos aspectos.
Socialmente se muestra al varón como el poseedor del deseo, el motivador de las relaciones sexuales y en el polo opuesto a la mujer, como un elemento pasivo y receptor. De esta manera queda armado un componente doble polar, que se ha mantenido durante años y años, siglos y siglos, en nuestra civilización occidental. Lo cierto es que la experiencia de estudios y de consultorio, muestran una realidad diferente.
El deseo, estas ganas de tener relaciones, de hacer el amor, tiene componentes que pueden verse alterados tanto por fallas a nivel hormonal, como también por elementos profundos del nivel psicológico (problemas acaecidos en la infancia, miedos, mitos y una gran cantidad de material mental que la persona lleva consigo) y también por simple aconteceres del vivir.
En muchas ocasiones las personas le prestan poca atención a los elementos del día a día y se cree que sólo con la desnudez, con el frotar los cuerpos o con el tocar las zonas adecuadas a nivel genital, el deseo mágicamente aparecerá.
Gran sorpresa se llevan, quienes piensan así, cuando viven algún trastorno en el deseo. ¡Y ni que hablar si son hombres! Porque de alguna manera la mujer siente como “normal” que el deseo baje o suba, dependiendo de la fecha de su ciclo o las circunstancias emocionales, laborales y familiares que esté viviendo. Es decir, la mujer vive más naturalmente el deseo personal pero vive angustiosamente cuando las variaciones del deseo las tiene su pareja.
Esta pareja, que era joven y fuerte… ¿Por qué ahora no tiene deseo sexual? Entonces, lo primero que piensa la mujer es que la razón de esta falta de deseo tiene que ver con ella. Cree que tiene que ver con su aspecto físico, con que no lo satisface, con que esta gorda, con miles de posibilidades, pero todas autorreferenciales. Algunas veces las causas que se buscan van un poco más allá ellas mismas y entonces piensan: “Será que anda con otra/s”, o bien, “Será que anda con otro/s”.
En definitiva la mujer comienza a decodificar el problema de pareja como un problema personal de ella y como evidencia de ello comienza a mejorar su aspecto físico, intenta hacer ejercicio, cela a su pareja, y lo único que consigue es angustiarse cada vez más.
Por su parte, el hombre le echa la culpa al trabajo, a los nervios, o bien cambia de tema cuando se le plantea el problema, o realiza algunas evitaciones bruscas. Todo ello conduce, indirectamente, a evadir el encuentro íntimo de la pareja.
Se cree que éste es un cuadro raro porque es “normal” que le suceda a la mujer (por las variaciones del ciclo) y entonces se cree que la única solución es la hormonal o que se tiene un problema físico, aunque esto sería lo primero a descartar.
En la experiencia de consultorio vemos que tanto en hombres jóvenes, con buena salud, sin complicaciones hormonales ni enfermedades severas que lo condicionen, así como en mujeres jóvenes, sanas y vigorosas, no se observan mejorías en la pareja cuando se quiere enfocar este tema sólo desde una etapa orgánica o individual.
Pero entonces… ¿ Qué se debe observar y analizar?
- Primeramente se debe dejar de creer que todo lo que le pasa a mi pareja tiene que ver conmigo. Es decir, se debe dejar de ser autorreferenciales.
Tanto el hombre como la mujer puede que tengan problemas o dificultades que los estén afectando de manera particular. Aunque sean aspectos sin importancia para otros, si nos afectan es porque así los visualizamos. Y estas dificultades nos llenan de pensamientos absurdos, si se los mira desde afuera, pero totalmente angustiantes si son mirados desde quien los tiene.
- Es muy importante observar o pensar, (aunque a veces observar lo que pasa en nuestra pareja nos lleva a angustiarnos más y a no encontrar una solución o a no ver qué es lo que está pasando). Pedir ayuda, para observar si esa pérdida o disminución del deseo lo que está revelando en definitiva es una falla comunicacional, es un abuso emocional, es una forma de relacionamiento anómalo que está protegiendo a la pareja o avisando que hacer el amor en estas circunstancias resultaría pernicioso para la pareja en sí o valorar si este es un problema sólo hormonal (raro).
- El deseo puede restaurarse con simples medidas de acercamiento, de erotización de la pareja, cuando el problema pasa porque el pensamiento sobrepasa a las sensaciones. Parejas que en verdad se aman, que no se engañan, pero que tienen un bajo aprendizaje erótico, terminan haciéndose grandes rollos en sus cabezas y en muchos casos hasta son mal influenciados por consejos inexpertos.
- En parejas en las cuales se observa que el componente erótico no es la causa del bajo deseo, es muy importante darse el tiempo necesario para investigar individualmente si no son razones de dificultades personales las causantes de que el deseo se haya ido transitoriamente. Y también se debe observar si ese bajo deseo no nos estará protegiendo de seguir con una pareja disfuncional o maltratadora.
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