* Carlos Almenara

Boda igualitaria: un triunfo, un derrotado, una posibilidad

La madrugada del 15 de julio se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario. No hay que perder de vista la magnitud del logro. Además de un progreso en igualar derechos, quizá lo menos importante sea la ley en sí, mayor impacto tiene como símbolo y expresión política y cultural. Básicamente, senadores de diversas fuerzas políticas acordaron un pacto cívico democrático, toda vez que impidieron que se imponga una concepción teocrática de la legitimidad y la sociedad.

26 de Julio de 2010 04:41

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FESTEJO. Miles de personas aguardaron la votación en el Congreso. Foto:EL SOL

Por: Carlos Almenara

Sobre la discusión, las implicancias políticas y culturales de la norma, así como el rol de la Iglesia católica, pueden verse las notas de Cristian Ortega y Marcelo Torrez en El Sol del 15 y 16 de julio.
Es evidente el avance en la igualdad de derechos y el mayor espacio a la autonomía personal que no perjudica a terceros. Este es un punto que hay que tratar: cómo los conservadores establecen distintos estándares para juzgar la libertad individual. Les parece lo más normal que una persona ande armada, situación riesgosa para la sociedad, y discriminan por la opción sexual, cuestión que en nada afecta a terceros. Este tema hay que profundizarlo, porque el planeta no soporta, materialmente, el pensamiento individualista extremo que no se detiene ante la sociedad, el ambiente ni nada.

UN DERROTADO.
Queremos marcar, sin embargo, cierto relato histórico muy significativo para el país que estuvo en juego estos días. Nos referimos al integrismo católico.
El integrismo católico es un modo de entender la religión de forma fundamentalista, inmutable, esencialista y mesiánico. Apareció como expresión sistemática de pensamiento a fines del siglo XIX y se expandió en el XX. En Argentina tuvo una enorme penetración y, de hecho, fue la ideología legitimadora de todos los golpes de estado. Como reflejo de sus postulados, recuerda recientemente Horacio Verbitsky, las palabras de Julio Meinvielle: “El poder temporal está al servicio de la Iglesia para los fines de la Iglesia misma”. La cristiandad (que llama sinónimo pleno de ciudad católica) “es la vida pública sometida a la Iglesia, y el cristianismo apenas su profesión privada”.
Qué si no una actualización de este argumento implica que Bergoglio apele al “plan de Dios”. “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (este es sólo el instrumento), sino de una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”, señala Bergoglio por escrito.
Es decir, hay un plan de Dios al que la autoridad política debe someterse, no importa que los legisladores sean electos democráticamente, hay una legitimidad superior, la de Dios y quién la manifiesta, Bergoglio. Pero, perfectamente, Bergoglio puede avanzar en este razonamiento. Si el matrimonio igualitario va en contra del plan de Dios es porque, en realidad, la homosexualidad va en contra del plan de Dios, por qué permitir que convivan con los cristianos quienes atentan contra la cristiandad. Por qué aceptarlos si no los queremos en la cristiandad, por qué deberían tener cualquier derecho. Como expresó un antecesor del arzobispo, Antonio Quarracino, hay que meter a los gays en un ghetto para limpiar una mancha innoble del rostro de la sociedad.
El integrismo deriva inexorablemente en el exterminio del diferente en una lógica que, bien mirada, se muerde la cola, pues, a medida que los parámetros de la “pureza” se tornan más estrictos, nadie es, finalmente, un exponente puro en un devenir que se convierte en vigilancia paranoica.
Los argentinos conocemos bien este tipo de argumentos; como dijimos, fundamentaron todos los golpes de estado. ¿Por qué se “justificaron” los golpes? Porque los gobiernos o la sociedad se apartaron del “ser nacional” o de la nacionalidad, que es otro nombre del “plan de Dios” que enuncia Bergoglio. Los custodios de la esencia nacional eran las Fuerzas Armadas y la Iglesia católica, por eso tenían preeminencia a la política y a la Constitución.
Lo que celebramos en el Bicentenario es el sepelio de esta fuente de autoritarismo y desastre en Argentina.
Los fieles católicos harían bien en reclamar a Bergoglio un paso al costado, toda vez que su ceguera y obstinación política está llevando a la Iglesia a una indignidad difícilmente reparable. Es necesario para la convivencia democrática pacífica que la Iglesia no reincida en este anacrónico integrismo.

UNA POSIBILIDAD.
El discurso autoritario no es sólo patrimonio de pastores. Lamentablemente ha dominado el espacio político desde los cortes de ruta de los empresarios agrarios en el 2008 cuando el multimedio que concentra el 70% de la comunicación masiva en Argentina decidió utilizar el mismo método integrista de interpretación de la sociedad.
Dirigentes políticos, entre los que destaca por su cinismo canalla Elisa Carrió, hicieron propio este lenguaje consistente en la deslegitimación radical de la autoridad constituida en nombre de una supuesta usurpación a un “cuerpo sano”. Claro que esto llevó a un funcionamiento poco democrático de la deliberación pública.
La resistencia popular a la implantación de este discurso junto con una gestión noble y comprometida del Gobierno nacional quebraron de un modo que todavía intenta explicar Clarín & Co la tendencia a un escenario estilo Honduras. Esta gesta merece un reconocimiento y un análisis independiente del presente.
Pero lo cierto es que con algunos debates planteados y también con la discusión del matrimonio igualitario renace la posibilidad de nuevas bases para el debate democrático, alejado de la deslegitimación radical del otro. Por caso merece reconocimiento el discurso del senador Sanz, con quien hemos discrepado en otras cuestiones, pero de quien valoramos haber superado la tentación de usar el tema en clave de horadar al oficialismo. El senador Sanz denunció presiones–que más que presiones serían aprietes– y sería bueno esclarecer estos hechos y evitar su repetición.
Es alentador pensar la posibilidad de un futuro próximo en el que se debatan ideas y proyectos, en que la lógica política dé cuenta de interpretaciones distintas puestas sobre la mesa, superando el esquema donde todo se reduce a que opositores intentan “voltear” al gobierno y oficialistas, sostenerse con cualquier alianza.
De concretarse podría ser el anuncio de nuevas alboradas.
* Referente de Espacio para la Reparación Social.

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