La escasa comunicación entre el fiscal Santiago Garay y la Policía
El caso del preceptor Marcelo Tarelli, asesinado en Luján, desnudó una interna con el Ministerio de Seguridad. La bronca de Investigaciones, que se queja porque la Fiscalía no aporta los avances de esta y otras causas. Los detalles y las explicaciones.
Por: EXEQUIEL FERREYRA eferreyra@elsoldiario.com.ar
Hoy se cumplen dos semanas desde que el preceptor Marcelo Eduardo Tarelli fue hallado asesinado en su casa de Luján de Cuyo. La causa, que está en manos del fiscal especial Santiago Maximiliano Garay desde ese día, no avanzó ni un paso hacia el esclarecimiento y está estancada en un terreno pantanoso, donde pocos testigos han sido citados para declarar. No hay potenciales sospechosos –por ende no se busca a nadie– y las pericias forenses realizadas al cuerpo todavía están lejos de llegar al despacho del magistrado. Por lo menos, eso es lo que informa cada vez que es consultado por este diario. Entonces, el hecho de sangre se está transformando, con el transcurrir de los minutos, en uno de esos que cae al vacío de la impunidad. La intriga que hay con respecto a este crimen se acrecienta cada vez que pasan los días, simplemente, porque la instrucción judicial no suma pruebas. La pregunta que se hacen no sólo los familiares de la víctima, sino también los detectives del Ministerio de Seguridad, que no tienen participación en la pesquisa porque Garay no entabla diálogo con personal de Investigaciones y trabaja sólo con los efectivos que cumplen funciones de policía judicial en la Unidad Fiscal Especial, es ¿quién mató al hombre de 42 años y por qué no se trabaja en el caso? Hoy no hay respuesta y, posiblemente, no la haya por un prolongado tiempo. En este punto de colaboración cero entre la división que comanda Alejandro Delgado con la fiscalía de Garay, por la decisión del magistrado de no cotejar datos y encaminar hipótesis, se encuentra el problema de por qué la investigación ha dado escasos resultados hasta ayer, arriesgan fuentes policiales consultadas por El Sol. Sin embargo, no sólo con la causa Tarelli los detectives de Seguridad –principalmente de Homicidios– han encontrado trabas a la hora de orientar una investigación, sino que la mala relación viene desde febrero, cuando Garay asumió en la Fiscalía Especial con sede en el Palacio Policial. La comunicación de Garay con la cúpula del ministerio es nula a la hora de enfrentar y dar respuestas por un hecho resonante. Altas fuentes policiales sostuvieron a este diario que Garay “trata despectivamente” a los miembros de la fuerza, es celoso de comentar los avances de una causa y sólo ordena directivas al personal de Investigaciones que cumple funciones en la Fiscalía Especial para los tres magistrados que la integran: Garay, Claudia Ríos y Daniel Carniello. Estos efectivos no superan los 15 y tienen que rendir cuentas o dar explicaciones de su trabajo a los popes de Seguridad, no al fiscal, quien no es su jefe inmediato y sólo recibe de parte de ellos los resultados de una tarea ordenada por él. Los cuestionamientos de la Policía por las actitudes cotidianas del superfiscal se están transformado en un serio dolor de cabeza y más aún cuando los efectivos reciben la noticia de que un nuevo caso resonante llega a sus manos (ver página 21). “Este señor se cree que está sentando en el trono de Dios”; “No tengo idea de cómo llegó a ser fiscal especial” o “Hubiese preferido que alguno de los fiscales de Godoy Cruz, como Juan Carlos Alessandra, Lauro Monticone o Gustavo Felhmann, o de Guaymallén, como Mauro Perassi, que trabajan conjuntamente con nosotros, fuera fiscal especial”, son algunas de las frases que disparan fuentes ministeriales. Es más, aseguran que ha tratado de “traidores” a los efectivos que comentan a sus superiores cómo se encuentra el estado de un caso. Garay tampoco tiene diálogo con el ministro de Seguridad, Carlos Aranda, ni con el director de la Policía, Juan Carlos Caleri, o el jefe de Gabinete, Eduardo Bauzá, y “se ha cerrado en su propio mundo”, disparan desde la cartera de calle Salta y se quejan porque esto fomenta que las relaciones cada vez sean más distantes, lo que no ayuda en el esclarecimiento de los expedientes. Ante esto, desde Homicidios se ordenó que se trabaje paralelamente en el asesinato para luego darle las pruebas al fiscal. SU DEFENSA. Garay fue consultado y resumió las respuestas en tres frases: “Tengo mi forma de trabajar”, “Yo no me caso con nadie” y “No me gusta que se farandulicen los casos”. Sostuvo que “se está trabajando” en el homicidio, que para eso cuenta con el personal policial que trabaja para su fiscalía y dijo que los análisis forenses que ordenó no le han sido remitidos. El caso Garay-Seguridad genera inquietud, más aún cuando la sociedad es la que sufre las consecuencias.
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Un hallazgo macabro en calle Alvear
Marcelo Eduardo Tarelli vivía solo en su casa de Alvear 340, de Luján, a unas pocas cuadras del centro. El jueves 15 a la siesta, el preceptor del colegio María Auxiliadora de Rodeo del Medio fue hallado sin vida en la cocina. Un sobrino se encontró con el cadáver luego de que Tarelli no respondió sus llamadas. A simple vista, salía sangre de su cabeza. Policía Científica, que trabajó en la escena, determinó que recibió un fuerte golpe con un objeto contundente –se cree un fierro– que no fue hallado en la escena. En el expediente han declarado unas 15 personas, pero los sospechosos no aparecen. Fuentes judiciales y policiales sostienen que el caso fue pasional pero las pistas son escasas. Tarelli, quien, además daba clases particulares de Contabilidad, no tenía pareja estable desde hacía unos siete años. No tenía deudas económicas y de su hogar, que estaba perfectamente cerrado con llave, no faltaban objetos de valor. A Tarelli lo mató un conocido pero hallarlo se ha transformado en un serio dolor de cabeza.
OPINIÓN
El fiscal Santiago Garay asumió en la Fiscalía Especial el jueves 4 de febrero de este año. Comenzó como ayudante fiscal de la Oficina Fiscal Nº11 y luego pasó a fiscal de Instrucción departamental de Luján-Maipú. Esto en poco tiempo. Como superfiscal fue nombrado por el procurador general de la Suprema Corte, Rodolfo González, en lugar de Eduardo Martearena, a quien la Legislatura le dio el ok y pasó a ser juez de la Tercera Cámara del Crimen. Con estos datos, la intención es destacar que Garay es un investigador nuevo y con escasa experiencia. Y para ser, de un día para el otro, líder de expedientes resonantes se necesita haber transitado un largo camino en los Tribunales provinciales como pesquisa. Con el tiempo sabremos si Garay estuvo a la altura de la circunstancias pero, en principio, su actitud de no trabajar codo a codo con Homicidios –de la división de Investigaciones del Ministerio de Seguridad– no suma, resta. El resultado está a la vista con este caso, que no avanza y va directo a la impunidad. Quizás es demasiado prematuro cuestionar a Garay, pero, cada día que pasa se retrocede al no sumar pruebas que apunten directamente a llegar a la verdad del caso Tarelli. Un claro ejemplo es el doble crimen pasional del psicólogo Flavio Piottante y su paciente, Analía Estrella Libedinsky, ultimados en julio del 2006 en calle Barcala de Capital y hasta hoy no hay ni un rastro del homicida. Esta causa también está en manos de Garay, heredada por Martearena. Esperemos que Garay cambie su actitud egocéntrica y se apoye en gente con más experiencia para llegar a la verdad de todos los casos que tiene bajo su órbita. De esta forma, seguramente, no tendremos que escribir otra columna dentro de cuatro años explicando por qué el caso del preceptor Tarelli quedó impune.
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