El tren

Los que amamos el tren nos esperanzamos con su regreso. Dicen que sobre los países en vías de desarrollo pasan Estados Unidos en tren de farra.

30 de Agosto de 2010 07:51

Por: Jorge Sosa

Los que amamos el tren nos esperanzamos con su regreso. Dicen que sobre los países en vías de desarrollo pasan Estados Unidos en tren de farra. Anoche pensaba en toda la infraestructura que quedó abandonada cuando el nunca bien ponderado tándem Cavallo-Menem consideró que los ferrocarriles eran un mal innecesario y destrozó de un solo decreto lo que tantos compatriotas habían construido de buena fe. Anoche recordaba los seiscientos pueblos argentinos que murieron gracias a las atrocidades económicas de estos señores que, curiosamente, siguen emborrachándose con la impunidad. “Los ferrocarriles dan déficit”. ¿Cómo hacen las cuentas señores economistas? Pongan en el haber toda la vida, la comunicación, la educación, la solidaridad y el amparo que creaba el ferrocarril a su paso y ya vamos a ver si daba déficit. ¿El déficit es un número? ¿Qué sentido tiene un número que no cuenta vida? Los que amamos el ferrocarril nos ilusionamos con su regreso. Creció nuestra ilusión con el intento de recuperar El Trasandino, cuestión que aún no supera la etapa de los expedientes. Después, nuestra ilusión se subió al furgón de cola del tren que une nuestra provincia con Buenos Aires, que tuvo una mal habida reedición cuando la Fiesta de la Vendimia. El asunto iba bien, progresaba. La locomotora todavía de vapor avanzaba dificultosamente pero avanzaba, hasta que se encontró con una gran piedra en las vías de San Luis. Porque los Rodríguez Saá decidieron expropiar terrenos por donde pasaría el tren para construir un corredor vial. Son apenas 12 kilómetros, una morondanga si los comparamos con los mil cuarenta de vías del emprendimiento, pero esos doce kilómetros pueden detener el intento y, lo que es peor, pueden detenerlo indefinidamente. Para San Luis partió el diputado Gonzalo Arenas para ver si es posible solucionar el inconveniente. Ojalá te vaya bien, Gonzalo, porque de tu misión depende el movimiento de instituciones, objetos y personas que volverían con gusto al tren después de tanto tiempo de estar en la vía, después de tantos funcionarios que pasaron en calidad de durmientes, después de tanta esperanza que se quedó en el andén. Che, digo yo, ¿Qué les pasa a las provincias vecinas con Mendoza? ¿Nos tienen bronca en serio? ¿Qué hemos hecho los mendocinos para que nos traten así? Dejen vivir, che, que acá la peleamos todos los días, como ustedes lo hacen. Y pensar que el gremio de los ferroviarios se llama la fraternidad.

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