Inodoro
A veces no les damos importancia a pequeños objetos, utensilios, muebles, que tienen su historia o que nos prestan un servicio irremplazable. El peine por ejemplo, uno de los inventos más viejos de la humanidad
Por: Jorge Sosa
A veces no les damos importancia a pequeños objetos, utensilios, muebles, que tienen su historia o que nos prestan un servicio irremplazable. El peine por ejemplo, uno de los inventos más viejos de la humanidad. El espejo, que modificó la historia de los pueblos: el hombre se vio cómo era y ahí comenzó la primera depresión de la historia. El abanico, primitivo ventilador manual, que ahora ha reivindicado nuestra presidenta. El inodoro es uno de ellos. No me voy a poner a explicar para qué sirve un inodoro porque lo sabemos, pero me parece que todavía no se le ha rendido un sentido homenaje a su creador. El inodoro es como una silla con buraco, ha sido creado para sentarse y realizar de una manera cómoda las demás tareas para las que ha sido creado. Tiene su diversidad y provoca algunas discusiones entre las mujeres que quieren que los hombres levanten la tapa y los hombres que por exceso de comodidad no la levantan, entonces deben agregarle puntería a la acción de devolución. ¿Puede el inodoro significar un símbolo de injusticia? ¿Puede valorar la distinta calidad de vida que tenemos los habitantes de este mundo? Pues fíjense que sí, che. Helvetas es una Asociación Suiza de Cooperación Internacional que anda promocionando el 19 de noviembre como el Día Mundial del Inodoro. No se sabe por qué se eligió esa fecha. Algunos dicen que fue cuando un suizo goloso se morfó cinco kilos de ciruelas verdes y estuvo semana y media sentado en el artefacto sin levantarse ni siquiera para ir al baño. Pues bien, según Helvetas, hay en el mundo 2.600 millones de personas que no tienen acceso a un inodoro ni a una letrina, lo que causa innumerables problemas de salud, epidemias y, obviamente, de higiene. Ahora que lo sabe, tal vez mire con más cariño ese utensilio que existe en su baño, que usamos diariamente y al que no le prestamos la menor importancia, salvo cuando el flotador del tanque no funca y el tanque se rebalsa. 2.600 millones de personas que no tienen inodoro. Podría terminar este monólogo de una manera escatológica pero me parece que sería demasiado bastardo. Sólo diré que entre los eslabones del confort humano, no son todos los que tiran la cadena.
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