Calveyra, perito en ese difícil ejercicio de la imaginación
La poesía en una de sus expresiones más elocuentes, un canto a la sencillez de las cosas, un encuentro con lo que se revela tras una simple mirada.
Por: ALEJANDRO FRIAS cultura@elsoldiario.com.ar
La poesía en una de sus expresiones más elocuentes, un canto a la sencillez de las cosas, un encuentro con lo que se revela tras una simple mirada. Todo esto encierra el nuevo libro del entrerriano Arnaldo Calveyra, El caballo blanco de Mozart (editorial La Bestia Equilátera), que reúne textos escritos entre 1956 y el 2008.
En este volumen compilatorio, Calveyra nos invita a recorrer una suerte de declaración de principios, a conocer y profundizar en su posición ante la vida, a compartir esa mirada que opina, que, inquieta, se anima a ir más allá de lo que un hecho común y corriente puede mostrar (o pretender ocultar). Así es como en El caballo blanco de Mozart, Calveyra abre ventanas, intersticios por los que colar un universo construido de poesía, un cosmos caótico al que no le son suficientes las palabras del poeta, porque deben, necesariamente, complementarse con un lector atento, un cómplice que pueda, como él, escudriñar lo que puede percibirse en una lámpara que brilla en un quiosco de loterías, en las caras de los alumnos en un aula, en el vuelo de una pelota de trapo o (y por supuesto) una fotografía, una obra de teatro, una novela, una película. A navegar sin rumbo. A eso nos convoca Calveyra. A dejarnos llevar por las olas y naufragar si es necesario, pero dejarnos llevar, por las palabras, por los silencios, por las aguas de la poesía. Siempre la poesía.
PERITO EN IMAGINACIÓN. En el texto Un cuento, incluido en El caballo blanco de Mozart, el entrerriano reproduce un encuentro con Borges, a quien define como “perito en ese difícil ejercicio de la imaginación”. Paradójicamente, con esto, Calveyra elabora una descripción que perfectamente puede caberle a él, pues a lo largo del libro, así como a través de toda su obra, demuestra que no hay nada que le pase por alto a la hora de crear, de transformar en literatura lo que toca; es un Midas de la palabra, pero sin peligro de ser presa de su capacidad dorada. Calveyra nos convoca a un viaje. Acompañarlo es un placer.
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ARNALDO CALVEYRA
Nacido en Mansilla, Entre Ríos, en 1929, emigró a Francia en los 70, donde se radicó. Su obra comprende la poesía, la dramaturgia y la narrativa. El hombre de Luxemburgo y La cama de Aurelia son algunos de sus títulos.
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