Regreso a las aulas

Los culillitos han vuelto a clases, por lo menos en aquellas escuelas que no se están por derrumbar, y yo quiero dedicarles, con toda emoción, a los papis de los críos queridos una poesía que alguna vez se me ocurrió con respecto al regreso a las aulas

02 de Marzo de 2011 01:23

Por: Jorge Sosa

    Los culillitos han vuelto a clases, por lo menos en aquellas escuelas que no se están por derrumbar, y yo quiero dedicarles, con toda emoción, a los papis de los críos queridos una poesía que alguna vez se me ocurrió con respecto al regreso a las aulas. La he publicado otras veces, pero la gente vuelve a pedírmela. Es una poesía muy emotiva que tiene que ver con este instante tan especial en la vida de nuestros querubines. Aquí está, preparen los pañuelos.

    La madre plachó los guardapolvos/ cuidando cada pliego en esa tierna acción,/ esquivando botones con la plancha/ aplastó los ruedos temblando de emoción. El padre revisó las tres mochilas/ como si repasara un pasado amor,/ como si al revisar se revisara su tiempo de colegio/ que en el ayer se quedó. Después mamá los fue vistiendo,/ les fue poniendo el traje de aprender,/ dejándoles caricias en el cuerpo,/ cubriendo tres espigas con su sol de mujer.

    El padre ayudó con los cuadernos,/ con las lapiceras y con el libro aquel/ que con sus páginas llenas de palabras/ abrirá las puertas del señor saber./ La madre peinó las tres cabecitas,/ domó remolinos una y otra vez,/ dejando más bella la belleza pura/ de esos tres pimpollos puestos a crecer./ El padre con prisa cerró las mochilas/ y supo en silencio que un blanco papel/ iba a ser llenados por tres poemitas/ de dulces palabras rimadas en fe./ Después, con premura, subieron al auto/ y mientras viajaban rumbo a la verdad/ mamá dio consejos de cómo portarse/ de cómo portarse les habló papá:/ No jueguen de manos que es juego de brutos,/ no se me distraigan, presten atención,/ es muy feo, hijos, terminar el día/ esperando un reto en la dirección.

    Abran los ojitos, abran los oídos,/ abran a la Patria vuestro corazón/ ninguna enseñanza los halle dormidos,/ que ninguna letra falte en la oración./ Después, en la escuela, justo en la vereda,/ antes de que el timbre llamara a formar/ tres besos enormes dio papá en tres frentes,/ tres besos enormes desgranó mamá./ Y los vieron irse hacia el patio enorme/ buscando el destino allá en el confín,/ vieron alejarse a sus tres cachorros/ entre un cielo blanco de sol por venir./ Los vieron marcharse y papá y mamá/ se abrazaron mucho, se los vio sonreír/ y gritar gozozos: "¡Cuatro horas menos/ que no están en casa! ¡Por fin, por fin, por fin, por fin!". 

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