Hombres de palabra

La palabra no sólo sirvió durante muchos siglos para la comunicación del ser humano, como instrumento de la historia, como materia prima de la literatura, también sirvió para dar testimonio de una buena conducta

08 de Marzo de 2011 08:12

Por: Jorge Sosa

    La palabra no sólo sirvió durante muchos siglos para la comunicación del ser humano, como instrumento de la historia, como materia prima de la literatura, también sirvió para dar testimonio de una buena conducta. La expresión "un hombre de palabra" no se refería a aquel que se pasaba el día resolviendo crucigramas, se refería a quien cumplía con sus promesas. Hubo, inclusive, casos de políticos así, yo conocí uno una vez.

    En otros tiempos "dar la palabra", "empeñar la palabra", era dar la seguridad de que el compromiso contraído iba a ser cumplido en tiempo y en forma. No había que firmar nada ni sellar nada ni llamar a nadie para que diera fe, la fe se sostenía con la religión del honor. Quien faltaba a su palabra alcanzaba el deshonor. ¿Qué vale ahora la palabra? Y, no mucho, teniendo en cuenta que es frecuente que aquel que la usa borra con el codo lo que alguna vez escribió con la mano. ¿Usted le entregaría su auto usado a otra persona después de que esa persona le dijera: "Le doy mi palabra de que la semana que viene se lo pago. Lo primero es lo primero. Hagamos ahora la transferencia y la semana que viene se lo pago"? Minga.

    "¡Ah, querida!, me olvidé de decirte que la dejé a la nena salir con ese señor que vino a buscarla porque me dio su palabra de que la va a cuidar mucho, le va a dar de tomar jugo de naranja, y la va a dejar en casa a las doce entera e invicta?". ¡Ajá! ¿Usted le diría a un empresario: "Aquí tiene nuestro Banco, adminístrelo a gusto, que yo sé que usted lo va a hacer muy bien y nunca va a dejar que se caiga, porque usted es un hombre de palabra"? Ni por pu (se me cayó media palabra, esperá que la alzo: ta).

    En esta época, los únicos que empeñan las palabras son los que ya no tienen muebles para empeñar. Qué lástima que la confianza se haya vuelto tan desconfiada. ¿Por qué uno siempre estafa a las personas que creen en uno? Bueno, porque a las que desconfían es muy difícil estafarlas. Hay una amiga que cura de palabra, para curarte el empacho te aplasta la panza con un diccionario. En definitiva, las palabras que ahora sirven son las que le dan contenido a una carta documento. Al final, después de años de meditación, ahora tengo la absoluta seguridad de que ya puedo dudar de todo. En otros tiempos era muy mal mirado aquel que faltaba a su palabra, en cambio, ahora el faltar a la palabra es algo tan común que a nadie le llama la atención. 

Archivos complementarios

Comentar noticia

IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.