EL CABALLO DORADO

La alquimia en las tradiciones familiares

La novela de José Ignacio Díaz Puerta recorre varias épocas llenas de profecías, misterios y esoterismo

16 de Marzo de 2011 02:17

Por: FEDERICO LEMOS federico.lemos@elsoldiario.com.ar

    El caballo dorado (editorial Dunken), de José Ignacio Díaz Puerta, busca, a través de diferentes períodos históricos, intercalando el esoterismo, como aspecto clave, transformar el metal en oro, es decir, la alquimia. El caballo dorado atrapa al lector, en primer lugar, desde el espionaje clásico de la bipolaridad de la Guerra Fría entre estadounidenses y rusos en pleno siglo XXI, a poco tiempo del derrumbe de las Torres Gemelas, cuando juegan un papel importante las multinacionales y la información como mercancía en el capitalismo moderno.

    Pero, sin dudas, esta información también tiene otro valor, el de la tradición familiar que esconde un secreto protegido por un guardián. Todo se dirige hacia un mismo castillo que esconde misterios y supersticiones. El relato es el complemento de una narración anterior del mismo autor, Castillo del alquimista, ya que aparecen algunos personajes en esta historia que ya han sido nombrados con anterioridad. El libro se divide en cuatro partes en las que se separan las historias temporales, como en el siglo XXI, pasando después por la época del esplendor de los sitios recónditos que albergan a los practicantes de esta ciencia a finales del siglo XV y principios del siglo XVI.

    Finalmente, durante el XVII, en dos etapas, con la decadencia y el abandono del castillo con una escena bélica de por medio. Pero nunca deja de tener un hilo conductor: la alquimia practicada secretamente en el seno de una milenaria familia. A su vez, entre los personajes se destaca Erasmus, un profético artista que muere aturdido por su propia locura y que tuvo la oportunidad de compartir sus obras y ser halagado por Leonardo Da Vinci.

EL AUTOR. José Ignacio Díaz Puerta nació en 1959 en Málaga, España, llegó a Argentina antes de cumplir tres años y se quedó definitivamente en el país. De profesión veterinario, es dibujante y pintor autodidacta desde temprana edad. Otros de sus libros son Castillo del alquimista, El tobiano e Hijo de Pakal. 

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