Transparente
Gracias por la vida, muchacha transparente, por haber permitido que este planeta niño, se pintara de azul y se abrazara al verde. Uno dice Dios, el sol, que tantas veces fue Dios. Uno dice la naturaleza abarcando en el nombre a todo lo viviente y lo muriente, pero uno debería decir agua si se tratara del inicio, si se tratara de comprender cómo fue que la vida se subió hasta nosotros o bajó hasta nosotros.
Por: JORGE SOSA
Gracias por la vida, muchacha transparente, por haber permitido que este planeta niño, se pintara de azul y se abrazara al verde. Uno dice Dios, el sol, que tantas veces fue Dios. Uno dice la naturaleza abarcando en el nombre a todo lo viviente y lo muriente, pero uno debería decir agua si se tratara del inicio, si se tratara de comprender cómo fue que la vida se subió hasta nosotros o bajó hasta nosotros.
Nada sin vos, nada posible, nada lograble, nada futuro, nada destino, nada. Sin vos, el horizonte no es línea, es un punto final. Y a pesar de todo lo que nos diste, de tus besos simientes, de sus manos semillas, en estos momentos te estamos castigando por portación de vida. Te castigan las grandes industrias para las que el mañana es menos importante que el negocio, te castigan los barcos que defecan aceite y devoran ballenas, te castigan las islas que chupan el petróleo y se les escapa el petróleo por sus babas, te castigan las cloacas de las ciudades grises arquitectamente construidas para no ser feliz.
Te castigan los señores de las minas voraces, te clavan su cianuro en el nombre del oro, te hacen tatuajes de plutonio los maquilladores de la muerte. Agua, Madre mía, Agua de los mansos arroyos de la pampa, abrevaderos de pájaros y de distancia. Agua de los ríos viriles de la Mesopotamia donde cobran sus bagres los bagres de la orilla. Agua de las cascadas al viento, melenas de los saltos.
Agua de los lagos, miradores del universo. Agua de los esteros donde acecha el reptil con su hambre de fauces y donde los flamencos se ponen a desafiar a los atardeceres. Agua de las vertientes, allá arriba de arriba, donde las vegas miran su futuro de viña. Agua de los glaciares previsores que piensan que tal vez allá adelante también exista la sed. Agua de los mares que se pusieron un día a fabricar la primera célula, la primera esperanza.
Agua de los polos que se van achicando mordidos de modernismos y de avaricia. Agua de todos los días, de mi humilde canilla y aún de aquellos que ni canillas tienen. Agua de todos, que por suerte o por Dios, nadie puede nombrarse el inventor del agua. Agua de los desiertos que ruegan a las nubes, que no los deje vivir con tanta muerte encima. Agua de mi cansancio. Agua de mi alegría.
Amante a la que entrego mi cuerpo desnudo. Lluvia que reivindica la hazaña de los árboles. Agua de las acequias de esta ciudad tan mía. Voy a cumplir con mi parte, voy a poner mi grano en tu arena de playa. Voy a defenderte de mí y de nosotros, porque amo a mis hijos, porque vivo en lo verde, porque escribo poesías. Voy a darte mi vida, si es necesario, agua, para que en tu cuerpo salvemos a la vida.
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