HUMOR

Sillón

Prócer quiere decir: alto, elevado, majestuoso. Un prócer es una persona importante, noble y de elevada posición social. Cuando decimos prócer, estamos refiriéndonos a alguien que le hizo bien al país, alguien que le puso todas las ganas –y a veces todos los bienes– y sacrificio.

30 de Marzo de 2011 00:33

Por: JORGE SOSA

    Prócer quiere decir: alto, elevado, majestuoso. Un prócer es una persona importante, noble y de elevada posición social. Cuando decimos prócer, estamos refiriéndonos a alguien que le hizo bien al país, alguien que le puso todas las ganas –y a veces todos los bienes– y sacrificio. Habría que revisar el concepto de prócer, porque hay muchas calles procerizadas, con nombre de gente que me parece que nos hizo más daño que otra cosa. Tendríamos que revisar los conceptos. Aquí en Mendoza tendríamos que hacerlo.

    Hay muebles históricos en nuestro país. No sé dónde está la mesa donde se firmó el Acta de la Independencia de Tucumán, por ejemplo, o los pupitres donde Rosario Vera Peñaloza sentó a sus primeras alumnas. Pero podemos rescatar el sillón de los últimos días de Sarmiento. La cama donde Urquiza fabricó una ponchada de hijos. La mesa donde escribía Alfonsina Storni. De todos ellos, el más notorio fue el sillón de Rivadavia, que es considerado un prócer y todavía yo no me explico por qué.

    Debe ser porque fue el primer presidente y no por los méritos de su gobierno, ya que el gobierno de Rivadavia dejó mucho que desear, mucho que pedir y, fundamentalmente, mucho que cobrar. Pero, bueno, se hizo famoso. Es como un símbolo del gobierno. Quienes se sientan ahí son los que por algún motivo han escalado hasta la cima del poder en nuestro país.

    Y yo creo que el sillón debe ser, principalmente, resistente, no sólo porque al pasar el tiempo se ha mantenido en pie sosteniendo el potaje de los ilustres que lo usaron, sino porque se ha tenido que aguantar cada poto, que ni te cuento. No quiero hablar de los gobiernos de facto porque, para mí, ninguno de sus presidentes fue presidente. Pero vamos, veamos para el lado de la democracia.

    El sillón de Rivadavia tuvo que sostener la anatomía de Irigoyen, de Perón, de Alvear, de Illia, de Perón otra vez, de Alfonsín, de Menem, de De la Rúa, de Duhalde, por pocos días el de Rodríguez Saá –sobre el cual no quiero extenderme– y el de Néstor. ¿Cómo se sentiría el sillón si pudiera expresar sus sentimientos?, o mejor ¿qué diría si pudiese hablar? Las cosas que habrá escuchado desde su sitial de sostenedor.

    Sólo dos veces fue usado por las mujeres, una por María Estela Martínez de Perón, que era riojana. ¡Cuánto le debemos a los riojanos lo que han hecho por nuestro país! Y ahora, las asentaderas de Cristina Elizabeth con toda su vestimenta de ocasión. Hay cosas resistentes en nuestro país, por ejemplo, la paciencia del pueblo, pero me parece que mucho más resistente es el sillón de Rivadavia. 

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