No es lo mismo

Habían visto películas de guerra, era lo más cerca de la guerra que habían estado; pero una cosa es estar sentado en una butaca, comiendo praliné mientras se combate en la pantalla, una cosa es el frío filmado y otra muy distinta es sentirlo en la piel, en las piernas, en las manos, en el sexo y hasta en las lágrimas, metiéndose adentro de uno hasta inmovilizarlo, hasta impedir cualquier movimiento

06 de Abril de 2011 01:48

Por: Jorge Sosa

    Habían visto películas de guerra, era lo más cerca de la guerra que habían estado; pero una cosa es estar sentado en una butaca, comiendo praliné mientras se combate en la pantalla, una cosa es el frío filmado y otra muy distinta es sentirlo en la piel, en las piernas, en las manos, en el sexo y hasta en las lágrimas, metiéndose adentro de uno hasta inmovilizarlo, hasta impedir cualquier movimiento.

    Una cosa es el ruido de cañones amortiguados por los filtros sonoros de las salas de grabaciones y otra es estar al lado de un M777 que te revienta los tímpanos con cada descarga, que conmueve el aire que no encuentra calma ni aún a minutos del disparo. Una cosa es ver en el cine cómo rebotan las balas al lado de la trinchera y otra muy distinta, saber que las balas pegan en serio y silban sobre las cabezas y se clavan en la tierra cercana frustradas al no encontrar los cuerpos.

    Una cosa es ver cómo el enemigo avanza y es destrozado por nuestras baterías, mientras el primer actor les sale al encuentro con el torso desnudo y toda la valentía en su grito de guerra, y otra muy distinta, ver a los gurkas que se acercan y meten miedo, porque su objetivo somos nosotros, los pobres pibes muertos de hambre y frío antes de morir por esa muerte que buscan los gurkas.

    Una cosa es la sangre preparada con Ketchup y remolacha y otra cosa es verla manar del costado de un compañero; una cosa es la herida superficial que el actor de reparto aguanta aún con una sonrisa mientras el doc sutura los labios abiertos en la carne y otra muy distinta, sentir el dolor lacerando nuestro cuerpo y ver que las tripas se asoman y tratar de meterlas con un manotón desesperado y saber que el doc no va a llegar nunca o, en todo caso, va a llegar cuando ya no lo necesitemos.

    Una cosa es desembarcar victorioso, desfilando ante esos pobres kelpers que antes nos ignoraban y que ahora han comenzado a odiarnos y otra muy distinta, subir a los barcos del enemigo, desarmado, con las dos manos en la cabeza y recibiendo órdenes que no entendemos pero que, seguramente, se mofan de nosotros. Una cosa es la Patria proclamada en el patio de una escuela, con Bandera e Himno, y los pibes con los guardapolvos, cantando la Marcha de las Malvinas y otra cosa es estar en Malvinas y que la patria huela a miedo y a angustia, y la muerte huela a argentinos, y que la Bandera flamee con un viento hostil que no es ninguno de nuestros vientos.

    Una cosa es, mi hermano, recordar un 2 de Abril a los héroes y mártires de Malvinas con ofrendas florales y políticos serios con una solemnidad de panteón y otra cosa muy distinta es haber estado allí y habernos quedado allí para siempre, porque la vida comenzó a ser otra, porque jamás nos iremos de las estepas húmedas, del otoño enemigo, de los rostros que no sonrieron más. Me recibí de muerte en las islas, muerto del todo o muerto en parte, pero muerto al fin. Nadie sale ileso de una guerra ni siquiera la paz. Yo era como vos, tenía 18 años, pero de golpe fui un veterano de guerra. Yo era como vos, pibe. Cómo me hubiese gustado seguir siendo nada más que un pibe. Alta en el cielo, un águila guerrera... 

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