JUICIO DE SAN RAFAEL

El director del Schestakow pidió un careo y aportó nuevos datos

Armando Dauverné afirmó que un imputado lo golpeó en varias ocasiones y aseguró saber dónde estarían los expedientes policiales y los documentos de los desaparecidos.

21 de Julio de 2010 23:53

<strong>OTRA VEZ</strong>. Los jueces planean un nuevo reconocimiento para la semana que viene. Ampliar foto

OTRA VEZ. Los jueces planean un nuevo reconocimiento para la semana que viene.

Por: DANIEL CALIVARES daniel.calivares@elsoldiario.com.ar

La décima jornada del primer juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia tuvo como principal protagonista al director del Hospital Teodoro Schestakow de San Rafael, Armando Dauverné. Si bien no estaba citado en un principio, su testimonió brindó nuevos datos a la causa y derivó en un futuro reconocimiento y en un careo con otro testigo.

EN LO PROFUNDO. La novedad agarró a todos los asistentes de la sala por sorpresa. Armando Dauverné, delante de los jueces Roberto Burad, Roberto Naciff y Héctor Córtes, señaló que, por comentarios, sabía que en una casa de la calle Comandante Salas de San Rafael, donde funcionó el D2 del Sur provincial, habrían arrojado en un pozo los expedientes policiales de la dictadura y los documentos de los desaparecidos, para después sepultarlos bajo una capa de cemento.

La noticia derivó en que el Tribunal Oral Federal 2 (TOF2) ordenara un inspección ocular para la semana que viene.

Esta no será la única salida de la sala que tendrán los jueces, ya que Dauverné explicó que su padre también fue detenido por militares y policías y que, mientras estuvo encerrado, fue torturado por uno de los imputados, Juan Labarta, por lo que el tribunal, atendiendo a la edad del padre de Dauverné, se trasladará a su casa a escuchar su testimonio.

DE ARRESTOS Y PERSECUCIONES. Durante el testimonio, Dauverné, que era militante justicialista, explicó que una noche se dirigió a la vivienda de sus padres y, una vez allí, recordó que estos irían al cine, pero vio alrededor del lugar un importante operativo policial y militar, donde se encontraban los imputados Aníbal Guevara y José Mussere. Incluía hasta soldados en las acequias apuntando con sus armas a la casa del padre, por lo que decidió bajarse.

Al hacerles saber que era hijo de los dueños de la propiedad, inmediatamente lo golpearon y lo hicieron ingresar mientras esperaban la llegada de sus padres. Luego de revolver toda la morada, encontraron una foto de la hermana de Dauverné junto con unos abogados, entre ellos, una mujer llamada Susana Sanz de Llorente, por la cual se mostraron muy interesados.

Al llegar los padres, los militares golpearon al hombre y a la mujer la dejaron bajo arresto domiciliario. Poco tiempo después, las fuerzas de seguridad volverían a ir contra su familia, ya que se llevarían detenida a su hermana embarazada, a su cuñado y al hijo de estos.

Mientras su familia permaneció en una celda, Dauverné explicó que varias veces fue convocado por el mayor Luis Suárez a la Municipalidad, con el fin de ver a la hermana detenida, pero cada vez que fue salió presentando lesiones. Asimismo, explicó que su casa fue allanada al menos cinco veces y narró que, en una oportunidad, le avisaron que a su cuñado lo iban a liberar una noche desde una bodega ubicada sobre calle Castelli de San Rafael.

Como existía el rumor de que las personas que eran liberadas de allí luego eran “chupadas”, aprovechando la oscuridad del lugar, lo fue a buscar y se lo encontró justo cuando este firmaba su acta.

Junto a él había un hombre llamado (Roberto) Flores, que se negaba a salir de la bodega por temor a desaparecer, así que, una vez que se pusieron los tres de acuerdo, corrieron hacia el auto de Dauverné y salieron rápidamente, perseguidos por dos patrullas policiales, que lograron perder en el camino.

Posteriormente, Flores se tiró del auto en el barrio Constitución y, según le comentó, pasó allí toda esa noche.

Dauverné también comentó que Labarta, el mismo que torturó a su padre, también amenazó a su madre hace algunos meses, diciéndole que tuviera cuidado con lo que dijera, porque ellos (los militares) podían volver en cualquier momento.

Por último, el director del hospital pidió un careo con Carlos Loyola, que le fue concedido por el tribunal. El martes, Loyola aseguró no haber hablado nunca de una yesera donde se habrían arrojado cuerpos. Sin embargo, según Dauverné, se lo mencionó en cuatro oportunidades.

En segundo término, declaró un ex policía, Orlado Gutiérrez, que dijo no poder aportar nada, y Aldo Bernales, un jubilado bancario, quien estuvo detenido y que aseguró que a él se lo torturó psicológicamente.

El tribunal dictó medidas tras la inspección

Tras la inspección ocular realizada el martes en la zona de El Usillal, fuera del centro de San Rafael, el Tribunal Oral Federal 2 dio a conocer una serie de medidas a tomar. Por un lado, se tomó la decisión de darles participación al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y a un grupo de geólogos especiales, con el fin de que ejecuten estudios que determinen si ha existido removimiento de tierra en los últimos 34 años. Esta medida se tomó luego de que uno de los testigos, Daniel Lozano, afirmara que, cuando fue conscripto, se lo hizo manejar en dos oportunidades una camioneta hasta esa zona y, allí, un grupo de militares descargó unas bolsas, y que antes de alejarse con ellas, durante hora y media, le pidieron que mantuviera la radio encendida y las luces apagadas. Además, sobre la base del testimonio de un puestero del mismo lugar respecto de la presencia de un militar de apellido Atencio, el Tribunal pidió al Regimiento 11 de Infantería que señalasen si entre 1975 y 1978 hubo alguien con ese apellido que se haya desempeñado en la zona. Por último, también se solicitaron los planes catastrales del lugar. El debate continuará el lunes con el testimonio del padre de Armando Dauverné y con una inspección al D2 de San Rafael, donde podrían haber elementos de desaparecidos enterrados.

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